¿Por qué guardamos llaves viejas en nuestra casa?

¿Significa algo para ti tener llaves huérfanas en el fondo de un cajón, sin cerradura conocida, guardadas año tras año sin que nadie sepa por qué? Uno de cada diez franceses conservaría la llave de su antigua casa, según una reciente encuesta de Opinium realizada para Travaux.com, una plataforma que conecta a los profesionales de la construcción y a los particulares.
Sin embargo, la práctica estaría mucho más extendida, “muy común”, según Eliette Barrier, vicepresidenta de comunicación de la federación francófona de profesionales de las organizaciones. Un fenómeno “completamente banal”, coincide Valérie Guillard, profesora de marketing en la Universidad París-Dauphine, que evoca la práctica “universal” de guardar en casa objetos viejos, como un teléfono viejo o una camiseta vieja. Abandonadas en el fondo de un cajón, de un sobre o de una caja, ¿qué dicen de nosotros estas viejas llaves? ¿Y si este pequeño misterio cotidiano revelara mucho más sobre la psicología humana de lo que parece?
El coste del hipotético arrepentimiento de tirar una llave vieja
Entre los motivos más habituales que pueden explicar la presencia de estas llaves tiradas en el fondo de un armario se encuentran el olvido y la costumbre. Una mudanza, una limpieza apresurada y las llaves se acumulan sin recordar siempre para qué sirven. “Las llaves son pequeños objetos que escapan a la clasificación porque ocupan poco espacio, según la coach de almacenamiento y organización Eliette Barrier. Y cuando nos topamos con ellas, no nos provoca un sentimiento de urgencia como “¡ay, tengo que devolverla o tirarla!” » Si bien el coste de almacenar esta llave es nulo, el coste de un hipotético arrepentimiento parece inmenso. Así que seguimos. “Y no nos tomamos el tiempo para comprobar esta llave, a qué cerradura corresponde, y la dejamos a un lado sin tirarla quítelo”, sonríe la profesora Valérie Guillard.
Porque esa clave que guardamos es ese alojamiento que teníamos y que satisfacía una fuerte necesidad de protección, recuerda la psicóloga y autora Ariane Calvo. “La casa es el símbolo de nuestra seguridad interior”, subraya el profesional de la salud mental. Tener un techo sobre la cabeza responde a esa necesidad de estar protegidos y abrigados durante mucho tiempo, un hogar que nos haga sentir seguros”, añade Ariane Calvo.
Objetos simbólicos muy especiales
Y luego esta clave, podemos pensar que podría sernos útil, por si acaso… El ser humano se resiste naturalmente a la idea de tirar a la basura algo posiblemente rentable, recuerda Valérie Guillard. Un sentimiento que comparte una de las pacientes de Ariane Calvo. Durante la Segunda Guerra Mundial, los abuelos de esta persona tuvieron que huir a la zona libre, llevándose las llaves de su apartamento en París. “Guardaron estas llaves, diciéndose que, como había sido su casa, quizás algún día podrían volver allí si no habían cambiado la cerradura”, dice la psicóloga. Nunca regresaron allí, había otros ocupantes, pero conservaron estas llaves y se las entregaron a los niños. Tenían la sensación de que, habiendo vivido entre estos muros, era posible volver allí”, continúa la psicóloga.
Más que una simple contraseña, las claves son objetos simbólicos vinculados a recuerdos importantes de la vida. “Representan un lugar y una época de la vida, un primer apartamento, una pareja, una separación, la casa de los abuelos, una oficina donde se hizo carrera”, enumera Eliette Barrier. “Este objeto alimenta y satisface una necesidad de identidad y constituye un soporte de memoria, que representa la trayectoria vital”, resume la profesora Valérie Guillard. Y a veces es difícil desprenderse de ella, porque tirar esta llave corresponde, simbólicamente, al cierre definitivo de este capítulo de tu vida. Por el contrario, mantener esta clave significa mantener abierta, al menos en la imaginación, la posibilidad de un retorno. Y resistir el paso del tiempo, gracias a los recuerdos que evoca, mientras ciertos períodos de la vida ya han pasado.
Vuelve a leer una biografía silenciosa de ti mismo
Conservar una llave antigua podría ayudar a “evitar que caiga en malas manos”, especialmente si no se está seguro de si se ha desactivado en el caso de cerraduras que no se han cambiado. En Francia, el 65% de las personas encuestadas en la encuesta de Opinium para Travaux.com no cambiarían sus cerraduras después de mudarse, por falta de tiempo o por olvido. Este miedo a la inseguridad, sin embargo, es una “fantasía”, según la profesora Valérie Guillard, porque a una persona con malas intenciones le resultaría difícil, concretamente, encontrar la cerradura de una llave desechada. Por último, para algunos, esta vieja llave situada en el fondo del cajón podría, posiblemente, convertirse en un elemento decorativo, saliendo de las sombras para quedar expuesta con sus rayones, su metal pulido por miles de pasadas de mano en mano y su anillo desgastado… Incluso si, a la espera de ser destacada, esta llave permanece en el fondo de un cajón.
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“Si esta llave es importante para la persona, debemos encontrar un lugar donde le traiga alegría o le recuerde un recuerdo feliz, lo que no ocurre en el fondo de un cajón”, cree Eliette Barrier. El especialista en almacenamiento informa lo difícil que puede ser tomar la decisión de conservar “conscientemente” o desechar llaves, cuando representan recuerdos, una identidad y una historia. Por eso, la próxima vez que dudes en tirar esa llave que encuentras en el fondo de un abrigo viejo o de un sobre, tal vez te preguntes menos a qué cerradura pertenece y más a qué versión de ti mismo te lleva de regreso.

