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Con la eliminación de México, ¿las madres de los desaparecidos volverán a caer en el olvido?

De nuestro corresponsal especial en México,

Las últimas notas de Cielito Lindo, el himno mexicano, resonaron por última vez el domingo por la noche en el Estadio Azteca, antes de que el equipo fuera eliminado del Mundial, derrotado por Inglaterra ante 87.000 aficionados decepcionados. Para millones de mexicanos, el Mundial habrá sido un magnífico interludio, pero para otras, sin embargo, las que llamamos “madres buscadoras”, la gran fiesta nunca ha comenzado realmente.

Mientras el país contenía la respiración ante las hazañas del Tri, ellos recorrieron plazas, campos y calles con una única obsesión: encontrar a un hijo, una hija, un hermano o una hermana desaparecidos. Si el Mundial les ofreció una buena caja de resonancia, sólo pudieron constatar que el fútbol, ​​a pesar de todo, seguía prevaleciendo.

La lucha de una vida en medio de la indiferencia general

Desde hace años, recorren los campos, buscan en terrenos baldíos, pegan carteles en las paredes de las ciudades y recorren incansablemente las oficinas de la administración con la esperanza de encontrar un rastro de sus seres queridos desaparecidos, evaporados en la gran lavadora del narcotráfico. En un país donde los cárteles gobiernan parcialmente la ley, se estima que 135.000 personas fueron borradas de los radares de la noche a la mañana. Algunas víctimas son secuestradas en la calle, otras caen en la trampa de ofertas de trabajo falsas publicadas en las redes sociales, antes de ser privadas de libertad y desaparecer del radar.

Cuando los conocimos, unas horas antes de México-Chequia, a mediados de junio, habían quedado en encontrarse al pie del Monumento a la Revolución en el corazón de la Ciudad de México. A unos cientos de metros de distancia, los partidarios convergieron en el centro de la ciudad, vestidos de verde, blanco y rojo, sin darse cuenta de su sentada. Ese día, sólo unas treinta personas como máximo vinieron a escuchar a estas madres enojadas, furiosas por haber sido abandonadas por el Estado. Cada una sostiene en sus manos el retrato de una persona desaparecida.

Este es el caso de Nancy Mendoza, la organizadora del evento, cuyo hermano salió a celebrar un cumpleaños una tarde de agosto de 2024 en la región de Iztapalapa y que nunca volvió a dar señales de vida. “Las actividades de investigación son muy limitadas, para ser amable. Las autoridades prefieren ocuparse del Mundial en lugar de encontrar a nuestros seres queridos desaparecidos”, respira.

Maricella Agirre busca activamente a su hija desaparecida en agosto de 2023.– Aymeric LE GALL

A unos metros de ella, con una camiseta que lleva estampado el rostro de su hija Marlenne, Maricella Aguirre tiene la voz temblorosa. “Nos llaman locos, rebeldes. La gente ya me ha dicho que mi hija había desaparecido porque la había criado mal… Hoy ya no vivo, sobrevivo. Cuando escuchamos eso, nos sentimos olvidados, violados, maltratados. »

Directora del Centro Prodh, una de las principales ONG del país que apoya a familiares de desaparecidos, María Luisa critica la inacción del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum. “A diferencia de otros países, el Estado prácticamente no proporciona asistencia jurídica. Realizamos un trabajo que debería ser responsabilidad de las instituciones públicas, se queja. Debido a su incapacidad, negligencia o, a veces, corrupción, este trabajo simplemente no se realiza. »

Un país donde la amenaza es múltiple

Si bien las desapariciones siempre están vinculadas a los cárteles, no siempre son necesariamente llevadas a cabo directamente por ellos. En un país donde la frontera es porosa entre las autoridades públicas, las fuerzas del orden y los narcotraficantes, los secuestros también pueden ser obra de quienes se supone deben proteger a la población. “No hay una frontera clara entre el Estado y el crimen organizado. Hay muchos casos en los que las fuerzas de seguridad detienen a personas para entregarlas a grupos criminales”, asegura María Luisa.

