Hacer el amor tres veces por semana, ¿mito o receta para una pareja feliz?

Haz el amor tres veces por semana. Sobre el papel, la promesa parece simple: la frecuencia sexual regular sería el secreto de una pareja feliz. De hecho, esta idea parece sobre todo un mandato desconectado en gran medida de la realidad. Esto es precisamente lo que destaca en su investigación la periodista especializada en intimidad Pauline Verduzier Tres tardes a la semana.
Al abordar esta norma persistente, cuestiona nuestra relación con la sexualidad y la presión que resulta de ella. “La sexualidad se ha convertido en una especie de barómetro de la realización conyugal, porque antes la pareja estaba enmarcada por otras instituciones como el matrimonio, los hijos, el acceso a la propiedad”, subraya el autor.
“Oye, ha pasado mucho tiempo”.
En muchas parejas, la cuestión de la frecuencia sexual sigue siendo un tabú pero las expectativas están muy presentes. Sin formularse explícitamente, la idea de que “hay que” hacer el amor con regularidad está arraigada en la mente de las personas. Resultado: algunos socios se esfuerzan, otros se sienten culpables. Y muchos acaban preguntándose si son “normales”.
Según la autora Pauline Verduzier, hacer el amor tres veces por semana aumenta la carga mental de la pareja.– StockSnap / Pixabay
Pauline Verduzier destaca un “calendario mental” del deseo – ese momento en el que nos decimos “Oye, ha pasado mucho tiempo” – que aumenta la carga mental de la pareja y, a fortiori, de la vida cotidiana. Una responsabilidad a menudo asumida por las mujeres y que la socióloga Cécile Thomé describe como “trabajo entre bastidores”.
Sobre todo porque la sexualidad no es el único indicador de una pareja realizada. Gestos de ternura, momentos de complicidad o comunicación sincera son todas formas de nutrir el vínculo, sin que impliquen necesariamente relaciones sexuales. “Cada uno tiene su definición de intimidad: puede que no sea sexual, puede que sea sensual, puede que no sea genital”, insiste el autor.
Salir del “buen número”
En las parejas heterosexuales se siguen imponiendo ciertas expectativas sin llegar a formularse realmente: amarse, vivir juntos, mantener una vida sexual plena… todo de forma fluida y sin fisuras. En realidad, estos equilibrios son a menudo más frágiles, más fluidos y, sobre todo, menos lineales de lo que imaginamos. “En muchas parejas heterosexuales, dejamos que las cosas queden en silencio, las frustraciones, los resentimientos, por temor a que esto debilite a la pareja. Precisamente por eso es importante ir más allá de esta norma de lo implícito y volver a poner la sexualidad en el centro de la palabra”, insiste Pauline Verduzier.
En su ensayo, la periodista insiste en que no existe una frecuencia ideal que se adapte a todos. Algunas parejas mantienen relaciones sexuales con regularidad, otras más espaciadas sin que esto ponga en duda su equilibrio. Para Pauline Verduzier, lo esencial está en otra parte: en la capacidad de escucharse, de ajustar las propias expectativas, de hablar abiertamente en el seno de la pareja. “Cuando estamos constantemente enredados en los pensamientos de los demás, hasta el punto de no escucharnos a nosotros mismos ni preguntarnos qué debemos hacer, terminamos por no saber lo que realmente queremos”, cree. En última instancia, la verdadera pregunta no es tanto la frecuencia sino si hay algo para todos.



