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Chimpancés, orcas, cuervos… Dentro de una misma especie, ciertos animales desarrollan su propia cultura

Los animales son fascinantes y cada día nos lo muestran más. Aunque es bien sabido que tienen personalidad, los investigadores del comportamiento animal llevan desvelando desde mediados del siglo pasado un elemento que compartimos con nuestros amigos animales: la cultura. Algunos de ellos adoptan comportamientos independientes de la genética y del entorno que sus congéneres de la misma especie no tienen y que transmiten de generación en generación.

Las primeras descripciones de cultivo en animales se remontan a los años 50, entre macacos del norte de Japón. En la década de 1960, fue el trabajo de Jane Goodall, famosa etóloga, quien reveló que los animales utilizan herramientas, lo que abrió el camino para trabajar sobre el tema. En 1999 se publicó un artículo científico pionero: los investigadores “enumeraron una gama de usos de herramientas o comportamientos sin herramientas, por lo tanto de cultura intangible, que variaba según los lugares de estudio dentro de una misma especie”, explica Sabrina Krief, profesora del Museo Nacional de Historia Natural y directora del Proyecto Chimpancé Sebitoli.

Uso de herramientas en chimpancés

Estos comportamientos propios de un grupo de individuos se observan principalmente en animales “que tienen una inteligencia superior”, señala Damien Jayat, autor de ¿Tienen los animales una cultura? (Ediciones Edp Ciencias, 2010). Entre ellos se incluyen primates, cetáceos o determinadas aves. Este es también el comportamiento de los chimpancés que Sabrina Krief estudia desde 2008 en el Parque Nacional de Kibale, en Uganda.

Los grupos de chimpancés pueden desarrollar su propia forma de cavar en la tierra o buscar miel.– R. Bretón / VWPics / Sipa

En un artículo publicado en mayo, ella y su equipo informaron haber descubierto que los chimpancés en el norte del parque, en Sebitoli, “usaban palillos para cavar en el suelo, buscar miel y extraer productos de las abejas”, algo que otras comunidades de chimpancés en el parque no hacen. Como el área estudiada es relativamente pequeña, las diferentes comunidades del parque “tienen casi los mismos genes y evolucionan en el mismo entorno”, precisa el investigador. Por lo tanto, hay “pocas posibilidades de que haya una variación ambiental lo suficientemente fuerte como para explicar estas diferencias”.

Estas no son las únicas diferencias culturales que los primatólogos han observado entre los chimpancés: para la seducción, por ejemplo, “algunas comunidades golpean con los talones, otras golpean el tronco con los dedos, algunas imitan la cópula sexual”… Tantas variantes culturales que cumplen la misma función y buscan el mismo resultado.

Técnicas de caza muy culturales.

Entre los cetáceos, las orcas ilustran especialmente bien este concepto: no todos utilizan las mismas técnicas de caza. “Frente a la costa de Argentina, hay un grupo donde las hembras cazan lobos marinos encallándose intencionalmente en la arena para atraparlos antes de regresar al agua con movimientos corporales”, describe Damien Jayat. Una técnica “hiperpeligrosa porque pueden morir si quedan varadas” que aprenden y transmiten a sus crías, y “que sólo observamos en este grupo de animales y no en otras orcas”.

Siguiendo el mismo principio, el cuervo de Nueva Caledonia, endémico del archipiélago, corta tallos de hojas grandes con las que caza insectos. Pero “no van a cortar los tallos con la misma forma según las poblaciones”, informa Damien Jayat, prueba, una vez más, de un comportamiento cultural en estos animales.

La idea de cultura animal ha ganado terreno

Esta observación de una cultura animal puede haber sido sorprendente, “sobre todo teniendo en cuenta la tradición, particularmente cristiana y católica, según la cual el hombre es necesariamente muy diferente de los animales”, señala Damien Jayat. Por ello, la cultura ha sido considerada durante mucho tiempo como la característica del hombre, el elemento que lo diferencia. Entre los especialistas en comportamiento animal, en cambio, “no hay ninguna razón para que esta noción de cultura deba reservarse para los humanos”, y este término “está aceptado en la comunidad”.

“A menudo teníamos la impresión de que, al poner una especie en un entorno, se comportaría igual en todas partes”, confirma Sabrina Krief. Pero al final nos dimos cuenta “de que el mismo entorno no produce los mismos efectos y que los animales no son máquinas que sólo responden a hormonas o estímulos sensoriales”, continúa el profesor. Por tanto, los individuos de la misma especie pueden aprender cosas diferentes, no comprender las mismas cosas y no querer hacer las mismas cosas. Definitivamente tenemos mucho más en común con los animales de lo que pensamos.

Juan Pablo Broin

Es editor jefe con formación académica en periodismo, cursada en una universidad de Buenos Aires, Argentina. Su enfoque combina rigor informativo y criterio editorial, con especial atención a la verificación de fuentes y la claridad en la narrativa.

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