Subnotificados, los casos de Oropouche afectan al 2% de la población brasileña

Los datos sobre la fiebre de Oropouche publicados este martes (24) indican que la incidencia real de la enfermedad es muy superior a la declarada, con hasta 200 casos reales por cada episodio conocido.
Entre 1960 y 2025, la enfermedad ha infectado a 9,4 millones de personas en América Latina y el Caribe, de las cuales al menos 5,5 millones en Brasil.
La fiebre de Oropouche se transmite al hombre por la picadura de mosquitos del tipo Culicoides paraensis, conocidos en la Región Norte como maruim o flebótomo.
Los datos fueron recopilados por un consorcio de investigadores de la Universidad de Kentucky, la Universidad de São Paulo, la Universidad Estatal de Campinas y la Fundação Hospitalar de Hematologia e Hemoterapia do Amazonas (Hemoam).
“[A doença] hay un ciclo selvático muy conocido y, más recientemente, observamos ciclos urbanos en las capitales, lo que hasta hace poco era poco común”, explicó el director de Operaciones del Instituto Todos pela Saúde, Vanderson Sampaio.
Agregó que, debido a que la mayoría de la población aún no ha tenido contacto con la enfermedad, es probable que pueda avanzar.
“Aún no sabemos el número de casos graves de esta enfermedad, ni podemos saberlo ahora, ya que tenemos un número muy bajo de casos registrados”.
Para investigar la existencia de antígenos, como indicio de que las personas tuvieron contacto con la enfermedad, se investigaron datos serológicos en muestras de sangre recolectadas en tres momentos diferentes (noviembre de 2023, junio de 2024 y noviembre de 2024).
Con el resultado, se pudo afirmar que el alcance del brote de 2023 a 2024 fue similar al del brote anterior en el estado, en 1980-1981. En ambos casos, el alcance en Manaos rondó el 12,5%, llegando a cerca del 15% en el estado.
Brotes
El estudio también revisó registros de brotes de la enfermedad, encontrando 32 de ellos desde la identificación de la fiebre en 1955, en Brasil, Perú, Guayana Francesa y Panamá. Sólo en Brasil se identificaron 19 brotes.
“Nos es posible desarrollar técnicas de screening. Una de ellas es la vigilancia de síndromes febriles, analizando muestras de pacientes mediante análisis genéticos”, destacó el especialista.
Manaos es el principal centro de propagación de la enfermedad en la región amazónica. Con su población de alrededor de 2 millones de personas y excelentes conexiones, incluso aéreas, con otras ciudades, actúa como un centro de dispersión, determinando la propagación de la enfermedad a otros centros, como Espírito Santo y Río de Janeiro, que se verán fuertemente afectados en 2024.
Según el estudio, la diferencia entre los casos confirmados y el número real de contagios puede explicarse por el limitado acceso a los servicios de salud en la cuenca del Amazonas y la probable alta proporción de casos asintomáticos o leves, que los investigadores estiman podrían constituir la gran mayoría de los casos de la enfermedad, una característica de la que hasta ahora no hay evidencias claras.
En esta década se registraron más de 30 mil casos, con la propagación de una variante del virus por América Latina y el Caribe, lo que según el estudio indica un notable subregistro de todos los servicios de salud de la región.
La infección puede provocar fiebre similar a la del dengue y otros arbovirus, lo que dificulta aún más su correcta identificación y tratamiento. Los casos graves, generalmente aquellos correctamente diagnosticados, pueden progresar a enfermedad neurológica, complicaciones materno-fetales y muerte.
Tratamiento
Actualmente no hay vacunas autorizadas ni antivirales específicos disponibles, aunque en esta década se han realizado estudios sobre la eficacia de las acridonas (moléculas aisladas de un tipo de alquitrán) en la enfermedad, como el realizado por la investigadora Clarita Avilla, de la Unesp, en São José do Rio Preto.
Según las investigaciones, los anticuerpos adquiridos hace décadas todavía son capaces de neutralizar la cepa reciente del virus, lo que sugiere una inmunidad duradera. Aun así, los investigadores advierten que, sin intervenciones específicas, seguirán produciéndose nuevos brotes en las regiones donde el vector está presente.
El grupo también publica este martes (24) un segundo estudio, que identifica el predominio del virus en las zonas rurales y forestales, siendo minoritarios los casos de transmisión por mosquitos urbanos, como el Aedes aegypti.
En este trabajo, los autores afirman que las estrategias de control de vectores centradas en los mosquitos urbanos no son suficientes para contener la transmisión de la enfermedad, requiriendo esfuerzos adicionales de vigilancia epidemiológica en áreas en contacto con bosques degradados.
“Al identificar quiénes ya han sido infectados, podemos predecir con mayor precisión qué poblaciones siguen en riesgo de futuros brotes”, dice la profesora Allyson Guimarães Costa, de la Universidad Federal de Amazonas y de Hemoam.

