El Plan Clima 2024-2035 se centra en la adaptación y mitigación del gas

El Plan Nacional de Cambio Climático, o Plan Climático, lanzado por el gobierno federal este lunes 16, tiene el potencial de reorganizar la economía nacional y representa una oportunidad para que el país replantee su modelo de desarrollo con justicia social. La postura la recoge el IPAM (Instituto de Investigaciones Ambientales de la Amazonia) en un comunicado de prensa.
“El Plan Clima es consecuencia del compromiso internacional de Brasil con la adaptación y mitigación del cambio climático, reafirmando el liderazgo en la agenda socioambiental y aportando credibilidad al país. El documento presenta el potencial para reorganizar nuestra economía, ya que refleja la oportunidad de colocar a Brasil como proveedor global de servicios y productos bajos en carbono. Es una invitación para que el país replantee su modelo de desarrollo, fortaleciendo el mercado interno, la bioeconomía y creando empleos a través de una transición justa”, evalúa André Guimarães, director ejecutivo del IPAM.
La publicación del Plan Clima, en el Día Nacional de Concientización sobre el Cambio Climático, es el resultado de tres años de coordinación interministerial entre los gobiernos estatales, municipales y la sociedad civil. El Plan Climático es un instrumento de la Política Nacional de Cambio Climático, establecida en 2009.
El Plan Clima 2024-2035 se organiza en tres ejes principales: adaptación al cambio climático, mitigación de gases de efecto invernadero y estrategias transversales de acción climática.
La Estrategia Nacional de Adaptación cuenta con 13 lineamientos, 9 objetivos, 12 metas nacionales y 16 planes sectoriales, conformados por 312 metas sectoriales a alcanzar a través de 810 acciones. La Estrategia Nacional de Mitigación tiene 10 directrices, 12 objetivos y una meta nacional (la reducción de emisiones entre 59% y 67% para 2035, que está incluida en la Contribución Determinada a Nivel Nacional de Brasil); además de 8 planes sectoriales, con más de 50 metas sectoriales y más de 240 acciones.
Implementación
“El Plan Clima da lógica de implementación a las acciones que nos harán cumplir con nuestra Contribución Nacional Determinada. Una vez más, la cuestión se cierne sobre el financiamiento y las políticas públicas para subsidiar las acciones delineadas”, dice Guimarães.
Una de las estrategias transversales que presenta el documento aborda específicamente los medios de implementación y buscará aunar recursos de fuentes públicas y privadas para viabilizar las medidas.
Frenos a la deforestación
El director ejecutivo del IPAM agrega: “Se espera que el Plan Climático proporcione una mayor velocidad en la recuperación de los activos naturales por parte de la agroindustria y el fin de la deforestación”.
Según el SEEG (Sistema de Estimación de Emisiones y Eliminaciones de Gases de Efecto Invernadero), el 42% de las emisiones nacionales brutas en 2024 se debieron a cambios en el uso del suelo, como la deforestación. Del área deforestada, más del 90% corresponde a actividad ilegal, según el Informe Anual de Deforestación, de la Red MapBiomas.
Las medidas anunciadas en el Plan Clima están precisamente enfocadas a controlar la deforestación ilegal y reducir la deforestación legal para 2035. La mención de posibles frenos a la deforestación dentro de propiedades rurales privadas se mantuvo como tendencia para 2050.
“El Cerrado, por ejemplo, es un bioma que tiene más de la mitad de su excedente de vegetación nativa en propiedades privadas. Como el Código Forestal permite la tala del 80% de esta vegetación, necesitamos mecanismos financieros que inviertan la lógica actual, en la que sigue siendo económicamente ventajoso y más fácil deforestar. Es necesario proporcionar incentivos y facilidades para demostrar, en la práctica y en el bolsillo, que vale más mantener la vegetación en pie que deforestar”, dice Guimarães.
Desde 2021, el IPAM desarrolla el proyecto CONSERV, que paga a las propiedades rurales por mantener la vegetación nativa más allá de lo que exige la ley. Hasta 2024, más de 20 mil hectáreas estaban protegidas, la mayoría en el Cerrado brasileño.


