¿Qué es “Rugulopteryx okamurae”, esta alga invasora y olorosa procedente de Japón?

Habría llegado por casualidad a Marsella, unida a unas ostras japonesas introducidas en el estanque de Thau, en Occitania. Actualmente se puede encontrar en toda la costa, empezando por las calas de Marseilleveyre o Callelongue en el distrito VIII. Marrón, maloliente, el “Rugulopteryx okamurae” estropea un poco la postal.
“Normalmente, en Marseilleveyre, se instala en la playa y luego vuelve a marcharse por efecto del mar. Este año permaneció en grandes cantidades”, confiesa Guy Barotto, presidente del Comité de Interés Vecinal (CIQ) de Callelongue Marseilleveyre. Su familia es propietaria de una cabaña en Callelongue desde hace cuatro generaciones. “Se trata de un alga que se detectó por primera vez en Marsella, en 2021. Encontramos en la isla de Maïre, en mar abierto, una extensa y densa población de algas”, recuerda Sandrine Ruitton, profesora-investigadora del Instituto Mediterráneo de Oceanología (MIO).
Un clima favorable
El alga proviene de Japón, más precisamente de una zona templada del noroeste del Océano Pacífico. “Es un clima relativamente cercano al mediterráneo del Golfo de León, lo que explica su adaptación a nuestras condiciones climáticas”, especifica Sandrine Ruitton. Actualmente en “fase de expansión”, el Rugulopteryx okamurae está presente desde Marsella hasta Toulon, en la laguna del estanque de Thau pero también en Agde y en la costa rocosa de Occitania.
Su período de desarrollo se extiende desde finales del invierno hasta la primavera, antes de que el mercurio suba demasiado. Mientras tanto, las algas pardas ocupan espacio allí donde aterrizan. En las rocas ya se han observado hasta 2 o 3 kilos en la costa de Marsella. “Con cada oleaje, puede romperse y desprenderse de la roca para quedar suspendido en el agua. Una parte acabará en las playas y calas”, explica Sandrine Ruitton.
Hedor y gas
Esta acumulación crea molestias. “O hay pocas algas y se seca rápidamente, pasando desapercibida. O se arrastran en grandes cantidades y tenderán a fermentar como las algas verdes en Bretaña”, explica el profesor-investigador. Además del hedor que desprende, esta descomposición puede ser una fuente de sulfuro de hidrógeno (H2S), un gas incoloro que puede resultar tóxico si está presente en grandes cantidades.
En 2022 se instalaron sensores de aire en Callelongue, ante la preocupación de los vecinos del lugar, pero no se alcanzó ningún umbral de alerta. “Por el momento, las observaciones realizadas y las mediciones realizadas por Atmosud muestran que las concentraciones de sulfuro de hidrógeno en el medio ambiente no representan un riesgo para la salud. Si bien las molestias olfativas se pueden sentir localmente, no justifican ninguna intervención particular”, indica la ciudad de Marsella, que asegura que la situación “está sujeta a un seguimiento regular”. Cada dos semanas se realiza una actualización de la situación.
Impacto local
El mayor impacto sigue estando en los entornos marítimos locales. “En los lugares invadidos, destacamos una modificación del ecosistema y, en particular, una reducción de las algas nativas en favor de Rugulopteryx, que cubrirá completamente las rocas marinas”, explica Sandrine Ruitton. Este cambio de entorno penalizará a determinadas especies, en particular los erizos de mar, que son herbívoros pero no muy aficionados a las algas japonesas. A los pescadores profesionales también les molestan estas algas.
A la espera de que esta especie “encuentre su lugar”, la vigilancia sigue siendo esencial. “Soportamos. No podemos hacer otra cosa”, se lamenta el propietario del cobertizo. Y esto, sobre todo porque el difícil acceso a Marseilleveyre hace que la operación de limpieza sea compleja.
Sandrine Ruitton llama a la acción. “No hay que intervenir siempre”, subraya. Quitar las algas de una playa supone correr el riesgo de eliminar arena, especies vivas, etc. A veces es mejor dejar que las algas se sequen tranquilamente. » Y taparte un poco la nariz.
