La carne brasileña se menciona en un informe de EE.UU., pero evita el arancel

La carne brasileña fue utilizada por el gobierno de Estados Unidos como uno de los principales ejemplos para justificar la imposición de una Recargo del 12,5%sobre productos de países investigados por supuestamente no adoptar mecanismos efectivos para frenar las importaciones producidos con trabajo forzado. Pese a ello, la propia propuesta estadounidense excluye la carne vacuna de la lista de productos que se verían afectados por la medida.
El caso aparece en un informe publicado por la USTR (Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos) este miércoles (3), que respalda la investigación abierta contra 60 economías, entre ellas Brasil. El documento sostiene que la ausencia de prohibiciones efectivas a la importación de productos elaborados con trabajo forzoso perjudica a los exportadores estadounidenses y crea distorsiones en el comercio internacional.
En la sección dedicada a la carne vacuna brasileña, el gobierno estadounidense afirma que “está bien documentado que se utiliza trabajo forzoso en la producción ganadera en Brasil” y sostiene que la competencia de la carne vacuna brasileña habría afectado las exportaciones de Estados Unidos a China.
Según el informe, “la prevalencia del trabajo forzoso en la producción ganadera en Brasil sugiere fuertemente que al menos parte de estas importaciones se produjeron total o parcialmente con trabajo forzoso”.
Supuesta ventaja
El documento añade que “el hecho de que China no haya impuesto y aplicado efectivamente una prohibición a la importación de productos producidos con trabajo forzoso para la carne vacuna brasileña ha conferido una ventaja de costos a la carne vacuna brasileña y ha distorsionado la competencia”.
Para respaldar el argumento, el USTR destaca que las exportaciones brasileñas de carne vacuna congelada a China creció más de 17 veces entre 2015 y 2025pasando de 94 mil toneladas a 1,65 millones de toneladas. En el mismo período, la participación de Brasil en las importaciones chinas de carne vacuna congelada aumentó del 38% al 53%, mientras que la participación estadounidense cayó del 6% al 2%.
El informe también señala que el valor unitario promedio de la carne vacuna importada por China desde Brasil fue de 2,40 dólares EE.UU. por kilogramo en 2025, frente a 4,20 dólares EE.UU. por kilogramo de la carne vacuna estadounidense. Para el gobierno de Estados Unidos, esa diferencia habría contribuido a aumentar la competitividad del producto brasileño.
A pesar de las críticas, la propuesta arancelaria difundida al mismo tiempo por el USTR deja fuera a toda la cadena de la carne vacuna. El anexo con la lista de excepciones excluye cortes de carne bovina fresca, refrigerada y congelada, carnes con y sin hueso, despojos de vacuno, productos procesados, entre otros.
La exclusión crea una aparente contradicción en la propuesta estadounidense, pero demuestra que el gobierno estadounidense reconoce la imposibilidad de gravar productos que son necesarios para la seguridad alimentaria de los ciudadanos estadounidenses, así como no generar distorsiones en la propia economía.
Aunque la carne brasileña se utiliza como uno de los tres estudios de caso del informe para demostrar los supuestos efectos económicos del trabajo forzoso en los exportadores estadounidenses, el producto no se vería afectado por el recargo adicional sugerido por el propio gobierno americano.
La inspección falla
La investigación se abrió bajo la Sección 301 de la ley comercial de Estados Unidos. El gobierno estadounidense concluyó que Brasil y otras economías investigadas no impusieron ni hicieron cumplir efectivamente una prohibición a la importación de productos producidos con trabajo forzoso.
En el caso brasileño, la conclusión del USTR no aborda directamente la legislación laboral ni la inspección interna del trabajo esclavo contemporáneo. El argumento central es que Brasil no cuenta con un mecanismo equivalente al adoptado por Estados Unidos para impedir el ingreso de bienes producidos con trabajo forzoso a otros países.
Como resultado, el gobierno estadounidense propuso un arancel adicional del 12,5% a los productos de los países investigados, pero abrió una consulta pública antes de decidir si implementar o no la medida.