“Tenemos que tener cuidado con todos en este país, no sólo con los cárteles. Incluso con los vecinos, los amigos y, a veces, con la propia familia”, añade Maricella. En cuanto al gobierno, no quiere saber más del tema. “Nuestro presidente dice que no está pasando nada. Esto es una mentira vil. Dicen que encontraron personas pero se niegan a mostrarnos las pruebas. »

Ocultar a estas personas desaparecidas que no podemos ver

Pero el Estado no sólo ignora el problema de las desapariciones, sino que también ha hecho todo lo posible para ocultar el problema bajo la alfombra durante la Copa del Mundo. Hasta el punto que, desde el inicio de la competencia, ha sido un triste juego del gato y el ratón que se desarrolla todos los días en las calles de México. Cuando las “madres” pegan en las paredes los retratos de sus seres queridos, los agentes municipales vuelven por detrás para arrancarlos o taparlos.

La Ciudad de México se llena de los rostros de los desaparecidos, hasta que equipos del Ayuntamiento los sacan.– Aymeric LE GALL

Fernanda, de 25 años, estudiante de matemáticas de la Universidad de México, participa activamente en la lucha aunque no ha perdido a nadie de su lado. Ya sea deambulando por el campo, pala y pico en mano –“ya he encontrado huesos”– o con cubos de cola y su gran pincel. “Pasamos horas colocando estos carteles y a veces duran menos de un día. Es molesto porque no es sólo una cuestión de memoria, estos carteles también permiten a aquellos que han visto una cara avisar a las autoridades. »

“La lógica es siempre la misma: si no se ve el problema, entonces no existe. Las familias lo resumen con una fórmula terrible: el Estado quiere hacer desaparecer a los desaparecidos”, continúa María Luisa. Para combatir esto, las “madres buscadoras” hacen todo lo posible para hacer el mayor ruido posible. Nancy Mendoza incluso escribió una canción con la melodía de Cielito Lindo. “Estuve en el estadio contra Corea y cuando vi la emoción que trajo este himno me dije que era la mejor sintonía para compartir lo que sentimos. No estamos en contra del Mundial. Sólo queremos que la gente nos escuche y nos ayude”.

“Celito Lindo” revisitado para no olvidar a los desaparecidos

Después de cantar este himno revisitado bajo la mirada distraída de algunos seguidores, las ocho mujeres toman el megáfono para enumerar los nombres de sus seres queridos desaparecidos. “No son sólo números. Son vidas, historias, esperanzas de verlos volver a casa algún día. También es una forma de decirles que no los hemos olvidado”, proclaman por el megáfono.

Nancy Mendoza utiliza el megáfono para denunciar la inacción del gobierno en el tema de las desapariciones.– Aymeric LE GALL

Terminan esta reunión formando un círculo, tomándose del brazo y llorando juntos. Es fuerte y conmovedor al mismo tiempo, cuando pensamos que unas horas antes, en el palacio presidencial, tan cerca como a vista de pájaro, Claudia Scheinbaum recibió con fanfarria y toda sonrisas al pato más famoso de este Mundial para celebrar en el escenario con el animal. “Es patético, es patético”, dice Maricella, haciendo un gesto de disgusto.

Ahora que terminó el Mundial de este lado de la frontera con México, ¿la presidenta finalmente se decidirá a escuchar a quienes lloran y piden ayuda todos los días en sus ventanas? Lo cierto es que las “madres busacadoras” han visto otras, y que no piensan darle al gobierno el más mínimo respiro. “No entregaremos las armas”, advierten al unísono, antes de dejar a los mexicanos con su única preocupación del momento: el fútbol, ​​con o sin su equipo cerca.

Juan Pablo Broin

Es editor jefe con formación académica en periodismo, cursada en una universidad de Buenos Aires, Argentina. Su enfoque combina rigor informativo y criterio editorial, con especial atención a la verificación de fuentes y la claridad en la narrativa.

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