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“Desdichas que se suceden”… ¿Puede el país caer en una forma de anarquía?

El país sigue temblando. Este lunes, un nuevo temblor sacudió Venezuela, cinco días después del doble terremoto de magnitud 7,2 y 7,5 que dejó al menos 1.450 muertos y 50.000 desaparecidos, según Naciones Unidas. Al menos 774 edificios se vieron afectados por los temblores, incluidos 189 edificios completamente derrumbados, según las autoridades.

Para los locales todo es urgente. Gracias a tres organizaciones locales ya presentes en el lugar, la ONG Care France ha tomado medidas, en particular en los campamentos de desplazados que se están instalando en La Guaira, especialmente afectada. “¿Cómo se atiende a los supervivientes?” Ésta es la cuestión y en lo que estamos trabajando, explica Adéa Guillot, portavoz de la ONG Care France, particularmente sensible a la suerte de las mujeres y las niñas en estas crisis. Cómo distribuimos kits de dignidad, comida y bebida y, sobre todo, cómo podemos estar al lado de la población, especialmente psicológicamente. »

Diez años de crisis

“Siempre trabajamos con las autoridades locales”, añade Adéa Guillot. Todavía lleva algún tiempo organizar la respuesta, sea cual sea el país”. Sin embargo, el desastre agrava una situación humanitaria “ya sensible”, reconoce, en una Venezuela azotada por una gran crisis económica y malestar político recurrente. Así que no sólo retumba el suelo, sino también sus habitantes.

Enlutados y enojados, denuncian la lentitud y la insuficiencia de la ayuda procedente del Estado, la pasividad del ejército, mientras disminuyen las esperanzas de encontrar supervivientes entre los escombros y aumentan los saqueos. “Es una ira alimentada por una situación de crisis que dura ya diez años y por desgracias que se suceden una tras otra sin que la población vea el final”, descifra Thomas Posado, profesor de civilización latinoamericana en la Universidad de Rouen. El resultado es una desconfianza total de la población hacia el ejecutivo, alimentada por años de corrupción y destrucción de los servicios públicos.

En respuesta, el gobierno militarizó la zona de Guaira y restringió el acceso a todo el estado. Para entrar ahora se requiere un pase, que debe obtenerse del ejército en Caracas. “Es una decisión comprensible por razones de gestión del orden público o de priorizar el acceso a la ayuda, pero la desconfianza es tal que todo se toma como una forma de robar o coartar el derecho a la información”, subraya el conferenciante.

¿Un escenario haitiano?

“Ya era un país en ruinas incluso antes del terremoto”, asegura el autor de Venezuela: de la Revolución al colapso (ed. Presses universitaire du Midi), que apunta a una crisis multifactorial, agravada por las sanciones estadounidenses. Si los lazos diplomáticos se habían restablecido entre Caracas y Washington desde la operación estadounidense “Absolute Resolve”, que provocó la captura y exfiltración a Estados Unidos del expresidente Nicolás Maduro y su reemplazo por la nueva líder Delcy Rodríguez, la vida cotidiana no había mejorado para los habitantes.

“En general, era el mismo equipo el que estaba en el poder y las condiciones de vida no habían cambiado”, afirma Tomás Posado. Los atisbos de esperanza que generó el derrocamiento de Maduro, sin que la gente se adhiriera al método, ya se estaban desvaneciendo incluso antes del terremoto. Aunque se avecina una reconstrucción lenta y dolorosa, el experto no oculta su preocupación. Supervisión limitada por parte de Washington, gobierno impopular, deuda de 240 mil millones de dólares… Enumera las amenazas que pesan sobre Caracas. “Si no se permiten ayudas reales y un margen de maniobra financiero al Estado venezolano, existe un riesgo de implosión de la sociedad que no es insignificante”, señala. ¿Con el riesgo de que se produzca un escenario similar en la isla de Haití, presa de la violencia de las pandillas?

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“El Estado es mucho más sólido en Venezuela que en Haití, controla gran parte de su territorio. Los grupos armados existen pero no tienen este nivel de poder e influencia sobre la sociedad venezolana”, matiza. Aunque admite: “Por otra parte, no sé cómo puede evolucionar. La situación es tan grave y el Estado es tan deficiente…” Y no es el descubrimiento milagroso de supervivientes, aquí o allá, lo que cambiará nada.

Juan Pablo Broin

Es editor jefe con formación académica en periodismo, cursada en una universidad de Buenos Aires, Argentina. Su enfoque combina rigor informativo y criterio editorial, con especial atención a la verificación de fuentes y la claridad en la narrativa.

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