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“Es vengativo”… ¿Puede ser François Hollande el “bromista” oculto de la izquierda?

Al final de las elecciones legislativas previstas para el verano de 2024, el regreso de François Hollande despertó una especie de curiosidad en la Asamblea Nacional. Sus colegas prefirieron entonces sonreír ante las ambiciones presidenciales que ya se atribuían al ex jefe de Estado. “¿Por qué volver? Nunca se rindió…”, se ríe un electo socialista. Casi dos años después, la hipótesis de Hollande es mucho más que una “pequeña broma”.

Una vez más figura política favorita de los franceses en el barómetro Ifop*, el ex Presidente de la República reunió a sus seguidores para un cóctel en el Senado el miércoles por la tarde. Una forma de alimentar el culebrón de una nueva candidatura presidencial.

Un agujero de ratón

El miércoles por la tarde, François Hollande presentó ante sus seguidores su análisis de la escena política y del contexto internacional. “Este nuevo mundo exige una nueva izquierda. No podemos reproducir lo que hicimos antes”, declaró, recordando a quien quisiera escucharlo que “conoce” bien “la función” del Presidente de la República. “Puedo ser útil pero no puedo ser un candidato testimonial”, insistió. “Quiere volver, se ve volviendo, es vengativo. Encontrará una pirueta para cabrear a Glucksmann y a Faure”, bromea un exsocialista que le conoce desde hace mucho tiempo.

Mientras que el Partido Socialista ha decidido organizar unas primarias cerradas en octubre, el representante electo de Corrèze ha sugerido que no serán así. Pero tiene previsto estar presente en el inicio del curso escolar, con un libro para el mes de septiembre y un extenso recorrido en el campo y en los medios. Y qué lástima si contamina la campaña interna de su partido. “Será, en todas las subprefecturas de Francia, lo que adora. Se está preparando, pero sólo irá a las elecciones presidenciales si los planetas se alinean perfectamente”, confiesa uno de sus amigos.

“Glucksmann lo solucionará enseguida”

A pesar de su creciente popularidad, el desafío es realmente difícil de afrontar. Sus predecesores Nicolas Sarkozy y Valéry Giscard d’Estaing nunca lograron reconquistar el Elíseo tras una derrota. Nunca ha perdido, pero el impopular Jefe de Estado ni siquiera pudo presentarse a la sucesión en 2017. Y en términos de intención de voto, François Hollande sigue hoy por debajo del 10%, sin haber logrado superar nunca la puntuación de Raphaël Glucksmann.

Lo cierto es que el socialista sigue siendo una bestia política que podría frustrar las esperanzas del líder de la Place Publique. “Es un Hollande fuerte, soy de los que dicen que no hay que subestimarlo”, indica un electo cercano al eurodiputado. Una observación compartida desde la derecha, donde reconocemos el talento del expresidente en la campaña. “Veo a los electores de izquierda arremolinándose en torno al tipo que no puede ganar, pero que es el menos malo. Glucksmann, lo solucionará enseguida”, se burla Julien Aubert, uno de los vicepresidentes de Les Républicains.

“Una estrategia arriesgada”

François Hollande prefiere, por tanto, posponer las cosas hasta principios del próximo año, confiando en un fracaso de la candidatura de Raphaël Glucksmann, que está lejos de haber disipado las dudas sobre su capacidad para liderar la batalla presidencial. “Ha superado la edad de intentar poner su cara en los carteles. Sólo irá a ganar y a ayudar a la izquierda a ganar. Pero esperar a que un candidato designado en las primarias fracase es una estrategia arriesgada”, advierte el diputado del PS por Val-d’Oise, Romain Eskenazi.

También tendremos que ver con Bernard Cazeneuve, que el jueves dio un paso más hacia una candidatura al Elíseo en una carta a los franceses. “El mapa de recurso no es evidente. Ya en 2022 pensaba que la caída de Anne Hidalgo en las encuestas la empujaría a retirarse, pero aguantó hasta el final”, teme uno de los partidarios del ex presidente. François Hollande sueña con ser un “bromista” de la izquierda, sin tener la certeza, sin embargo, de salir algún día de su funda.

Juan Pablo Broin

Es editor jefe con formación académica en periodismo, cursada en una universidad de Buenos Aires, Argentina. Su enfoque combina rigor informativo y criterio editorial, con especial atención a la verificación de fuentes y la claridad en la narrativa.

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