Escudo, himno, legión… El gravísimo delirio de Jonas Lauwiner, el autoproclamado “rey de Suiza”

Suiza tendría un rey, sin corona oficial, pero con hectáreas de tierra muy reales. Desde hace varios años, Jonas Lauwiner, un bernés de 30 años, intriga tanto como preocupa. Aprovechando un punto ciego del Código Civil, el joven se apropió de un feudo de más de 140 terrenos y más de 80 caminos privados, repartidos en nueve cantones, el equivalente a más de 100.000 m2. Suficiente para llamar la atención de las autoridades suizas. El cantón del Jura está considerando endurecer su legislación para contrarrestar sus ambiciones territoriales, según revela un artículo publicado el 20 de abril de 2026 en el sitio web de RTS.
La expansión territorial de este hombre, que nada predestinaba a proclamarse rey, se basa en una metodología muy precisa. Según el Código Civil, determinadas parcelas se consideran “sin dueño”, es decir, abandonadas, sin herederos o no reclamadas. El Código Civil habla de “abandono” cuando una persona renuncia a sus derechos de propiedad. Luego, cualquier persona que haga una declaración oficial de apropiación puede adquirir legalmente un terreno por una contraprestación económica de 200 a 300 francos suizos. Es este defecto el que Jonas Lauwiner explota metódicamente.
Un planteamiento que él mismo califica de “campaña” y pretende ser perfectamente legal. En una entrevista concedida al sitio de información Blick, afirma que “no acepta nada de nadie”, simplemente registrando sus solicitudes en el registro de la propiedad. Detrás de esta estrategia territorial se esconde un personaje cuanto menos atípico y un poco provocativo. Jonas Lauwiner no sólo acumuló tierras, sino que construyó todo un universo alrededor de su “imperio”.
Un “reino” muy serio… o casi
Según informa Le Soir, que lo conoció hace un año, el suizo creó su escudo, su himno e incluso una moneda con su imagen. También afirma tener un “ejército” simbólico y un arsenal modesto, que se parece más a una colección personal. En 2019, llevó la puesta en escena hasta el punto de organizar una ceremonia de coronación en una iglesia de Berna, con uniforme, sable y puesta en escena real, recuerda el diario belga.
Contrariamente a la imagen de un excéntrico aislado, Jonas Lauwiner lleva una vida profesional clásica. Especialista en TI industrial, trabaja en la industria farmacéutica. Dice que mantiene su trabajo por elección propia, no por necesidad. Su carrera también está marcada por aprendizajes técnicos, estudios de administración e incluso una licencia de piloto. También completó su servicio militar y es miembro del consejo municipal de Burgdorf desde 2025. En su sitio web personal, insiste en que su “realeza” es sobre todo simbólica y compatible con la democracia suiza, que dice respetar profundamente.
El rey no vive en un castillo.
Desde hace más de un año vive en una antigua fábrica en ruinas que rehabilitó para hacerla habitable. Hasta hace un año no ganaba nada con su tierra. Simplemente acumuló terrenos y caminos casi sin pagar nada, y casi nunca los revendió. Según el periódico Le Soir, en algún momento planea construir apartamentos en su antigua fábrica y ganar dinero con sus carreteras, con obligaciones de mantenimiento y derechos de paso.
Si bien la historia puede hacerte sonreír, las autoridades se la toman muy en serio. El cantón del Jura, en particular, desea anticiparse a cualquier intento de apropiación de su territorio. Aunque sólo quedan unos pocos terrenos sin propietario, unos pocos miles de metros cuadrados en total, ya se han inscrito en el Registro de la Propiedad dos solicitudes de información, sin respuesta. Según la RTS, el gobierno del Jura prevé modificar la ley para dar prioridad a los municipios en la asignación de estos terrenos, como ya existe en los cantones de Vaud o Valais.
“Todo ciudadano suizo puede ser rey”
Jonas Lauwiner niega cualquier ambición política. Afirma pagar sus impuestos y respetar las leyes. Para él, su título de “rey” es más una filosofía personal: “Muchos malinterpretan su papel y piensan que su monarquía se opone a la democracia. Sin embargo, es todo lo contrario: su monarquía simboliza que cada ciudadano suizo puede ser rey o reina. Porque el verdadero poder pertenece al pueblo; es él quien decide el futuro de nuestro país”, explica finalmente en su sitio web.

