Estrés, culpa, duelo… El conflicto pone a prueba la salud mental de los ucranianos

Este es uno de los lados menos visibles de la guerra. Sin embargo, causa el mismo daño. El estrés, la tristeza e incluso la incertidumbre permanente pesan mucho sobre la salud mental de los habitantes de un país en abierto conflicto. En Ucrania, la demanda de apoyo mental supera con creces los medios establecidos, a pesar de la existencia de estructuras estatales y humanitarias sobre el terreno. Según una evaluación de la OMS de 2024, “el 68% de los ucranianos informan de un deterioro de su salud en comparación con el período anterior a la guerra”.
La salud mental está a la cabeza de los problemas encontrados con el 46% de la población afectada. “Casi todo el mundo en Ucrania conoce a alguien que se ha ido, a alguien que vive en el frente o a alguien que actualmente está en el ejército, por lo que hay mucho estrés o preocupación por sus seres queridos”, explica Victoria Pérez, una ecuatoriana de 28 años que trabaja para Handicap International (HI) en Ucrania desde hace tres años.
Estrés permanente
También hay ataques de pánico relacionados con bombardeos y ataques, ya sea con drones o cohetes. Un mal que no perdona a ninguna región ucraniana. Lógicamente, “a medida que te acercas a la primera línea, el estrés aumenta”, añade Victoria Pérez. Los combates también perturban la vida cotidiana, empezando por los servicios sociales y de salud. Así, “para las personas mayores o con discapacidad, que tienen necesidades constantes, esto puede resultar tremendamente estresante”, explica Victoria Pérez.
El contexto de guerra genera ansiedades inusuales para todos. La falta de perspectivas de futuro y un sector laboral muy precario se suman a las dificultades financieras. “Si tienes pocos ingresos, no tienes acceso a la asistencia sanitaria y no tienes medios para pagar el transporte, la situación se vuelve realmente difícil”, añade el voluntario internacional de Handicap.
Cortes de energía y alertas aéreas
Diariamente, entre cortes de electricidad, especialmente en invierno, y alertas aéreas, “es difícil para cualquiera que se enfrente a la violencia relacionada con el conflicto, ya sea directa o indirectamente, intentar llevar una vida que parezca normal”, añade Jeremy Fusco, responsable de implementar atención de salud mental relacionada con el trauma de guerra para Médicos Sin Fronteras (MSF) en Ucrania.
El miedo a ser desplazados se suma a la lista de preocupaciones de las poblaciones que viven cerca de la línea del frente. Una situación “que puede ser muy desestabilizadora, porque luego nos alejamos de nuestra comunidad, perdemos nuestra vivienda, perdemos nuestro trabajo, perdemos nuestra red de apoyo”, advierte Victoria Pérez.
Un dolor a veces culpable
Muchos ucranianos lloran a sus seres queridos perdidos en bombardeos o combates. Otros lamentan la partida de sus amigos, de sus familiares, que huyeron de la región o del país, o incluso “de su hogar, de la pérdida de su comunidad, de su antigua vida, de los planes que tal vez habían hecho para el futuro”, enumera Victoria Pérez. “Algunas personas viven en condiciones comparables a las de un internado, en alojamientos temporales cuya duración se prolonga indefinidamente, mientras que otras han tenido que reorganizar su existencia”, añade Jeremy Fusco.
Ya no tener control sobre la vida cotidiana, trastornada por la violencia de un conflicto, conduce a un verdadero “duelo”, insiste Victoria Pérez. La incertidumbre y la pérdida de esperanza son sentimientos que surgen con frecuencia entre las personas entrevistadas por los voluntarios de Handicap International. Y ésta es una de las ambiciones de esta ONG: trabajar en la normalización de estos sentimientos.
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Los voluntarios observan una cierta culpa entre los ucranianos, que sienten dolor sin necesariamente haber perdido a una persona y no consideran legítima su tristeza. “Sin embargo, es normal y aceptable sentir dolor por tu comunidad, tu hogar o tu vida anterior”, dice. Al compararse con la situación de su vecino, muchos también se dicen “no estoy tan mal” y no tendrán el reflejo de pedir apoyo. Sin embargo, estas personas lo necesitan.
Por el contrario, también es normal vivir días felices de vez en cuando a pesar del contexto. Sin embargo, este sentimiento también está sujeto a cierta culpa por lo que Victoria Pérez intenta convencerlos: “No tienes por qué sentirte culpable por no estar triste todo el tiempo”, al contrario “si mañana tienes un buen día y te diviertes, que bien”. Entre el estigma y el sentimiento de no legitimidad, “muchas personas no buscan apoyo psicológico”, lamenta Victoria Pérez. Con el riesgo de arrastrar este trauma a lo largo de varias generaciones.

