Proyecto podría reposicionar al país en el mercado del lúpulo

Investigadores del Instituto de Posgrado e Investigación en Ingeniería Alberto Luiz Coimbra (Coppe/UFRJ) lideran un proyecto con potencial para transformar la cadena productiva del lúpulo en Brasil y posicionar al país como referencia mundial entre las regiones de clima tropical en la producción y suministro de materias primas.
El lúpulo es una planta cuyas flores -las llamadas conos- son fundamentales para la elaboración de la cerveza, aportando amargor, aroma y estabilidad a la bebida. Sus compuestos naturales también encuentran aplicación en los sectores alimentario, etanol, cosmético y farmacéutico, ampliando significativamente su potencial económico e industrial.
Lúpulo – Reuters/Thomas Banneyer/Derechos reservados
Actualmente, la mayor parte del lúpulo que se consume en Brasil es importado, principalmente de regiones de clima frío, donde solo hay una cosecha anual debido a las condiciones de luz y temperatura.
El proyecto quiere replicar lo que el país ya ha hecho con cultivos como la soja y el trigo: adaptar la producción de lúpulo al entorno nacional, dominar la tecnología y alcanzar escala con competitividad internacional. El plan se desarrolla en el Centro Avanzado de Sostenibilidad, Ecosistemas Locales y Gobernanza (Casulo) de la Coppe.
“Estamos hablando de estructurar una nueva cadena productiva en el país, integrando desde el cultivo con agricultura de precisión hasta el procesamiento industrial y el control de calidad en nuestro propio laboratorio”, explica la coordinadora Amanda Xavier, del Programa de Ingeniería de Producción, al que está vinculado Casulo.
Casulo/Coppe mantiene una alianza con la Asociación Brasileña del Lúpulo (Aprolúpulo), que resultó en la elaboración del Mapa Brasileño del Lúpulo 2024, publicado en marzo de 2026. El documento es estratégico para orientar investigaciones, políticas públicas e inversiones.
La iniciativa incluye la producción de extractos de lúpulo, insumos de alto valor agregado obtenidos mediante tecnología avanzada de extracción con CO₂, capaces de atender diferentes segmentos industriales con estandarización, trazabilidad y suministro escalado.
“Con la agricultura de precisión y el control de laboratorio, podemos ofrecer extractos estandarizados que sirven tanto a las cervecerías artesanales como a la industria farmacéutica”, afirma Amanda.
Ubicación
La región seleccionada recibirá inversiones e infraestructura, pero también concentrará conocimiento técnico, innovación y articulación productiva, factores que históricamente transforman los territorios en referentes nacionales.
El profesor Coppe dice que la publicación del Mapa Brasileño del Lúpulo ya comienza a orientar las decisiones de inversión y las políticas locales.
“Ahora tendremos datos para planificar lugares de cultivo, demandas de infraestructura e iniciativas de capacitación técnica. Además, el mapa nos ayuda a priorizar la investigación para el mejoramiento genético y el desarrollo de protocolos poscosecha adecuados al clima tropical”, agrega.
Como ocurre con otras cadenas agrícolas brasileñas, la elección de la ubicación puede ser el punto de partida para consolidar un ecosistema completo, conectando producción, industria, investigación y mercado. En la práctica, se trata de una oportunidad concreta para inducir el desarrollo regional, generar empleos calificados y atraer nuevas empresas.
Producción de lúpulo. Foto: Renato Linhares/Embrapa
Ventaja competitiva
Hoy en día, en las regiones de clima frío, solo hay una cosecha anual debido a las condiciones de luz y temperatura. Sin embargo, los avances recientes muestran que el país puede transformar sus características climáticas en una ventaja competitiva.
Con una gestión y un uso adecuados de tecnologías como la suplementación ligera, es posible lograr hasta 2,5 cosechas por año, un aumento significativo de la productividad en comparación con los países productores tradicionales.
En 2024, la producción mundial de lúpulo rondaba las 114 mil toneladas. En el mismo período, Brasil produjo apenas 81 toneladas, frente a una demanda interna de aproximadamente 7 mil toneladas, un mercado estimado en alrededor de R$ 878 millones por año. Esto significa que el país produce sólo el 1,11% de lo que consume, lo que revela una importante dependencia de las importaciones y un amplio margen de crecimiento.
En este contexto, la decisión sobre la ubicación del proyecto cobra aún más relevancia: puede acelerar la sustitución de importaciones, fortalecer la industria nacional e insertar a Brasil en una cadena global con mayor valor agregado.

