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Drones, sensores, observaciones… ¿Cómo se monitorizan los acantilados?

Con el sonido de un trueno y en unos pocos segundos, un tramo entero de un acantilado en la costa de Biarritz se desplomó este miércoles por la tarde, matando a un buzo que se encontraba debajo; Este jueves aún se buscaba un segundo.

“A diferencia de los deslizamientos de tierra, que generalmente muestran señales de alerta observables a simple vista, los deslizamientos de tierra son muy repentinos y difíciles de predecir sin una amplia campaña de estudio”, presentó 20 minutos Romain Meddour, ingeniero especializado en riesgos naturales de la empresa “Ginger CEBTP”.

Cada vez más intervenciones de emergencia

Por ello, “y debido a la caída de los presupuestos comunitarios”, sus equipos intervienen con mayor frecuencia y “cada vez más tras los corrimientos de tierra, con urgencia, para asegurar la zona y tratar los escombros”. La operación consiste entonces en “purgar” el acantilado, es decir, terminar de retirar los bloques que ya están parcialmente sueltos antes de poder asegurar la fachada, generalmente “con una solución de confort, como vallas”.

Pero también ocurre que Romain y sus equipos intervienen de forma preventiva. “Se trata principalmente de gestores de infraestructuras públicas, rara vez particulares, que nos llaman tras detectar un riesgo, y solicitan un estudio y un trabajo preventivo”, explica el ingeniero geológico afincado en Montpellier.

Drones y sensores en tiempo real

Luego, un equipo acude al lugar para realizar un diagnóstico. En concreto, evalúa el riesgo de ruptura que presenta el acantilado estudiado, describe nuestro especialista: “Para ello, realizaremos pasos con drones para identificar los sectores de riesgo antes de descender con cuerdas para tomar lecturas, medir las grietas, las fallas y, eventualmente, instalar allí sensores que nos informarán directamente de la evolución del espaciamiento”.

Después de determinar el “peligro de ruptura”, el equipo se centra en el “efecto de caída” y el “peligro de propagación”. Entiende: si se cae, ¿es realmente molesto? ¿Cuáles son los riesgos para las poblaciones? ¿Infraestructura? Y es a partir de estos arbitrajes que se toma la decisión de intervenir o no.

Y si el cambio climático amplifica los fenómenos meteorológicos, “cada estación presenta sus agravantes. La primavera y, sobre todo, el otoño, con sus lluvias abundantes y violentas, sobre todo en la región mediterránea, que vuelven a inflar la arcilla que se había encogido bajo el efecto del calor y empujan las rocas”, concluye Romain Meddour. Por el contrario, en invierno, “las heladas hacen que el agua se hinche en los intersticios de las rocas y provoque marejadas”.

Juan Pablo Broin

Es editor jefe con formación académica en periodismo, cursada en una universidad de Buenos Aires, Argentina. Su enfoque combina rigor informativo y criterio editorial, con especial atención a la verificación de fuentes y la claridad en la narrativa.

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