Cobrar 25.000 euros por no conducir, una “absoluta estupidez”, “una libertad que no se puede comprar”

El gobierno maltés, que quiere combatir los atascos y la contaminación que estos generan, propone una idea radical para limitar el número de coches que circulan por la isla. El de ofrecer 25.000 euros a los menores de 30 años que ya lleven siete años conduciendo en Malta y que acepten renunciar a su permiso de conducir durante cinco años. Buena idea o no, 20 minutos preguntó a sus lectores qué piensan y si aceptarían tal propuesta. Y sus respuestas claras no se hicieron esperar.
Es mejor decirlo desde ya: se trata de una medida que está lejos de ser agradable e incluso profundamente divisoria, a juzgar por los numerosos testimonios recogidos. La medida suscita claramente más “no” que entusiasmo. Más que un simple debate sobre el automóvil, pone de relieve las profundas desigualdades en el acceso a la movilidad. Algunos incluso rechazan el principio de incentivo financiero. “¡No, y sin embargo no me gusta conducir! ¡No compramos gente!”, se indigna un lector, mientras que otros denuncian una “idea completamente ridícula”, como Jean-Philippe, que declara que se trata de “una estupidez absoluta: en la gran mayoría de los casos, tomamos nuestro vehículo por obligación”.
Detrás de estas reacciones, hay una preocupación: la de una limitación encubierta, o incluso una disminución de las libertades individuales. Porque para muchos de nuestros lectores el coche sigue siendo sinónimo de independencia. “El vehículo permite una libertad de ir y venir que no se puede comprar”, resume Pascal. La misma historia con Marc, para quien dejar de conducir supondría perder “una cierta idea de autonomía”. O incluso Brigitte: “No, valoro demasiado mi independencia, tenemos suficientes obligaciones y reglas en la vida. »
Una medida considerada inadecuada para las realidades rurales
La crítica más recurrente, sin embargo, se refiere a las desigualdades territoriales. En las zonas rurales o periurbanas, renunciar al coche parece simplemente imposible, incluso por dinero. “Dos autobuses por día, […] No es manejable”, explica Frédéric, que depende de su vehículo para trabajar y gestionar su vida familiar. La misma observación para Sébastien: un viaje de diez minutos en coche se convierte en “entre cuarenta y cinco minutos y una hora en transporte público”.
Para otros, la falta de una alternativa es aún más radical. “Sin coche no hay ingresos”, dice un profesional obligado a transportar equipos. Estos testimonios convergen hacia la misma conclusión: sin una red de transporte público densa y eficiente, la medida corre el riesgo de penalizar sobre todo a la población rural. “idea tonta […] contra la gente del campo”, dice un lector.
No alcanza para tantos sacrificios
El importe de la prima en sí no convence. “Son sólo 5.000 euros al año durante cinco años. Demasiado poco. Además, si tengo que viajar largas distancias, ¿qué hago? », dice un lector. Una suma considerada demasiado baja para muchos otros, teniendo en cuenta las limitaciones impuestas y los sacrificios solicitados. Otros se muestran irónicos sobre la aplicabilidad de la medida. “Me gustaría comprar un coche nuevo. Y cómo van a comprobar que no estás conduciendo. Otra fábrica de gas”, ríe un lector.
“Por 25.000 euros, pero al año durante cinco años, quiero pensarlo”, afirma otro, subrayando aún la diferencia entre la propuesta financiera y los sacrificios que supone privarse de la conducción. Algunos, que ya no tienen coche, dan testimonio de los ahorros realizados y de un estilo de vida viable en un entorno urbano. Emeline, pragmática, hace sus cuentas: “Al no tener un coche, sólo los ‘ricos’ realmente pueden permitírselo, aunque a primera vista parezca contradictorio teniendo en cuenta el coste de un vehículo. Entre los ‘pobres’, esto se soporta, aunque les mantenga en la pobreza. »
Voces más matizadas, bajo condiciones
A pesar de este rechazo mayoritario, algunos testimonios son más abiertos. Christine considera la idea “interesante”, a condición de experimentarla durante un período de tiempo más corto. Tomás estaría a favor de ello, pero sólo “viviendo cerca de [son] El factor determinante sigue siendo, de hecho, el lugar y el modo de vida: la medida “beneficiaría especialmente a los residentes urbanos acomodados, que ya pueden prescindir de un coche”. Cómo dar a los ricos…”, dice un lector. “En la ciudad firmo enseguida; en el campo es imposible”, resume Mahé. “¡Así que debemos prohibir las huelgas en el transporte público! », dice Léa con humor.
Muchos enfatizan que una política de este tipo sólo puede funcionar con un transporte público eficiente, o incluso con vehículos compartidos o soluciones alternativas como las bicicletas eléctricas. Algunos incluso proponen otras opciones, como la gratuidad del transporte o el desarrollo de los “proxitravail”, espacios en zonas rurales y periurbanas que permiten trabajar cerca de casa y limitar así los desplazamientos para sustituir la movilidad incurrida.

