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Ante un calor extremo, ¿tendremos que trabajar pronto “a la española” en Francia?

“Francia en verano se convierte en España”. Para seguir trabajando a pesar de las olas de calor, el Ministro de Trabajo, Jean-Pierre Farandou, echa un vistazo a nuestros vecinos. En France Info, la semana pasada propuso un “viaje de estudios” a Madrid acompañado de los interlocutores sociales, para comprender “cómo se ha adaptado la sociedad española” al calor extremo. Al otro lado de los Pirineos, las empresas y administraciones pueden variar notablemente sus horarios, trabajando de 8 a 15 horas. entre junio y septiembre realizando las denominadas jornadas “intensivas” o suspendiendo el trabajo durante las horas de más calor en determinados sectores de actividad.

Desde abril, las terrazas de bares y restaurantes también permanecen cerradas ante una alerta naranja o roja de la Agencia Española de Meteorología (AEMET). Normas que no sólo se aplican al calor sino a todos los fenómenos extremos, como la fiesta climática, introducida en 2024, tras las mortales inundaciones ocurridas en Valencia. ¿Podrían estas medidas llegar al mundo laboral francés?

Un modelo limpio

En un estado acostumbrado desde hace años a las altas temperaturas, cualquier inspiración es buena, subraya Élisabeth Laville, fundadora de la empresa Utopies. “España nos muestra cómo podemos aprender a vivir con el calor y cómo podemos ir adaptando poco a poco todo el trabajo al calor con el movimiento de la actividad en el tiempo, la deslocalización pero también la automatización, que pueden ser opciones”, enumera.

Sin embargo, ningún país tiene la “solución perfecta”, recuerda, mencionando también medidas interesantes en Alemania, donde existen umbrales de temperatura en el Código del Trabajo, o incluso en Italia. “Debemos inventar nuestro propio modelo y apoyar a las empresas, en particular a las PYME, en esta adaptación”. Algunos ya han tomado medidas cambiando los horarios de trabajo o promoviendo el uso de ropa refrigerada, señala.

¿Panacea?

“Necesitamos cambiar la ley para proteger a los empleados y, por lo tanto, debemos observar lo que están haciendo los países europeos”, reconoce Denis Gravouil, responsable de cuestiones de protección social en la CGT. Mientras se pregunta: “¿Es esta la panacea? Reducir los tiempos de descanso para poder empezar y terminar antes puede ser posible en unos pocos días, pero nos enfrentamos a una ola de calor de dos semanas”, afirma. Pero la eliminación de los períodos de descanso durante un período prolongado puede ser un peligro para la salud en el trabajo”.

El representante sindical, que denuncia un operativo de comunicación, aboga por la aplicación de las obligaciones ya previstas en la ley, como la inclusión del riesgo de calor extremo en el Documento Único de Evaluación de Riesgos Profesionales (DUERP) dentro de las empresas. La CGT también pide avances urgentes en materia de ropa de trabajo e incluso tiempos de descanso, además de medidas más amplias contra el calentamiento global.

Una herramienta entre otras

“La jornada laboral escalonada forma parte de las medidas de adaptación que se pueden movilizar, pero es sólo una entre otras”, afirma Annie Jolivet, economista e investigadora del Conservatorio Nacional de Artes y Oficios (Cnam). Si la idea es que todos cambien, entonces será necesaria una adaptación masiva de toda la sociedad, a menos que abandonemos zonas de desigualdad importante, como en hospitales, residencias de ancianos, etc.”. “Es muy difícil cambiar toda la organización temporal de una sociedad”, añade, recordando que la jornada “intensiva” en España no es global sino fruto de convenios colectivos negociados por los sindicatos.

“Antes de hablar de cambiar las cosas, en particular los horarios, evalúemos el estado del estrés térmico en el lugar de trabajo y veamos cuáles son los diferentes métodos con los que podemos actuar para reducirlo. Algunas soluciones pueden ser gestionadas internamente por una empresa o una administración”, continúa el economista, que aboga por un enfoque objetivo y metódico. Aislar la fuente de calor en una fábrica, planificar la actividad según zonas de sombra para el trabajo al aire libre, reducir el gasto energético de los trabajadores reduciendo las cargas a transportar, mejorar el ambiente de trabajo con un edificio renovado… La lista de posibles correcciones es larga.

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Y la realidad ya está aquí, pues una nueva ola de calor ha comenzado a azotar al país. “Debemos integrar la cuestión de los fenómenos climáticos extremos como parámetro de la organización del trabajo”, asegura Élisabeth Laville, señalando el calor como una nueva fuente de desigualdad en el trabajo entre “cuellos secos” y “cuellos mojados”, obligados a estar expuestos. El tema de la adaptación es inevitable y realmente no hemos llegado a ese punto”.

Juan Pablo Broin

Es editor jefe con formación académica en periodismo, cursada en una universidad de Buenos Aires, Argentina. Su enfoque combina rigor informativo y criterio editorial, con especial atención a la verificación de fuentes y la claridad en la narrativa.

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