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“Hay que tener acento”… ¿El “marsellés hablante” es víctima de una apropiación cultural?

“Mimado: Regional (Marsella). Un término cariñoso para un ser querido (novio o novia)”. La edición de este año del diccionario Larousse 2027 incluye más de un centenar de palabras, entre ellas “gâté”, un apodo cariñoso popularizado en Francia por el rapero SCH. Esta novedad se enmarca en un reconocimiento de la “lengua marsellesa”. “Mimados” ya había hecho su entrada en pequeño roberto el año pasado, acompañado de las palabras “tanquer” y “tarpin”, también productos puros de Marsella. “Dégun” está ahí desde 2015.

“Desde hace unos treinta años, estos dos grandes diccionarios nacionales han intentado integrar palabras del mundo francófono y de las regiones”, subraya Médéric Gasquet-Cyrus, lingüista de la Universidad de Aix-Marsella. A menudo se ha representado la jerga de la ciudad focense, desde “péguer” hasta “cagole”. Pero en los últimos años la aceleración es notable. “Esto se debe a la influencia cultural de la ciudad en el sentido amplio del término”, continúa el especialista. Marsella abre la boca, habla, canta, tiene un impacto nacional. »

Signo de integración

Pero esta “consagración” simbólica tiene sus desventajas. “Cuanto más se use una palabra, más será de todos y ya no del todo de nosotros”, explica el autor de Así se dice en Marsella. (ed. Le Robert). Es un pequeño precio a pagar”. ¿A riesgo de molestar a los lugareños? “Me molesta mucho cuando la gente habla como lo hacemos en casa. Hay que tener acento, de lo contrario no funcionará, dice Néné, el mismo apodo que el ilustre seguidor del OM, René Maleville. Marselleses lo sois, pero no podéis llegar a serlo. » ¿Su palabra favorita? La clásica “lona”. “Resuena, escuchamos las cigarras”, bromea.

“Es parte de la integración, pero no hay que exagerar”, asegura Nico, originario de Borgoña pero que vive en Marsella desde hace seis años. Ahora utiliza habitualmente “s’emboucaner”, “cansado”, “mi sangre”… E incluso el muy reciente “tié un tigre”. “También para nosotros hay palabras nuevas”, comenta su compañero Max, nacido en Belle-de-Mai, un distrito del III distrito. “Es bonito que la gente utilice palabras de Marsella, siempre que sepamos que provienen de nosotros”, continúa la treintañera. Sin embargo, tenga cuidado de no exceder el límite: “¡Cuando se usa mal o cuando es demasiado, tampoco hablamos así todo el tiempo! »

“Súper pesado”

“Peuchère”, por ejemplo, a veces se utiliza como interjección: “¡Peuchère!” Hace buen tiempo “. Pero eso es “no”, sonríe el lingüista Médéric Gasquet-Cyrus. También desapareció la expresión “es Marsella bebé”, popularizada por la canción Banda organizada y utilizado como título en Instagram por todos los vacacionistas. “Lo utilizamos pero lo dejamos porque vimos que era un signo de apropiación cultural”, señala Médéric Gasquet-Cyrus.

En respuesta, algunas personas inventan nuevas palabras. Como el comediante Tibo Rugi, que el verano pasado propuso sustituir la palabra “turistas”, especialmente los procedentes de la capital, por “mourègue”, inspirada en el provenzal “rouméguer” que significa “refunfuñar”. “El marsellés no es en absoluto una cosa conservadora. Es una variedad urbana súper dinámica…”, se alegra Médéric Gasquet-Cyrus, quien también señala los conflictos entre generaciones sobre lo que es “realmente” marsellés o no. “El lenguaje es un campo de batalla”, concluye. Casi como poner la toalla en una cala en pleno verano.

Juan Pablo Broin

Es editor jefe con formación académica en periodismo, cursada en una universidad de Buenos Aires, Argentina. Su enfoque combina rigor informativo y criterio editorial, con especial atención a la verificación de fuentes y la claridad en la narrativa.

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