Tortugas bobas reaparecen en la Bahía de Guanabara

La reaparición de la tortuga boba en la Bahía de Guanabara, en Río de Janeiro, ha llamado la atención de investigadores y pescadores artesanales y podría revelar nueva información sobre el comportamiento de la especie en peligro de extinción. (foto: biólogas Larissa Araujo y Suzana Guimarães con tortugas bobas)
Registros más frecuentes de estos animales en el interior de la bahía son documentados desde 2024 por el Proyecto Aruanã: una iniciativa destinada a conservar las tortugas marinas en la costa de Río de Janeiro.
El 18 de abril, pescadores en colaboración con investigadores marcaron a dos individuos de la especie que entraron y permanecieron en corrales de pesca dentro de la bahía. Según los expertos, se trata de un hecho inédito desde el punto de vista científico y abre el camino a nuevas líneas de investigación.
La tortuga boba (caretta caretta) suele vivir en zonas oceánicas y se alimenta principalmente de crustáceos, como camarones y langostas.. Aún se estudia la presencia más constante en aguas internas de la Bahía de Guanabara.
La bióloga Larissa Araujo, del Proyecto Aruanã, explica que informes antiguos indicaban apariciones esporádicas, pero sin registros sistematizados. “No tenemos información previa sobre la ocurrencia de la especie dentro de la bahía, solo reportes ocasionales realizados por pescadores, quienes informaron que su presencia era más rara. A partir de julio de 2025, estos registros comenzaron a incrementarse y también comenzó a darse su ingreso a corrales de pesca”, afirmó.
Según ella, la principal hipótesis es que los animales encuentran condiciones de alimentación favorables.
“Esta especie tiene hábitos más oceánicos que costeros o estuarinos, pero puede estar encontrando abundante disponibilidad de alimento en el interior de la Bahía de Guanabara”, dijo.
Para comprender el fenómeno, el Proyecto Aruanã prepara una nueva etapa de monitoreo con transmisores satelitales. El objetivo es identificar rutas, duración de la estancia y zonas preferidas dentro de la bahía.
Larissa destaca que, si bien la región puede ofrecer alimentos, también presenta riesgos importantes para la supervivencia de los animales. “Son varias las actividades de origen humano que ocurren en la Bahía de Guanabara. Podemos mencionar el contacto constante con aguas contaminadas, colisiones con embarcaciones, ingesta de desechos sólidos y captura accidental en artes de pesca”, advirtió.
Guapimirim (RJ), 16/10/2024 – Vista del bosque de manglares en la Bahía de Guanabara. Foto-archivo: Fernando Frazão/Agência Brasil – Fernando Frazão/
La coordinadora general del proyecto, la bióloga Suzana Guimarães, afirma que aún no es posible vincular directamente la reaparición de las tortugas con una mejora ambiental en la bahía.
“No es posible afirmar si existe una relación directa entre una mejora en la calidad ambiental de la Bahía de Guanabara y la ocurrencia de tortugas marinas, ya que las acciones efectivas encaminadas a la limpieza y monitoreo de estas especies aún son limitadas”, explicó.
Pese a ello, considera que los registros revelan la capacidad de recuperación ambiental de la región.
“Estos registros son importantes para demostrar que la Bahía de Guanabara, a pesar de la gran contaminación aún presente, es resiliente y sigue albergando una enorme biodiversidad”, afirmó.
El seguimiento actual también depende de la colaboración de pescadores y vecinos, quienes informan de los avistamientos al proyecto a través de redes sociales y canales de comunicación. Además, cuando los animales quedan atrapados en corrales de pesca, equipos especializados realizan marcados, recopilación de datos biométricos y evaluaciones de salud antes de su liberación.
“El conocimiento de la frecuente ocurrencia de esta especie en la Bahía de Guanabara, para nosotros los investigadores, es algo reciente y, gracias a la colaboración con los pescadores artesanales, ahora estamos teniendo acceso a esta preciosa información”, dijo Suzana.
caso jorge
El tema cobró repercusión en 2025 con el caso de Jorge, una tortuga boba macho que vivió alrededor de 40 años en cautiverio en Argentina y fue devuelta al mar luego de un proceso de rehabilitación. Vigilado por satélite, el animal sorprendió a los investigadores cuando entró en la Bahía de Guanabara pocos meses después de su liberación.
“Hasta el día de hoy, los pescadores dicen que siguen intentando encontrar a Jorge. Todo eso despierta en las personas un sentido de conservación, además de estimular el interés por las cuestiones ambientales”, dijo Suzana.


