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Con las olas de calor, ¿las algas verdiazules nos privarán de nadar en agua dulce?

¿Alguna vez has tenido que renunciar, con sudor en la frente y lágrimas en los ojos, a nadar en un río o masa de agua debido a las cianobacterias, también conocidas como algas verdiazules? Es posible que estas prohibiciones, impuestas por los ayuntamientos siguiendo el consejo de las agencias sanitarias regionales (ARS), prosperen este verano, porque las olas de calor aumentan la temperatura del agua, lo que favorece la proliferación de cianobacterias.

Además del calentamiento global, la contaminación por fertilizantes y los vertidos de las plantas de tratamiento de aguas residuales (desbordamiento durante las tormentas, por ejemplo) ayudan a explicar por qué la frecuencia y la intensidad de la proliferación de algas verdiazules han aumentado considerablemente en los últimos 50 a 60 años. Si bien existen cientos de miles de cianobacterias, muchas de las cuales permitieron la aparición de seres vivos mediante la producción de oxígeno en los océanos hace tres mil millones de años, algunas son peligrosas para los humanos y los animales.

Principio de precaución

“Cuando aumenta la temperatura, los procesos biológicos, incluida la fotosíntesis, son más rápidos. Esto aumenta la probabilidad de que se produzcan episodios de eflorescencia”, confirma Sébastien Duperron, profesor del Museo de Historia Natural de París y especialista en ecología microbiana. Sin embargo, es imposible predecir dónde y cuándo estas cianobacterias comprometerán la natación. Porque la temperatura del agua no es un criterio suficiente. “No existe un umbral de alerta, ya que existen cepas variadas a las que les gustan diferentes temperaturas”, explica Muriel Gugger, directora del departamento de microbiología del Instituto Pasteur.

Por ello, la calidad del agua se analiza periódicamente, antes de la temporada y durante el verano. Si entre los microorganismos presentes se alcanza un determinado umbral de clorofila, el pigmento que da el color verde a las plantas, podrían tratarse de cianobacterias o microalgas. Sin embargo, como medida de precaución, las autoridades cerrarán la natación mientras realizan pruebas para detectar posibles toxinas producidas por algunos de estos microorganismos.

Pruebas de toxinas

Entre estas toxinas, la microcistina, por ejemplo, puede ser peligrosa para los humanos. “Es una hepatotoxina, por lo que es tóxica para el hígado por ingestión y por inhalación”, explica Sébastien Duperron. La fauna lacustre puede sufrir, e incluso morir, por un efecto de acumulación en sus cuerpos. Es otra toxina, la anatoxina, la responsable de la muerte de los perros.

“Estos microorganismos producen una diversidad de moléculas que apenas conocemos”, afirma Benjamin Marie, ecotoxicólogo del Museo de Historia Natural de París y director de investigaciones del CNRS. Recién estamos comenzando a describirlo. » Para Muriel Gugger, del Instituto Pasteur, el aspecto turbio del agua es una señal de alerta. “Les digo a todos mis alumnos: si cuando entras en los primeros diez centímetros de agua para nadar no puedes ver tus pies, tienes que salir. »

Agua turbia, ¿peligro?

El microbiólogo recuerda que las cianobacterias son capaces de producir neurotoxinas, hepatotoxinas, citotoxinas y dermatotoxinas y que podemos encontrarnos “nadando en un baño de bacterias”. Si los efectos son limitados en adultos, se advierte en el caso de niños pequeños que pueden tragar una gran cantidad. “Pensarás que fue el yogur del picnic el que no era bueno y le provocó la diarrea. Pero también podría ser lo que tomó en el agua porque la dosis ingerida es necesariamente más fuerte para él. »

La naturaleza turbia del agua también puede atribuirse a “sedimentos en suspensión”, pone en perspectiva Sébastien Duperron, precisando que cuando el agua está verde, se trata de “cianobacterias o microalgas”. Sin embargo, enfrió el entusiasmo de quienes habían planeado lanzarse de cabeza al agua clara para darse un baño salvaje: “Es posible que haya habido una eflorescencia justo antes. Y cuando las cianobacterias mueren, las toxinas pueden permanecer disueltas en el agua durante algunos días”.

Aunque hasta la fecha no se ha registrado ningún envenenamiento humano mortal en Francia, es necesario extremar las precauciones.

Juan Pablo Broin

Es editor jefe con formación académica en periodismo, cursada en una universidad de Buenos Aires, Argentina. Su enfoque combina rigor informativo y criterio editorial, con especial atención a la verificación de fuentes y la claridad en la narrativa.

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