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Expertos europeos advierten de “riesgos crecientes” y recomiendan “restricción”

Se trataba de un informe científico muy esperado sobre los contaminantes eternos (PFAS), estas sustancias químicas utilizadas por sus propiedades antiadherentes, impermeabilizantes o resistentes al calor y omnipresentes en los productos cotidianos.

El jueves, expertos europeos pidieron una “amplia restricción” por parte de la Unión Europea, salvo “excepciones específicas”, de los PFAS, señalando los riesgos crecientes para la población de estas sustancias, que tardan mucho en descomponerse, de ahí sus apodos de “contaminantes eternos”. Para la Comisión Europea, que quisiera prohibirlos en productos de consumo cotidiano, como la ropa o las cajas de pizza, con excepciones para sectores estratégicos, este es un primer paso.

“Dañino”

Bruselas necesita primero dos dictámenes de la Agencia Europea de Sustancias Químicas (ECHA), el informe científico hecho público este jueves y un estudio de impacto socioeconómico de las medidas anti-PFAS previsto para finales de año.

Por tanto, en el primer dictamen, los expertos concluyen que las PFAS son “nocivas” y presentan “riesgos crecientes” para la población y el medio ambiente. Estas sustancias “persisten durante mucho tiempo en el medio ambiente, viajan largas distancias y contaminan las aguas subterráneas y el suelo, mientras que algunas causan graves problemas de salud, como cáncer y trastornos reproductivos”, subraya la agencia con sede en Helsinki.

Para “controlar estos riesgos” son necesarias nuevas medidas regulatorias a nivel de la Unión Europea, insiste. Los expertos abogan por una “restricción amplia” de las PFAS, con “exenciones específicas” cuando no haya otra alternativa.

línea de cresta

¿Pero hasta dónde debería llegar la prohibición? Este es el punto central del enfrentamiento entre fabricantes y organizaciones medioambientales. Incluso dentro de la Agencia Europea de Productos Químicos, hay dos lados de la historia. Para los expertos científicos, una prohibición total de las PFAS sería la forma más eficaz de minimizar su impacto, mientras que las exenciones conducirán a “emisiones adicionales” y “riesgos incontrolados”.

Pero a falta de alternativas a los contaminantes eternos en una serie de ámbitos, una prohibición general “probablemente no sería proporcionada”, califican sus colegas encargados de analizar el impacto socioeconómico de las medidas contra los contaminantes eternos.

En este sentido, los científicos recomiendan minimizar los riesgos mediante un etiquetado claro de las PFAS en los productos que se benefician de exenciones y planes de gestión específicos para cada sitio industrial.

Regulación sectorial

A la espera de la futura ley, la Unión Europea ya ha actuado contra determinadas PFAS a nivel sectorial. En el agua potable, una directiva impone desde enero un umbral máximo de 0,1 microgramos por litro para la concentración añadida de 20 PFAS (incluidos PFOA, PFOS, PFHxS) considerados “preocupantes para el agua destinada al consumo humano”.

Los eurodiputados también legislaron sobre los envases de alimentos con concentraciones máximas de PFAS a partir de agosto, o sobre los juguetes, en los que los contaminantes eternos y los disruptores endocrinos estarán prohibidos de aquí a 2030.

Francia, por su parte, ha tomado la delantera en determinados productos cotidianos. Desde el 1 de enero, una ley prohíbe el uso de determinados PFAS en ropa, calzado, cosméticos y ceras para esquí, con algunas excepciones.

“Discusiones difíciles”

En Bruselas, las organizaciones ecologistas critican a la Unión Europea por haber tardado en legislar, bajo la presión de los lobbys industriales. La comisaria europea Jessika Roswall reconoció “discusiones difíciles” para productos que no están destinados directamente a los consumidores. El jueves acogió con satisfacción la primera opinión de los expertos europeos. “Apoyamos la transición para alejarnos de los contaminantes perennes. Como siempre, cualquier nueva regulación debe diseñarse teniendo en cuenta la simplicidad y brindar seguridad, claridad y previsibilidad tanto para los consumidores como para las empresas”.

Según un informe publicado a finales de enero, las PFAS costarán muy caras a Europa, de 330 mil millones a 1,7 billones de euros de aquí a 2050, dependiendo de la magnitud de las medidas que se adopten para limpiar el suelo y el agua y del coste de preservar la salud de los europeos.

Juan Pablo Broin

Es editor jefe con formación académica en periodismo, cursada en una universidad de Buenos Aires, Argentina. Su enfoque combina rigor informativo y criterio editorial, con especial atención a la verificación de fuentes y la claridad en la narrativa.

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