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Por cierto, ¿qué significa “electrificar” su economía?

Oriente Medio está en llamas, el precio del barril se dispara y el boicot a Rusia continúa… Ante este escenario, el gobierno de Sébastien Lecornu ha propuesto un vasto plan destinado a acelerar la “electrificación” de la economía francesa, en particular con “una asignación de los excedentes de ingresos fiscales vinculados al aumento de los precios de los combustibles” reinvertidos en este plan. ¿En qué consiste esta electrificación de la economía? 20 minutos hace balance.

¿Qué significa electrificar su economía?

En Francia, la electricidad sólo representa el 25% del consumo total de energía, asegura Nicolas Golberg, experto en energía de Colombus Consulting. “Electrificar la economía significa aumentar la electricidad en nuestra combinación energética”, explica. Francia importa el 99% de su petróleo, el 100% de su gas y el 100% de su carbón, lo que la hace muy dependiente de los conflictos internacionales, como vemos actualmente con la guerra de Irán y la de Ucrania. Por el contrario, el país produce más electricidad de la que consume, en particular gracias a su flota nuclear.

Electrificar la economía tiene muchas ventajas, cuyo orden de importancia varía según los acontecimientos actuales. “Las razones medioambientales se han invocado desde hace mucho tiempo, pero hoy la cuestión es más bien la soberanía energética y el precio”, analiza María-Eugenia Sanin, coordinadora del grupo de investigadores de Economía Aplicada del Centro Económico Paris-Saclay.

¿Cuáles son los principales sectores afectados?

Se dirigen principalmente a dos sectores: el transporte y la industria, explica María Eugenia Sanín. En conjunto, estos sectores representan el 65% de la energía no eléctrica utilizada en Francia.

El transporte representa el 33% del consumo total de energía en Francia y está muy poco electrificado (entre el 1 y el 2% del consumo de transporte es eléctrico). En la práctica, el transporte por sí solo consume la mitad de la energía no eléctrica, incluidos casi dos tercios de los productos petrolíferos utilizados en Francia.

La industria representa alrededor del 20% del consumo energético. La electricidad está un poco más presente allí: alrededor del 25-35% según el año y el subsector (procesos electrointensivos como el aluminio, la química, etc.). El sector equivale entre el 15 y el 18% del consumo no eléctrico.

¿Es esto posible en todas partes?

Existen ciertos límites, advierte Lamis Aljounaidi, economista energético de Paris Infrastructure Advisory. A veces son técnicas: “todavía no existen aviones propulsados ​​por baterías capaces de realizar viajes tan largos”, ilustra el investigador. En otros casos, la electrificación se ve superada por una realidad económica: en la industria, “la calefacción a temperaturas muy altas resulta a menudo mucho más barata con energía fósil”. ¿Por qué pagar más por el mismo servicio en un mundo ultracompetitivo?

Sin embargo, con la explosión del precio del petróleo, la electricidad vuelve a ser competitiva. Así, con la crisis del Estrecho de Ormuz, la compra de coches eléctricos se ha disparado en las últimas semanas. “También existen obstáculos psicológicos o estructurales”, afirma Nicolas Golberg. Por ejemplo, si conducir eléctrico es ahora más barato que utilizar gasolina, “algunos usuarios todavía se niegan a comprar un coche eléctrico porque requiere algunos cambios de hábitos”.

¿Qué se debe hacer?

“Poner más voluntad política”, sonríe María Eugenia Sanín. En el transporte, por ejemplo, existen dos palancas de incentivos. “O animar a la gente a que deje de utilizar el coche y, por tanto, crear un transporte público eficiente, numeroso, puntual y económico, o animarles a pasarse al coche eléctrico, es decir, con suficientes estaciones de carga, un nivel de precios…” En ambos casos, las medidas actuales son insuficientes.

Nicolas Golberg pone el ejemplo de las flotas de empresas: “Se trata principalmente de vehículos térmicos, porque no hay ningún incentivo público ni bonificación para comprar vehículos eléctricos. Sin embargo, los franceses suelen comprar coches usados, procedentes de flotas profesionales. Si estas flotas son eléctricas, los coches individuales también serán eléctricos en unos pocos años”.

Una observación que se puede hacer en otros sectores. “Hay que aumentar las bombas de calor en las viviendas y, por ejemplo, prohibir la venta de calderas de gasoil en las viviendas nuevas”, continúa el experto.

¿Hay alguna desventaja?

En Francia continental, “no tanto”, estima Lamis Aljounaidi. El país produce electricidad abundante y con bajas emisiones de carbono y ha relanzado un ambicioso programa nuclear que debería impulsar su producción. Pero en general, “Francia sólo se beneficia de una mejor electrificación de su economía”.

Juan Pablo Broin

Es editor jefe con formación académica en periodismo, cursada en una universidad de Buenos Aires, Argentina. Su enfoque combina rigor informativo y criterio editorial, con especial atención a la verificación de fuentes y la claridad en la narrativa.

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