“Una cosa de noche”… ¿El “proto”, cada vez más consumido entre los adolescentes, ha sustituido al petardo?

“Proto”, “gas de la risa” o simplemente “globo”… ¿Se ha convertido el óxido nitroso, cuya inhalación con fines recreativos está cada vez más extendida, en la nueva droga de moda? Y esto, especialmente entre los adolescentes. Alrededor del 5,5% de los alumnos de 3º de primaria (el 7,3% de los niños y el 3,7% de las niñas) afirman haber inhalado ya este gas, según el último gran estudio sobre el tema, que data de 2021, del Observatorio de las Drogas y las Tendencias adictivas (OFDT).
Si a la misma edad el doble de estudiantes universitarios ha experimentado con cannabis (9,1%), esta droga ha registrado un descenso espectacular en los últimos quince años: en 2010, casi una cuarta parte de los estudiantes universitarios ya habían fumado cannabis. ¿El “proto” ha dejado obsoleto el petardo entre los más jóvenes, a pesar de los graves riesgos vinculados a su consumo: trastornos neurológicos, quemaduras, problemas cardíacos e incluso asfixia?
“El efecto desaparece tal como sucedió”
Ethan*, 17 años, admite haberlo tomado ya “varias veces”, siempre por la noche con amigos. “Tienes una sensación de ralentización, puedes sufrir distorsiones en la visión y soltar una gran carcajada. Luego el efecto se disipa como antes. Al cabo de un minuto, todo vuelve a la normalidad”, describe este joven trabajador de Marsella. En su opinión, los efectos son similares a los de los porros “pero más intensos y más cortos”. Señala, sin embargo, que el “proto” puede dar dolor de cabeza
Para Yanis*, estudiante de secundaria de Marsella, el óxido nitroso y el cannabis “son a menudo complementarios”. Dice que no es un consumidor – como la mayoría de los adolescentes que hemos conocido – pero asegura que “los globos son más bien una cosa de noche”, mientras que ve sobre todo “porros durante el día, en la calle o en los cafés, más raramente en los alrededores del instituto”.
Aumento de envases y bajada de precios
“Nunca he visto a una persona en el bar tomando una copa tranquilamente, pero casi siempre veo y huelo los porros”, resume Léo, un anciano fiestero de casi 40 años. Lo explica primero desde un punto de vista práctico. “Un porro cabe en el bolsillo. No me imagino con una bombona de dos kilos en el bolso…” Si el uso recreativo del prototipo se ha generalizado, no es nada nuevo. Léo inhaló sus primeros globos cuando era adolescente. “Lo que ha cambiado es el volumen de los cilindros. Cuando yo era joven, era un formato de cartucho de nata montada. Costaba unas diez bolas para diez globos, y necesitaba un sifón. Hoy, por veinte euros, compras lo suficiente para hacer casi un centenar de globos. »
Un tisis masiva en el que Yann* y Brice* vieron hundirse a uno de sus amigos: “Se juntó con una chica que hacía globos y empezó a hacerlos con ella. Casi dejó de dormir. Intentamos decirle que no era el camino correcto e incluso nos alejó de él, es muy destructivo”, lamentan estos dos veinteañeros que ya lo han probado, sin aguantar. “En Marsella tenemos lo que llamamos “noches de ciudad”. Coges un coche y conduces por los bellos lugares de la ciudad escuchando música, fumando, bebiendo o pateando pelotas”.
Como “viejo consumidor”, Léo mira con preocupación el consumo de los más jóvenes. Sobre todo cuando ve a “niños conduciendo coches con una pelota en la mano”. El consumo de prototipos se asocia cada vez más a páginas de “noticias”, sobre todo de accidentes de tráfico dramáticos.


