Durigan se hace cargo de Fazenda bajo presión fiscal y hereda desafíos de Haddad

A quince días de asumir el cargo, el nuevo ministro de Finanzas, Darío Durigan, tomó al frente del equipo económico en medio de un escenario de fuerte presión sobre las cuentas públicas.
Según expertos entrevistados por se hace cargo del área económica, combinando desafíos fiscales estructurales heredados de la administración de Fernando Haddad con demandas de emergencia propias de un año electoral.
En sus primeros días al frente, Durigan anunció un bloqueo de R$ 1,6 mil millones en el Presupuesto 2026, monto considerado modesto por los analistas dada la necesidad de cumplir con el marco fiscal.
El bloqueo fue necesario para acomodar el aumento de los gastos obligatorios dentro del límite del crecimiento del gasto real, fijado en hasta un 2,5% por encima de la inflación. Oficialmente, el equipo económico proyecta un superávit primario de apenas 3,5 mil millones de reales. Sin embargo, al incluir órdenes judiciales y gastos fuera del marco fiscal, el propio gobierno prevé un déficit primario de R$ 59,8 mil millones.
Presión de gasto
Al mismo tiempo que anunciaba el bloque de gasto, El ministro articula medidas de impacto inmediato, como la creación de una subvención al diésel importado y un paquete aún en desarrollo para reducir los impagos familiares.
Entre las primeras iniciativas, Durigan confirmó la emisión de una medida provisional que prevé un subsidio de R$ 1,20 por litro de diésel importado, con un costo estimado de R$ 3 mil millones, repartidos entre la Unión y los estados.
Inicialmente prevista para la semana pasada, la medida provisional (MP) de subsidio al diésel sale esta semana porque el ministro estaba esperando el regreso del presidente Luiz Inácio Lula da Silva de sus recientes viajes a Brasil. El gobierno busca frenar el aumento de los precios de los combustibles en medio del aumento de los precios internacionales del petróleo.
Por defecto
El nuevo ministro también está trabajando en la formulación de políticas para combatir el aumento de la morosidad, que ya afecta a más del 27% de los ingresos mensuales de las familias brasileñas, según datos recientes del Banco Central.
En teoría, el paquete no generará costos para las cuentas públicas si solo involucra medidas de renegociación crediticia, pero podría generar gastos si el gobierno decide aumentar los subsidios crediticios.
Tarifa de blusa
Otra medida que podría presionar el gasto público sería una posible reducción, durante la campaña electoral, del impuesto a las blusas, como se conoció la tasa del 20% para las compras en el exterior de hasta 50 dólares.
El año pasado, el gobierno recaudó 5.000 millones de reales del impuesto, ayudando a cumplir el objetivo fiscal, sin tener en cuenta las órdenes judiciales.
Impuesto sobre la renta
Al mismo tiempo, el nuevo Ministro de Finanzas propuso cambios estructurales, como la automatización de la declaración del Impuesto sobre la Renta, en un intento de simplificar el sistema tributario.
Esta medida, sin embargo, no reduce los ingresos del gobierno, porque sólo implica reducir la burocracia y mejorar la declaración actual del Impuesto sobre la Renta.
Desafíos de credibilidad
Los desafíos que enfrenta Durigan reflejan, en gran medida, limitaciones ya observadas en la administración anterior. Para la doctora en Economía Virene Matesco, profesora de la Fundação Getulio Vargas (FGV), el principal problema es la dificultad que tiene el gobierno para cumplir sus propias metas fiscales.
“El actual gobierno es incapaz de cumplir con las metas que se fijó en el marco”, afirmó, al analizar el desempeño reciente de las cuentas públicas.
Según Matesco, la fragilidad del marco fiscal y el crecimiento de la deuda pública, que saltó al 78,7% del PIB, comprometen la confianza en la política económica y limitan la capacidad de acción del ministro.
También señala que el avance del gasto obligatorio y la rigidez presupuestaria reducen el espacio para la inversión, creando un escenario de bajo crecimiento. “Hay una crisis de credibilidad fiscal”, advirtió, destacando que el país enfrenta un desequilibrio entre los gastos por intereses y las inversiones públicas.
Bajo crecimiento
El economista André Nassif, profesor de la Universidad Federal Fluminense (UFF), evalúa que parte de las dificultades actuales surgen de objetivos fiscales demasiado ambiciosos definidos al inicio de la administración Haddad.
Originalmente, el gobierno había fijado un objetivo de déficit cero en 2024 y un superávit primario del 0,5% del Producto Interno Bruto (PIB) en 2025 y del 1% del PIB en 2026, también con un margen de tolerancia de 0,25 puntos porcentuales. El resultado primario representa el déficit o superávit de las cuentas públicas sin intereses de la deuda pública.
En el LDO de 2025, el gobierno amplió el objetivo de déficit cero hasta 2025 y redujo el objetivo de superávit para 2026 al 0,25% del PIB. En su momento, el cambio de objetivos generó malestar en el mercado financiero.
“El mercado entendería que el gobierno se fijara el objetivo de un pequeño déficit en 2025, llevando el resultado primario a cero en 2026. Lo importante es que había un compromiso de reducir el déficit”, afirmó.
Poca inversión
Para Nassif, el ajuste fiscal acabó limitando las inversiones públicas, que se mantienen en un nivel bajo, en torno al 2,3% del Producto Interior Bruto (PIB), insuficiente para sostener un crecimiento económico más robusto.
También destaca que el país sigue estancado en un ciclo de crecimiento irregular. “El país no está generando crecimiento económico. Seguimosparar y seguir‘”, dijo.
Según el profesor, con medidas de emergencia ya en marcha y un margen fiscal estrecho, el principal desafío del nuevo ministro será reconstruir la credibilidad de las cuentas públicas sin comprometer el crecimiento económico. La ecuación permanece abierta desde la administración anterior.

