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¿Puede realmente Irán cerrar Internet actuando bajo el agua?

Mientras el mundo entero observa el ballet de los petroleros en el Estrecho de Ormuz, otra arteria vital de la globalización se encuentra en sus profundidades. A unas decenas de metros bajo la superficie se encuentran cables submarinos de Internet, auténticas autopistas de nuestros datos digitales. El lunes, Irán explicó que quería aprovechar este “tesoro que se encuentra en el fondo del Estrecho de Ormuz”.

En el proceso, los Guardias Revolucionarios afirmaron en Telegram que cualquier interrupción de este equipo provocaría que la economía mundial perdiera “cientos de millones de dólares por día”. Estos cables son las arterias de esta Internet desmaterializada y, sin embargo, hoy en día son esenciales para todos los ámbitos de nuestras vidas. Estas largas vainas negras, de apenas más de una pulgada de diámetro, se encuentran en el fondo de los mares y océanos del planeta. A veces enterrado en la arena (más o menos profundamente). Varios de estos cables de fibra óptica pasan por el Estrecho de Ormuz, como la red FALCON o el Gulf Bridge International Cable System (GBI).

La mayoría de los accidentes

Logísticamente, las amenazas apenas veladas de Irán están lejos de ser irreales. Al contrario de lo que podría sugerir su importancia estratégica, no están particularmente protegidos. Según la ONU, cada año se registran entre 150 y 200 incidentes, es decir, entre tres y cuatro por semana. “La gran mayoría son accidentales, como un barco pesquero que raspa el fondo del mar y corta accidentalmente un cable. Sin embargo, desde 2022, con la guerra en Ucrania en el Mar Báltico, pero también en el Mar Rojo con los hutíes, ahora hay amenazas más directas e intencionadas”, explica Félix Blanc, cofundador de la ONG Danaides.

En total, 1,3 millones de kilómetros de cables surcan las profundidades de los océanos. Eso es más de 32 veces alrededor de la Tierra. Por tanto, es imposible controlar todas estas infraestructuras críticas, aunque ahora “los drones submarinos están cada vez más presentes en los puntos sensibles para controlar, intervenir y encontrar posibles huellas en caso de daños intencionados”, añade Félix Blanc.

Sin embargo, aunque esta infraestructura global sea “frágil”, reconoce Mikaa Bluegon-Mered, tiene una ventaja. “Los despidos son cada vez más importantes. En Reunión, por ejemplo, hace quince años sólo había un cable submarino. Ahora hay cuatro, lo que aumenta la resiliencia del sistema”, ilustra el investigador principal sobre geopolítica de la transición energética de la Universidad de Quebec en Trois-Rivières (UQTR).

Decenas de miles de millones de dólares

La perspectiva de un corte voluntario representa una “amenaza directa a la conectividad de los países del Golfo, pero también una amenaza indirecta porque albergan numerosos sistemas de datos vinculados a la inteligencia artificial o al sistema financiero”, explica Félix Blanc. El experto, sin embargo, lo modera: en la red global, los cortes intencionados o accidentales tendrían poco impacto. “El Mar Rojo concentra el 17% del tráfico mundial, el Estrecho de Ormuz sólo el 1%. » Por lo tanto, el escenario de apagón no está sobre la mesa, ni en la red global ni en la regional.

Sin embargo, Dubai y Doha son centros financieros líderes. Por lo tanto, en caso de recortes, no podrían cambiar a otras rutas sin sufrir dolores. “Como ocurre con el petróleo, no hay suficientes tuberías para pasarlo todo”, resume Félix Blanc. En determinados ámbitos, esta saturación puede tener consecuencias reales.

“Especialmente para los actores financieros que realizan operaciones de alta frecuencia con un tiempo de latencia del orden de milisegundos”, explica Mikaa Blugeon-Mered. Normalmente, entre Londres y Tokio, si atraviesas el Ártico en lugar de la India, ahorrarás 31 milisegundos. Y esos 31 milisegundos pueden ahorrarle decenas de miles de millones de dólares al año. Estas personas tienen un interés financiero monumental, por lo que estarán dispuestas a pagar de más para obtener lugares en las redes prioritarias. »

Impuesto para negociar mejor

Para Irán, el interés en cortar estos cables sigue siendo limitado, sobre todo porque algunos de ellos son esenciales para sus propios intercambios de datos. Sobre todo, estas amenazas le permiten disponer de una nueva carta que jugar en las negociaciones para poner fin al conflicto. Por lo tanto, Teherán está considerando un camino intermedio: el de los impuestos.

La semana del 11 al 17 de mayo, el Parlamento iraní debatió un proyecto de ley que obliga a los operadores extranjeros (en particular, Gafam) a pagar un derecho de paso por sus cables, exactamente igual que para los barcos que atraviesan el estrecho. La lógica reivindicada es la del Canal de Suez, donde Egipto recauda cada año varios cientos de millones de dólares en regalías por los cables que pasan por sus aguas.

Después del petróleo, los datos

“Se aplican impuestos, es la misma lógica que para el transporte marítimo”, explica Mikaa Blugeon-Mered. “Sin embargo, cuando se trata de un estrecho natural, el uso no es impositivo sino libre. Lo que están haciendo los iraníes no es completamente ilegal, existe una forma de lógica legal, pero nadie lo reconoce ni lo valida. Y nadie quiere reconocerlo, de lo contrario crearía precedentes para otros estrechos como el Bósforo o Malaca. [entre la Malaisie et l’Indonésie]. »

Comisión Europea, ONG especializada… Ya se ha mencionado la idea de gravar los flujos de datos de Internet. “Pero es la primera vez que un Estado se hace cargo de ella, mientras algunos países ven pasar bajo sus pies billones de datos sin que les reporten ningún beneficio”, subraya Félix Blanc. Al igual que las presiones populares y políticas a favor de gravar los productos petrolíferos o las transacciones financieras, no sería sorprendente que los datos, el corazón del sistema económico global, acaben corriendo la misma suerte. Un escenario que preocupa mucho más a algunos actores de los datos que el de un recorte.

Juan Pablo Broin

Es editor jefe con formación académica en periodismo, cursada en una universidad de Buenos Aires, Argentina. Su enfoque combina rigor informativo y criterio editorial, con especial atención a la verificación de fuentes y la claridad en la narrativa.

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