Clase C es la que más emprende en el país, según estudio

Casi la mitad de los empresarios o dueños de negocios en Brasil pertenecen a la clase C, llamada clase media. Así lo señala un estudio elaborado por el Instituto Locomotiva, en colaboración con el Servicio Brasileño de Apoyo a las Micro y Pequeñas Empresas (Sebrae).
Según el estudio, El emprendimiento, antes visto como una fuente alternativa de ingresos momentáneos o de emergencia, “se ha consolidado como una aspiración laboral, basada en el deseo de ascenso social y, al mismo tiempo, en la pérdida de la condición de trabajo bajo el régimen CLT”.
La flexibilidad, la autonomía y la expectativa de mayores ingresos han sido los principales factores para elegir la actividad. Para aquellos interesados, abrir su propio negocio puede ofrecer mejores condiciones de vida y evitar largas jornadas de trabajo, desplazamientos agotadores y, en ocasiones, entornos laborales tóxicos o abusivos.
“El sueño de tener su propio negocio motiva a millones de hombres y mujeres que luchan para mantenerse a sí mismos y a sus familias. No sólo eso, sino que generan empleo e ingresos y crean inclusión social, movilizando a comunidades enteras en todo el país”, afirmó Décio Lima, presidente del Sebrae, en un comunicado.
Lima destaca que el crecimiento del sector depende de “la promoción y el entorno legal necesario para incrementar la productividad y competitividad de estas empresas con políticas públicas que garanticen el acceso al crédito, la innovación y la capacitación”.
Al analizar los datos, el economista e investigador Euzébio de Sousa, de la Fundación Facultad de Sociología y Política de São Paulo (FESPSP), reforzó que el emprendimiento es fundamental para el desarrollo del país y defendió la calificación empresarial.
“No toda apertura de un CNPJ, ni todo trabajo por cuenta propia, ni toda prestación de servicios pueden ser automáticamente tomados como expresión de iniciativa empresarial. Es necesario distinguir el espíritu empresarial en sí, asociado a la innovación y a la ampliación de la capacidad productiva, de las formas de trabajo subordinado disfrazadas de autonomía, a menudo organizadas mediante la pejotización, y también de las meras actividades de subsistencia que suelen llamarse espíritu empresarial por necesidad”, dijo .
Emprender por necesidad, destacó Sousa, suele ocurrir cuando una persona abre un negocio porque no ha encontrado una opción satisfactoria en el mercado laboral, “una situación común en contextos de desempleo, alta informalidad, bajos salarios, trabajo precario y falta de protección social”.
En su opinión, el emprendimiento “no puede ser el resultado de la pobreza o de la ausencia de alternativas”.
“Cuando esto ocurre, no nos encontramos ante un emprendimiento innovador capaz de promover el desarrollo, sino ante estrategias defensivas de supervivencia en un contexto de fuerte precariedad social y laboral”, explicó.
