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¿Es posible el helado bajo en calorías? Charles Leclerc nos conoce

Del piloto de carreras a la heladería, sólo hay un golpe de acelerador. Gran aficionado a los postres helados, Charles Leclerc dirige ahora su propia marca de… helados bajos en calorías. La idea es poder comértelo sin sentirte culpable y seguir poniéndote tu ya legendario mono rojo. “El helado me transporta a mi infancia. Los domingos veíamos en familia las carreras de coches y el helado estaba allí a menudo”, confiesa el deportista a 20 minutos con motivo de la presentación de la última incorporación de la marca en Milán.

En la base de la LEC, a Charles Leclerc y Federico Grom rápidamente se unieron Guido Martinetti, el “mago del hielo”, como lo apodan sus equipos, y Nicolas Todt, manager del piloto. Para satisfacer las exigencias de los deportistas, se han multiplicado los intentos de desarrollar un helado bajo en calorías, sin renunciar al sabor. “Quería poder comerlo más a menudo, pero el helado tenía que estar bueno, sin demasiada grasa ni azúcar. Aquí es donde entra en juego Guido”, explica Charles Leclerc. Si el helado en cuestión no tiene nada que envidiar a sus competidores en términos de sabor (sí, lo probamos), una propuesta así plantea dudas sobre su contenido.

Fibra en lugar de azúcar

¿Por qué los demás no pensaron en eso? Podemos hacernos la pregunta y ser escépticos ante una receta que se supone combina delicia y ausencia de azúcar (al menos para el helado). Según Charles Leclerc y Guido Martinetti, esto se debe a la adición de fibra, “que permitió reducir el azúcar y las grasas”. Los helados contienen específicamente polidextrosa, derivada del maíz, e inulina, derivada de la achicoria. Ingredientes que “aportan textura y cremosidad”, explica el “mago” detrás del producto.

Sin embargo, la marca no se vende como orgánica o natural. También admite haber usado edulcorantes. Estos últimos, que se pueden encontrar en determinadas bebidas light o sin azúcar, se utilizan como sustitutos de las grasas y el azúcar. Si bien esto permite reducir el contenido calórico sin perjudicar el sabor (algunos son potenciadores del sabor), este tipo de helado no sustituye, obviamente, a un alimento naturalmente rico en fibra. Debe percibirse, como todo dulce de este tipo, como un placer, para no desarrollar ni mantener una atracción por los sabores dulces.

No más de 399 calorías por frasco.

Más allá de los ingredientes utilizados, la marca LEC se ha marcado un objetivo: no superar nunca las 399 calorías por bote. Actualmente, los sabores que se ofrecen oscilan entre 335 y 399 kcal por un tarro de 460 ml, o entre 130 y 150 kcal por 100 gramos. En otros tres competidores conocidos, los valores observados rondan las 250 kcal, o incluso hasta 300 kcal, por 100 gramos. Una diferencia que también se encuentra en la tabla nutricional. Más detalladamente, el helado de Charles Leclerc contiene tres veces menos grasa, la mitad de azúcar y más fibra dietética (alrededor de 9 gramos, frente a casi nada de los demás).

La marca cree que puede ir aún más lejos: “Hay un elemento decisivo, son los trozos que se encuentran dentro del hielo. Estos trozos contienen poca agua, como el chocolate, por ejemplo, por lo que debemos reequilibrar la cantidad de trozos sólidos para bajar aún más este umbral de 399 calorías”, asegura Guido Martinetti. Este último también revela su secreto para obtener una textura cremosa capaz de hacerte olvidar el bajo contenido calórico. “La clave es tener burbujas de aire muy pequeñas en el helado para que quede cremoso y lleno en la boca al probarlo”, explica.

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Chocolate, vainilla, pistacho, caramelo y avellanas componen la oferta de la marca, que no pone límites a la hora de desarrollar otros sabores. “Lo que me gusta es el contraste con lo que se siente en la boca y el nivel calórico real”, confiesa Charles Leclerc, encantado de poder disfrutar de este placer culpable. Pero aún así, con moderación.

Juan Pablo Broin

Es editor jefe con formación académica en periodismo, cursada en una universidad de Buenos Aires, Argentina. Su enfoque combina rigor informativo y criterio editorial, con especial atención a la verificación de fuentes y la claridad en la narrativa.

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