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¿Patrick Bruel verá cancelados masivamente sus conciertos y espectáculos? Spoiler: No…

Tres investigaciones en curso, en Francia y Bélgica. Hechos que abarcan entre 1997 y 2015. Una veintena de mujeres que acusan a Patrick Bruel de violencia machista y sexual. Varias denuncias, algunas potencialmente prescritas, otras aún bajo investigación. Y, sin embargo, su carrera no parece estar decayendo. En Salon-de-Provence, en el castillo de l’Empéri, la cantante todavía tiene cita este verano. En París, el artista actúa actualmente en el Théâtre Édouard VII, en la obra “Segunda parte” de Samuel Benchetrit. En otros lugares tampoco se ha anunciado ninguna desprogramación importante, mientras que los colectivos feministas piden cancelaciones.

Esta secuencia no es anecdótica. Dice algo más amplio: sobre el funcionamiento de la industria de la música (y del entretenimiento), pero también sobre sus límites. Porque lejos de provocar una exclusión inmediata, las acusaciones parecen formar parte de un mecanismo ahora bien identificado: revelación, debate, movilización de colectivos… luego mantenimiento. Entonces, ¿se puede desprogramar a Patrick Bruel?

Una fiesta, un castillo… y alguien acusado de violencia sexual

Desde hace varias semanas, el colectivo Salon Féministe intenta obtener la cancelación de la visita de Patrick Bruel al castillo de l’Empéri. Los pasos se multiplican, sin respuesta: “Comenzamos localmente a desafiar al alcalde Nicolas Isnard, intentamos desafiar al propio festival, a los organizadores”, explican Julia y Marie, miembros del colectivo. Pero a pesar de estos intentos, nada cambia.

Contactado por 20 minutoslos equipos del alcalde de Salon-de-Provence, Nicolas Isnard, explican que la ciudad está vinculada contractualmente al productor del festival. Por tanto, “no tiene margen de maniobra y no puede denunciar el contrato que la vincula con el productor”. Contactado, Daniel Devoux, director de la productora V&D que organiza el evento, no deja lugar a ambigüedades: “Hoy en día, nuestra posición es que existe presunción de inocencia. Hasta la fecha, no tenemos ninguna información oficial que indique que Patrick Bruel pueda ser desprogramado. El concierto se desarrolla al 100%”, explica antes de añadir: “Lo que no significa que no podamos escuchar lo que se dice”.

La ausencia de una condena jurídica es el argumento que se esgrime cuando hablamos de cuestionar la programación. “Un juez, si es necesario, juzgará”, insiste. Benjamine Weill, filósofa y autora de “¿Quién se beneficia de lo sucio?”, ante la presunción de inocencia y la espera de una sentencia, explica que “si esperamos a que se haga justicia, esperaremos mucho tiempo”.

Pero más allá de este argumento, vuelve insistentemente otro elemento, el de la experiencia personal con el artista. “He presentado a Patrick Bruel varias veces y nunca he tenido ningún problema, es todo lo contrario, es un artista cortés con los equipos”, afirma, reivindicando una posición “fáctica”. Para Jean-Michel Aubry Journé, cofundador de #MusicTooFrance y embajador de #Metoomedia, estas respuestas revelan un punto ciego: “Estos hechos son extremadamente minimizados por aquellos que no quieren ver que se trata de delitos, o incluso crímenes, y que pueden representar algo muy grave para las personas que probablemente se pondrán en contacto con él. »

Sin medidas de precaución

Frente a esta postura, el colectivo Salón Féministe se opone a otra lectura, que traslada la cuestión del ámbito judicial al de la responsabilidad. “Cancelar la gira de Patrick Bruel no equivale a juzgarlo y respeta plenamente la presunción de inocencia”, explican Julia y Evelyne, ambas integrantes. “Por otro lado, esta decisión puede verse como una medida cautelar destinada a proteger a posibles víctimas”. Cuando el productor espera una decisión judicial, propone actuar en sentido previo. “Queda una duda: podría representar un riesgo, especialmente para las mujeres en el ámbito profesional”, afirman, recordando que los conciertos implican la presencia de numerosos equipos.

Más allá de la cuestión del riesgo, se plantea también la de la señal enviada: “Esta situación plantea la cuestión del apoyo brindado a las 19 mujeres que hablaron, cuyos testimonios no pueden ignorarse sin suscitar un sentimiento de abandono”. Para el colectivo, mantener la programación equivale a invisibilizar estas historias o relegarlas a una importancia secundaria frente a imperativos organizativos y económicos.

Un sistema que absorbe en lugar de excluir

Para Jean-Michel Aubry Journé, la mecánica está bien establecida. “Inmediatamente pasaremos al lado del derecho penal y diremos: se presume inocente”, explica. Una forma de devolver la decisión a la justicia y, por tanto, suspender toda acción. Sin embargo, en los casos de violencia sexual, los procedimientos son largos y, en ocasiones, limitados por el plazo de prescripción. Como resultado, nada se mueve. “Mire, incluso alguien como Slimane, que fue condenado por acoso sexual, todavía da conciertos. Puede que no haya tenido una promoción en los medios, pero tiene seguidores. El lugar no canceló. La orquesta está feliz de tocar con él”, explica. Para Benjamine Weill, este bloqueo es estructural: “La industria, por definición, no se preocupa en absoluto por la seguridad de las personas. Lo que quiere es obtener beneficios”, analiza. “Estos son productos que generan demasiado dinero”. Desprogramar a un artista no es sólo una elección moral, sino que implica romper contratos y asumir un riesgo económico.

“La violencia machista y sexual sigue siendo uno de los únicos delitos para los que reivindicamos la presunción de inocencia. Creo que si se acusara a Patrick Bruel de haber provocado un accidente de tráfico mortal, ni siquiera se plantearía la cuestión de mantener su concierto”, concluye Jean-Michel Aubry Journé.

Juan Pablo Broin

Es editor jefe con formación académica en periodismo, cursada en una universidad de Buenos Aires, Argentina. Su enfoque combina rigor informativo y criterio editorial, con especial atención a la verificación de fuentes y la claridad en la narrativa.

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