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Entre Trump y Putin, Beijing sueña con convertirse en “el Imperio en el centro del mundo”

Últimamente, China atrae a casi más gente que el maestro Poulet en Saint-Ouen. En pocos días, Pekín desplegó la alfombra roja al presidente estadounidense Donald Trump y luego a su homólogo ruso Vladimir Putin. Un prestigioso desfile comenzó en diciembre de 2025 con el presidente francés Emmanuel Macron, seguido por el primer ministro británico Keir Starmer en enero.

China se convierte así en el primer país que recibe a todos los demás miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU con unos pocos meses de diferencia. “Estos encuentros permiten a China volver a aparecer como el Reino Medio. Diplomáticamente, sitúan al país en el centro del mundo, lo que es el sueño de todos los dirigentes y élites chinos desde finales del siglo XX”, analiza Jean-Philippe Béja, director emérito de investigaciones del CNRS.

Maestro del tiempo versus rey de los tweets

Para Xi Jinping, esta imagen del “imperio central del mundo” es halagadora. “Se produce un efecto: ‘Recibo a todos los líderes, todos vienen a Pekín a postrarse ante el Emperador del mundo'”, continúa el investigador. Una bendición para Xi Jinping, cuya posición interna se ve debilitada por una economía lenta y la perspectiva del XXI Congreso del Partido Comunista, previsto para 2027, durante el cual se espera que busque un cuarto mandato.

Más allá de aspirar a convertirse en el centro de gravedad del mundo, China se presenta como un “polo de estabilidad” frente al impetuoso Donald Trump. “La llegada de Trump al poder ha facilitado esta imagen para China que, a diferencia de él, no cambia de posición cada dos minutos. Sin embargo, defiende sus intereses y desempeña un papel secreto en varios ámbitos”, analiza Jean-Philippe Béja.

Así, aunque insistió en la importancia de la soberanía de los pueblos y la inviolabilidad de las fronteras, no dudó en apoyar a la Rusia de Vladimir Putin en su guerra en Ucrania. Asimismo, apoyó discretamente al régimen de los mulás en Irán, enviándoles incluso equipamiento militar.

Precaución como consigna

Sin embargo, abiertamente Beijing se mantiene particularmente discreto acerca de sus alianzas. “La maquinaria comunista no se arriesga. No dijeron una palabra sobre Venezuela [lorsque Washington a procédé à l’enlèvement du dirigeant Nicolas Maduro]aunque tenían excelentes relaciones con él”, recuerda Jean-Philippe Béja. Y para resumir: “Saben muy bien cuándo reaccionar y cuándo es mejor mantener la calma. Al no hacer mucho se fortalecen, tanto sus adversarios como sus socios se debilitan. »

Rusia despliega sus capacidades militares en Ucrania para obtener pequeñas ganancias territoriales y, paralizada por las sanciones occidentales, está aumentando su dependencia económica de China. Desde 2022 y el inicio de la invasión a gran escala en Ucrania, las importaciones chinas de petróleo ruso han aumentado un 30%. Pekín también aprovecha esta relación para intercambiar en yuanes y rublos, lejos de los sacrosantos dólares. Al mismo tiempo, Estados Unidos, que lucha con el conflicto en Medio Oriente, está moviendo (y utilizando) sus fuerzas en este teatro, lejos de Taiwán.

Menú XXL para Trump, fórmula familiar para Putin

Poco a poco, China se va fortaleciendo en la escena internacional, a costa de una paciencia férrea y de modestos esfuerzos. La visita de Vladimir Putin será menos pomposa que la de Donald Trump, pero sobre todo porque son mucho más frecuentes. El republicano fue el primer presidente estadounidense en visitar el Reino Medio desde 2017. En el mismo periodo de tiempo, el presidente ruso pisó suelo chino 25 veces. Sin embargo, está prevista una ceremonia en la plaza de Tiananmen – lo cual “no es insignificante”, subraya Jean-Philippe Béja – pero el líder ruso será recibido por el ministro de Asuntos Exteriores, Wang Yi, y no por Xi en persona.

“Xi Jinping no necesita halagar a Vladimir Putin tanto como a Donald Trump, porque todo el mundo sabe que el presidente de Estados Unidos quiere absolutamente ser tratado como el rey del mundo. No cuesta mucho darle lo que quiere en ese sentido”, afirma Jean-Philippe Béja. Si la visita del republicano no desembocó en ningún acuerdo concreto (aparte de la venta de 200 Boeing, cifra muy inferior a los 500 prometidos), puede esconderse tras el brillo de una bienvenida a bombo y platillo.

Y aquí es donde los estilos de los dos países son diametralmente opuestos. Mientras Donald Trump sale de una visita diplomática con acuerdos “fantásticos” (cuyo color nadie ha visto), China posterga y agudiza su estrategia en la sombra.

Juan Pablo Broin

Es editor jefe con formación académica en periodismo, cursada en una universidad de Buenos Aires, Argentina. Su enfoque combina rigor informativo y criterio editorial, con especial atención a la verificación de fuentes y la claridad en la narrativa.

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