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Explotar las emisiones de metano, un gas nocivo de efecto invernadero, ¿una solución a la crisis energética?

Se mantienen en “niveles muy altos”, pero podrían permitir una salida a la crisis. En su informe anual “Global METANO Tracker”, la Agencia Internacional de Energía (AIE) advirtió sobre emisiones aún demasiado elevadas de metano, uno de los gases de efecto invernadero responsables del cambio climático. Pero al mismo tiempo planteó la idea de que la recuperación de sus emisiones podría proporcionar enormes cantidades de gas a unos mercados presionados desde la guerra en Oriente Medio.

La agencia explica en particular que la recuperación de este gas desperdiciado permitiría reforzar la seguridad energética, proporcionando a los mercados 200 mil millones de m3 de gas al año. Y aunque puede llevar tiempo, la AIE ha estimado que se podrían liberar rápidamente 15 mil millones de metros cúbicos.

Una cantidad importante, los 200 mil millones de m3, que representan el doble de los flujos anuales que pasan por el estratégico Estrecho de Ormuz, bloqueado desde el inicio de la guerra.

Importantes beneficios climáticos a “corto plazo”

Con un poder de calentamiento mucho mayor que el del CO2, el metano es responsable de alrededor del 30% del aumento de la temperatura global. Pero al tener una vida más corta, su reducción ofrece “importantes beneficios climáticos a corto plazo”, recordó la agencia de energía, durante una reunión internacional en París, en el marco de la presidencia francesa del G7.

En la industria del petróleo y del gas, el metano se escapa a través de fugas en válvulas, gasoductos, durante operaciones de desgasificación directa al aire o mediante una quema ineficiente (combustión incompleta del gas) en las instalaciones. Pero soluciones ya probadas, como detectar y reparar fugas o detener la quema, evitarían el 30% de las emisiones de las actividades de combustibles fósiles “a costo cero”, y el gas capturado puede revenderse.

124 millones de toneladas de emisiones a la atmósfera

Inodoro e invisible, el metano es el principal componente del gas natural que se escapa, sobre todo, de gasoductos, vacas y vertederos. Cada año se liberan alrededor de 580 millones de toneladas de emisiones en todo el mundo, el 60% de las cuales son atribuibles a la actividad humana, encabezada por la agricultura, seguida de la energía.

Y a pesar del compromiso firmado por alrededor de un centenar de países en 2021, incluidos los de la Unión Europea y Estados Unidos, para reducir el metano, 2025 no es una excepción. El año pasado, la producción récord de combustibles fósiles (petróleo, carbón, gas) fue responsable del 35% de las emisiones de metano causadas por el hombre. Un total estimado en 124 millones de toneladas, subrayó la AIE.

China, el país más emisor, por delante de Estados Unidos

Mientras tanto, la AIE recuerda que la mayoría del centenar de países firmantes del compromiso del Compromiso global de metano todavía no han tomado medidas concretas. Alrededor del 70% de las emisiones de metano del sector fósil provienen de los diez países con mayores emisiones, con China a la cabeza, seguida de Estados Unidos y Rusia. Y las políticas actuales solo reducirían las emisiones de petróleo y gas en un 20% para 2030. Muy por debajo del objetivo para toda la economía de -30% en comparación con 2020.

La agencia subraya que, no obstante, se han producido avances y acoge con satisfacción la mejora continua de la vigilancia por satélite, que permite identificar con mayor precisión los episodios de “superemisiones” e introducir medidas correctoras. Recuerda que la intensidad media mundial de las emisiones de la producción de petróleo y gas (cuánto metano se libera en comparación con la cantidad de energía producida) ha disminuido alrededor de un 10% desde 2019, compensando el aumento de la producción.

Juan Pablo Broin

Es editor jefe con formación académica en periodismo, cursada en una universidad de Buenos Aires, Argentina. Su enfoque combina rigor informativo y criterio editorial, con especial atención a la verificación de fuentes y la claridad en la narrativa.

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