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¿Dónde estamos en Francia con la “castración química” o tratamiento inhibidor de la libido?

Es un tema que vuelve como una serpiente marina en las noticias: la “castración química”, preferiblemente llamada “tratamiento inhibidor de la libido”, para los perpetradores de violencia sexual. El miércoles, el presidente de los republicanos y ex ministro del Interior, Bruno Retailleau, propuso hacer esta medida “obligatoria” para determinados delincuentes sexuales tras el asesinato de Lyhanna, de 11 años. El principal sospechoso, Jérôme Barella, había sido objeto de varias denuncias o denuncias, en particular por violación de una menor.

Este tratamiento actúa sobre el nivel de testosterona o sobre estos receptores; “En primer lugar, alivia los impulsos desviados de un delincuente sexual”, explica Florence Thibaut, profesora de psiquiatría y adicciones en el Hospital Universitario de Cochin y la Universidad de Paris-Cité. Generalmente reduce la sexualidad de manera bastante significativa, especialmente si tiene más de 50 años”. El especialista habla de “tratamientos antiandrógenos”, refutando el término castración química “totalmente inadecuada”. Pero ¿dónde estamos en este tema en Francia?

Consentimiento del paciente

La “castración química” ya se ofrece a los autores de violaciones y agresiones sexuales en el marco de un seguimiento sociojudicial, una suspensión de la libertad condicional o la libertad condicional, según el artículo 706-47-1 del Código de Procedimiento Penal. Estos tratamientos antiandrógenos no son una medida legal sino tratamientos médicos. En consecuencia, no pueden ser ordenados por los tribunales para una persona condenada, sino únicamente ofrecidos por su médico tratante, como parte de una orden de tratamiento.

El paciente debe dar su consentimiento. “Sin embargo, si se niega a seguir este tratamiento, corre el riesgo de recibir sanciones penales”, especifica el sitio del Servicio Público. Pueden llegar hasta siete años por un delito grave y tres años por un delito menor. El tratamiento inhibidor de la libido no es definitivo: los efectos cesan al final del tratamiento cuando cesa el orden de tratamiento. Pero el delincuente sexual puede decidir procesarlo.

10 a 15% en Francia

Florence Thibaut, también presidenta de la comisión de salud mental de las mujeres de la Asociación Mundial de Psiquiatría, estima que entre el 10 y el 15% de los delincuentes sexuales reciben tratamiento antiandrógeno en Francia, frente al 20% en Alemania y Canadá.

Pionera en este campo, ofrece estos tratamientos desde principios de los años 1990 a pacientes, hayan sido condenados o no. “Al mismo tiempo, hacemos psicoterapia, a ser posible con una orientación cognitivo-conductual, donde intentamos trabajar qué podemos hacer para evitar el performance cuando tenemos fantasías de pedofilia, exhibición o violación”, subraya.

Sin compromiso

La eficacia del “tratamiento inhibidor de la libido” no es segura. “Es una de las herramientas que utilizan los médicos, pero que no es ni la panacea ni la solución mágica”, recuerda Walter Albardier, psiquiatra y director del Centro de recursos para los agresores de violencia sexual (CRIAVS) Isla de Francia, en France Info, señalando en particular los importantes efectos secundarios. Y agregó: “La gran mayoría de los actos delictivos infantiles tienen poco que ver con la cuestión de la sexualidad sino con la de la violencia y la destructividad”.

Sin embargo, los médicos coinciden en una cosa: hacer obligatorio el tratamiento inhibidor de la libido no es eficaz. “Ya por razones éticas: me parece difícil explicar a la gente que les vamos a quitar las hormonas sin que estén de acuerdo”, afirma Florence Thibaut. Además, no todos los delincuentes sexuales son objetivos adecuados para estos tratamientos. “El indicio es cuando existe un riesgo importante de violencia sexual, es decir un reincidente con pederastia exclusiva o un reincidente que es un sádico sexual”, explica el profesional.

“El tratamiento complementa la psicoterapia. Si se impone y la persona no quiere ser tratada, no aportará nada ni jugará al margen”, añade Guillaume Callery, psiquiatra del Servicio Médico-Psicológico Regional (SMPR) de Caen, entrevistado por Oeste de Francia.

Juan Pablo Broin

Es editor jefe con formación académica en periodismo, cursada en una universidad de Buenos Aires, Argentina. Su enfoque combina rigor informativo y criterio editorial, con especial atención a la verificación de fuentes y la claridad en la narrativa.

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