¿Cuáles son las reglas para cancelar un tour?

Apelaciones a la conciencia individual de Patrick Bruel que se suceden unas a otras. Varios alcaldes, entre ellos los de París, Nantes, Marsella y Brest, han pedido a la estrella de la canción francesa que cancele sus conciertos, mientras es objeto de cuatro investigaciones por violación en Francia y de una investigación judicial en Bélgica por agresión sexual. Una petición en Change.org, lanzada por el colectivo feminista Salon hace un mes, ha recogido este viernes 38.000 firmas.
En un mensaje en Instagram, Patrick Bruel aseguró que seguirá “haciendo su trabajo”, negando las acusaciones en su contra. Su gira comenzará el 16 de junio en el Cirque d’Hiver de París y ya están previstas 47 fechas en Francia, Bélgica y Suiza. ¿Cuáles son las reglas para cancelar un tour como este?
Fuerza mayor
En Francia, la fuerza mayor es la única razón legal que libera a todas las partes de sus obligaciones sin penalización. El evento debe combinar tres criterios especificados por el artículo 1218 del Código Civil: ser “imprevisible”, “irresistible” – es decir imposible de ejecutar – y “externo”, según la firma Gout Dias Avocats Associés, citado por La revista jurídica’.
Se considera fuerza mayor: una crisis sanitaria, como por ejemplo durante el Covid en 2020, o razones de seguridad pública, conflictos frente a la sala de espectáculos, por ejemplo. Son situaciones consideradas de fuerza mayor las catástrofes naturales, atentados, huelgas generales o la hospitalización repentina del artista. A los espectadores se les reembolsa íntegramente sus entradas, el productor no tiene que pagar a los teatros y estos no tienen que compensar al productor.
Un pozo financiero en caso de litigio
Pero las acusaciones de violación y agresión sexual no se consideran fuerza mayor. El alcalde de Salon-en-Provence, en Bouches-du-Rhône, declaró a France Inter que prohibir el concierto en su ciudad supondría, en caso de conflicto, una sangría financiera. “Si no organizamos el concierto y no alquilamos el lugar, el productor se volverá contra nosotros”, explicó Nicolas Isnard, estimando entonces “dar 300.000 o 400.000 euros de dinero público al productor, quien a su vez se los entregará a Patrick Bruel”. El mismo análisis de los organizadores del festival Alpagas Bleus, en el Bajo Rin: temen declararse en quiebra si se cancela el concierto.
Si la gira se cancela porque las entradas no se venden lo suficiente y el productor corre el riesgo de perder demasiado dinero, la ley lo considera un riesgo comercial. Chantal Goya tuvo que cancelar conciertos en Le Mans y Alençon por este motivo, informó Oeste de Francia. En este escenario, el productor asume los costes, quedando casi sistemáticamente excluida de los contratos de seguro la falta de espectadores. Debe reembolsar las entradas, pagar los salarios de los artistas y equipos técnicos involucrados y pagar indemnizaciones por roturas a los lugares o promotores locales.
La moralidad no limita.
El artista podrá decidir unilateralmente no subir al escenario sin motivos médicos o de fuerza mayor, a raíz, por ejemplo, de un desacuerdo con la producción o de un desacuerdo. Se encuentra entonces en una situación de incumplimiento contractual. El productor puede emprender acciones contra él y reclamarle una indemnización para cubrir los costes ya incurridos.
Los llamamientos a la conciencia individual del artista no tienen valor jurídico. No juzgado, presumiblemente inocente, “Patrick Bruel tiene naturalmente derecho a ejercer su actividad, del mismo modo que cada uno es libre de producirla o no, o de comprar entradas para sus conciertos”, recuerda Sabrina Goldman, abogada del Colegio de Abogados de París.
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“Mientras no se haya dicho la verdad judicial, la moral puede ser reprochable pero debemos garantizar los intereses del acusado, que sigue presuntándose inocente, apoyando a los denunciantes y velando por su seguridad y serenidad”, afirma este penalista. Y para insistir: “si no damos a la justicia el cuidado y el tiempo para establecer la verdad judicial, la debilitamos y abrimos una brecha hacia la arbitrariedad”.

