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Cómo una cervecería terminó en conflicto con Yoko Ono por su cerveza “John Lemon”

La historia es completamente ridícula. Con el reparto una brasserie bretona, una cerveza con limón, los Beatles y Yoko Ono, la viuda de John Lennon. Sólo eso. Para entenderlo todo, dirígete a Bannalec, en el sur de Finisterre. Es en esta localidad situada cerca de Quimperlé donde Aurélien Picard instaló en 2017 su cervecería en una antigua imprenta. Cada año, de sus cubas salen alrededor de 50.000 litros de bebida lupulada con una docena de cervezas diferentes.

Y tantos nombres locos como Yvette Ornière, “la pelirroja que mancha”, Mireille Mafieux, “la morena de contrabando”, o Jean Gol Potier, “la rubia perfumada”. » “Queríamos dar nombres que fueran un poco divertidos para hacer reír”, subraya el cervecero bretón. Hace cinco años salió al mercado otra cerveza con sabor a limón y jengibre. Su nombre: “John Lemon”, un guiño lúdico al líder de los Beatles. Hasta ahora, nada demasiado brillante.

Una misteriosa carta desde Holanda

Sólo que a principios de marzo de este año, Aurélien Picard recibió en su buzón de correo una misteriosa carta escrita en inglés desde los Países Bajos. “Al principio no le presté mucha atención hasta que también recibí un correo electrónico y una llamada de estas mismas personas”, recuerda el cervecero, que al principio pensó que se trataba de “publicidad o una estafa”. » Se trataba en realidad de un aviso formal firmado por los abogados de Yoko Ono, la viuda de John Lennon, en el que le pedían que dejara de vender inmediatamente sus cervezas “John Lemon”. »

Al acceder a Internet, Aurélien Picard se da cuenta de que no se trata de una falsificación y de que los abogados del artista japonés ya atacaron una marca de limonada polaca que llevaba el mismo nombre en 2017. “Descubrí que se había registrado la marca John Lennon, pero también John Lemon, para proteger su imagen y evitar un uso indebido de su nombre”, afirma el empresario.

“Esta historia nos da un bonito truco publicitario”

Arriesgándose a una multa de 1.500 euros por día si no dejaba de comercializar sus cervezas, Aurélien Picard no quiso tentar al diablo y cumplió con las exigencias de los abogados de Yoko Ono. “Me dieron hasta el 1 de julio para vender todas las cervezas que me quedaban”, afirma el cervecero, a quien aún le quedan 4.000 botellas. “Pero creo que no tendré demasiados problemas para venderlos”, desliza. Al final, esta historia nos ofrece un bonito truco publicitario. »

En unas semanas, la cerveza con aroma a limón y jengibre podría renacer con otro nombre: “Yellow Lemon”. » “Pero todavía voy a comprobar que funciona”, sonríe el cervecero.

Juan Pablo Broin

Es editor jefe con formación académica en periodismo, cursada en una universidad de Buenos Aires, Argentina. Su enfoque combina rigor informativo y criterio editorial, con especial atención a la verificación de fuentes y la claridad en la narrativa.

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