Científica argentina gana premio mundial por su trabajo sobre cultivos ‘resistentes a la sequía’

La doctora Raquel Chan tiene un currículum que se podría resumir en una sola frase: descubrió cómo evitar que las plantas “se rindan” y ayudarlas a “soportar” las adversidades climáticas. La investigadora, miembro senior del instituto de investigaciones científicas CONICET y profesora de la Universidad Nacional del Litoral, donde es directora del Instituto de Agrobiotecnología, acaba de recibir uno de los Premios Internacionales L’Oréal-UNESCO For Women in Science 2026.
El premio está considerado uno de los premios científicos más prestigiosos para mujeres. El Dr. Chan lo recibió en representación de la región de América Latina y el Caribe.
El anuncio marca un hito: es la primera vez en las 28 ediciones del premio que la biotecnología agrícola como tema de investigación sube al podio. Chan viajará en junio a la sede de la Unesco en París para recibir la distinción, que incluye un premio de 100.000 euros.
En conversación con Perfil, el científico detrás de este logro biotecnológico -que lleva cuatro décadas trabajando en el tema- dijo que “la ciencia que sustenta esta investigación es sólida, segura y rentable, aunque probarla y obtener las patentes correspondientes fue un proceso sumamente complejo”.
También recordó que “en el CONICET trabajamos en conjunto con el [agricultural] empresa Bioceres y tuvo que superar innumerables obstáculos, principalmente por falta de recursos”.
El trabajo científico del Dr. Chan aborda una pregunta clave, que parece simple pero que, en realidad, llevó décadas descubrir la respuesta: ¿qué mecanismo biológico permite que una planta sobreviva cuando el agua escasea o las temperaturas se vuelven hostiles?
Su laboratorio identificó genes y proteínas clave implicados en esta respuesta. Luego dieron un paso más y aplicaron estos conocimientos a la mejora de variedades de trigo, maíz, arroz y soja con mayor resistencia a la sequía. En un contexto global de cambio climático acelerado y presión creciente sobre la producción de alimentos, esta contribución tiene una gran importancia.
“Junto con mi equipo, identificamos genes muy específicos que dan a ciertas plantas la capacidad de ser más resistentes en condiciones adversas”, explicó el Dr. Chan. “Luego aplicamos estos conocimientos para proteger los cultivos más vulnerables. En particular, estos genes les ayudan a hacer frente a la escasez de agua, las inundaciones, el frío, los anegamientos, las altas temperaturas y otros factores de estrés ambiental”, afirmó el experto, que ya ha recibido otros premios.
Posteriormente, el equipo logró incorporar estos genes protectores en los genomas de cultivos que no los poseían, haciéndolos finalmente más resistentes. “Estas plantas mejoradas son capaces de producir más biomasa y más semillas, utilizando menos agua, reduciendo su huella de carbono y produciendo mayores rendimientos. En última instancia, mi sueño es que ningún niño se quede sin un plato de comida”, afirmó.
Todo ello reafirmando que las nuevas variantes desarrolladas en laboratorio son totalmente seguras tanto para la salud humana como para el medio ambiente cuando se plantan, procesan y consumen.
El jurado internacional que seleccionó a Chan, integrado por científicos de los cinco continentes, evaluó 504 nominaciones de todo el mundo, 84 de las cuales provinieron de América Latina y el Caribe. La selección final se redujo a cinco galardonados, uno de cada región global. Este año, el premio se centró en las ciencias de la vida y el medio ambiente.
Con este reconocimiento, Argentina consolida su destacada posición de liderazgo regional: es el país latinoamericano que tiene el mayor número de científicas premiadas por L’Oréal-UNESCO, con un total de 12 a lo largo de la historia del premio: nueve en la categoría Laureate y tres como Rising Talents. La lista comenzó en 2003 con Mariana Weissman e incluye nombres como Belén Elgoyhen, Andrea Gamarnik, Karen Hallberg y Alicia Dickenstein, entre otros.
La última galardonada antes del Dr. Chan fue María Teresa Dova, quien fue honrada en 2025 por su trabajo en física de altas energías.
Estas cifras tienen contexto. Según datos de la UNESCO, actualmente sólo el 31,7 por ciento de los investigadores del mundo son mujeres. Desde 1901, menos de cuatro premios Nobel de ciencia han sido otorgados a mujeres. A
Argentina, en este panorama, no es sólo una modesta excepción. Es un éxito notable: el 53,6% de sus investigadores activos son mujeres, lo que sitúa al país en el puesto 12 entre las 20 naciones con mayor proporción de mujeres en la ciencia a nivel mundial. Aun así, persisten las barreras. Una encuesta de Ipsos para la Fundación L’Oréal reveló que el 86 por ciento de las investigadoras en Argentina y a nivel mundial han enfrentado sexismo durante sus carreras, el 49 por ciento ha experimentado acoso sexual y sólo el 12 por ciento de los puestos de liderazgo senior en STEM están ocupados por mujeres.
Uno de los puntos que Chan plantea frecuentemente en sus charlas es que “los países deben invertir en ciencia para poder desarrollarse adecuadamente y generar bienestar para sus ciudadanos”. Por ejemplo, en 2023 Argentina invirtió alrededor del 0,3 por ciento del PIB en ciencia y tecnología. Actualmente, esa inversión ha caído a un 0,15 por ciento anual del PIB. En otras palabras, estamos retrocediendo.



