El fin del 6×1 genera alerta en el sector sucroenergético

La discusión sobre el final de escala 6×1 y posibles cambios en la jornada laboral hicieron sonar la alarma en el sector sucroenergético brasileño. En un segmento que depende de operaciones continuas durante la cosechacualquier cambio en la dinámica de trabajo puede afectar directamente la cosecha, transporte y trituración de la caña de azúcar, aumentando los costos precisamente en un momento de severa presión financiera en el campo.
Para los productores, el debate laboral se da en medio de una combinación considerada explosiva: márgenes comprimidos, mayores costos de producción, dificultad para contratar mano de obra, presión fiscal y crecimiento acelerado del etanol de maíz.
En una entrevista, José Guilherme Nogueiradirector ejecutivo de Orplanaafirma que la posible flexibilidad del La escala 6×1 es de particular interés para las actividades de cosecha.que operan con ventanas cortas y una logística altamente sincronizada. Los recolectores se contratan por períodos cortos, por ejemplo para cosechar.
“En el caso de los trabajadores de cosecha, si hay un paro o una reducción de escala durante la cosecha, hay que reacomodar todo”, afirma.
Según él, el impacto no se limita a las operaciones sobre el terreno. El sector ya enfrenta una escasez estructural de trabajadores, tanto en funciones agrícolas como administrativas.
“Hay falta de mano de obra y dificultad para encontrar gente que quiera trabajar, no sólo en el campo, sino también en las oficinas. Y muchas veces sin cualificación”, afirma.
Crece la preocupación porque el cultivo de la caña de azúcar depende de un ritmo intenso durante la cosecha. A diferencia de otros segmentos, las interrupciones operativas pueden generar pérdidas industriales, retrasos logísticos y un aumento significativo de costos.
Ante este escenario, la robotización del cultivo de la caña de azúcar aparece como una alternativa cada vez más necesaria.
“La robotización puede ayudar a resolver parte del problema laboral”, afirma Nogueira.
El sector sufre una contracción financiera
Las preocupaciones laborales llegan precisamente en un momento delicado para los productores de caña de azúcar. Según Orplana, los costes de los fertilizantes, pesticidas, mano de obra y crédito se han mantenido elevados desde el año pasado, reduciendo drásticamente los márgenes del sector.
“El coste financiero se soporta desde hace mucho tiempo y presiona cada vez más a los productores”, afirma.
Incluso con la expectativa de una mayor producción en 2027, la entidad evalúa que la rentabilidad puede seguir estando comprometida.
Se espera que la zafra registre alrededor de 4 mil millones de litros adicionales respecto al ciclo anterior, impulsada principalmente por el crecimiento del etanol de maíz y, en menor medida, de la caña de azúcar. Sin embargo, el aumento de la oferta no estuvo acompañado por la expansión esperada de la demanda.
“La expectativa del sector era aumentar la mezcla de etanol en gasolina al 32%, pero eso aún no ha sucedido”, afirma.
Avance del etanol de maíz presiona los precios
EL El crecimiento acelerado del etanol de maíz también preocupa a los productores de caña de azúcar. porque amplía la oferta de biocombustibles y presiona los precios pagados al tradicional sector azucarero-energético.
“Los productores están muy atentos al crecimiento del etanol de maíz porque eso termina bajando el precio para los productores de caña”, explica.
Pese a ello, Orplana ve oportunidades en nuevos mercados consumidores, como el sector marítimo y el combustible de aviación sostenible (SAF).
“Hay mercados, como el de los barcos, que pueden utilizar etanol en sustitución del metanol. SAF también es una posibilidad importante”, afirma.
El azúcar no compensa las pérdidas en el campo
Ni siquiera la recuperación parcial del azúcar en el mercado internacional ha sido suficiente para aliviar el flujo de caja de los productores.
Según Nogueira, los precios entre 13 y 14 centavos la libra se mantienen por debajo de lo necesario para remunerar adecuadamente la actividad.
“El ATR está por debajo de un real y no cubre el costo de producción”, afirma.
La consecuencia ya aparece en el campo. Muchos productores han reducido las inversiones en fertilización y tratamientos culturales para contener gastos, lo que debería impactar negativamente en las cosechas futuras.
“Hay productores que dejan de fertilizar y reducen el manejo. Esto no afecta la cosecha actual, pero compromete las futuras”.
“Cinco Jinetes del Apocalipsis”
El director general de Orplana resume los principales problemas a los que se enfrenta hoy el sector en los que llama “los cinco jinetes del apocalipsis”.
El primero de ellos es la rentabilidad. Según él, las políticas públicas relacionadas con los combustibles afectan directamente la competitividad del etanol.
“Cuando hay subsidio a la gasolina, el etanol pierde competitividad y eso perjudica al productor”.
Otro punto crítico es la gestión de riesgos. Además de los eventos climáticos, los productores viven con inseguridad fiscal y laboral, especialmente ante las regulaciones de la reforma tributaria aún sin definir.
“El productor todavía no sabe exactamente cómo serán los impuestos y cuál será el mejor modelo de ventas con las plantas”.
La productividad estancada es una preocupación
Orplana también alerta de la falta de avances tecnológicos más significativos en el cultivo de la caña de azúcar.
“La productividad de la caña de azúcar es lineal. No tuvimos los mismos saltos observados en cultivos como la soja y el maíz”, dice Nogueira.
Por ello, la entidad defiende mayores inversiones en investigación, desarrollo e innovación en el sector.
Los incendios y las condiciones climáticas extremas aumentan los costos
Además de las dificultades económicas, los productores enfrentan una presión cada vez mayor por el cambio climático y las demandas ambientales.
Según Nogueira, el sector opera en alerta máxima en situaciones conocidas como “triple 30”: temperaturas superiores a los 30 grados centígrados, vientos superiores a los 30 kilómetros por hora y humedad inferior al 30%.
“En estos momentos el riesgo de incendios aumenta notablemente”, explica.
El sector utiliza camiones cisterna, seguimiento satelital y protocolos preventivos, pero admite que el riesgo nunca se elimina por completo.
“Hay una serie de obligaciones medioambientales y de lucha contra incendios. Es mucha piel de plátano la que el productor puede perder”, afirma.
La rentabilidad debería seguir bajo presión
Incluso con la perspectiva de una cosecha mayor en los próximos años, Orplana evalúa que el escenario económico del productor seguirá siendo delicado sin apoyo público y mejoras en las condiciones del mercado.
“El año 2027 puede tener una cosecha mayor, pero en términos de rentabilidad podría ser un desastre”, afirma Nogueira.
Según él, estados como Pernambuco ya están discutiendo mecanismos de subsidio para el sector, mientras que São Paulo también debería avanzar en políticas de apoyo.
“La actividad es cíclica, siempre ha habido años buenos y malos. Pero los dos últimos años han sido especialmente difíciles para la rentabilidad del productor”.



