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“Morimos en silencio”… Fin del traje y corbata, el teletrabajo y el fast fashion, la gran matanza de las tintorerías

Con una manta envuelta en una funda de plástico bajo el brazo, Paolo sale de esta tintorería del centro de Rennes, donde está acostumbrado a hacerlo. O mejor dicho, porque el cincuentón admite que va mucho menos allí que antes. “Me decanté por camisas que no necesitaran planchado por razones de coste y de tiempo”, afirma este cliente, que ahora sólo visita esta tienda muy de vez en cuando. “Para prendas grandes que no caben en mi máquina o para prendas delicadas como el jersey de cachemir de mi hijo, que le importa mucho”, explica.

Dentro de la tienda, la vendedora reconoce que los clientes llevan varios meses escasos. Un caso que no es aislado porque el sector de la tintorería ha experimentado importantes cambios en los últimos años. A mediados de la década de 2000 había alrededor de 10.000, hoy sólo quedan 4.000. Si París y los Alpes Marítimos están muy bien dotados, no ocurre lo mismo con departamentos rurales como las Ardenas, el Gers o el Mosa, que sólo cuentan con 3 o 4 establecimientos por cada 100.000 habitantes.

El Covid y la crisis energética han causado daños

Céline puede dar fe de ello. Con sede en Argentan (Orne), gestiona la única tintorería de esta localidad de 13.000 habitantes, que llegó a tener seis en los años 1980 y 1990. “Salvo en las grandes ciudades o zonas turísticas, para muchos de nosotros es muy complicado”, asegura. Con el endurecimiento de las restricciones medioambientales y los cambios en los hábitos de vestir de los clientes, como el abandono gradual del traje y la corbata, muchas de estas empresas locales bajaron el telón a mediados de la década de 2010.

La crisis de Covid no ha hecho más que amplificar el daño. “La gente estaba confinada o teletrabajando por lo que perdimos muchos clientes que no han vuelto desde entonces”, afirma el comerciante. Todavía tengo clientes habituales pero vienen con menos frecuencia. » Al igual que otras empresas, las tintorerías también han sufrido todo el peso de la crisis energética con un aumento en las facturas que obligó a varias de ellas a cerrar sus negocios.

“Es como cualquier mercado, evoluciona”

Por último, a esto se suma el fenómeno de la moda rápida, con clientes que ahora optan por la cantidad en lugar de la cantidad. “El precio de la limpieza es a veces superior al de la ropa, por lo que la gente prefiere tirarla”, afirma Céline, lamentando la progresiva desaparición de las tintorerías en medio de la indiferencia general. “Morimos en silencio”, se lamenta.

El vicepresidente de la Federación Francesa de Tintorerías y Lavanderías, Stéphane Cohen, tiene una visión mucho menos pesimista sobre la situación del sector. No niega que muchas tintorerías hayan bajado el telón pero, según él, no es porque el mercado se haya desplomado. Lo explica más por el envejecimiento de los directivos “que tiraron la toalla porque no encontraban compradores ni contrataban personal”, explica. Antes de continuar: “Es como cualquier mercado, evoluciona con los hábitos y expectativas de los clientes. »

Una gama ampliada de servicios.

Obligadas a reinventarse, muchas tintorerías han diversificado sus actividades y ya no se limitan a limpiar y planchar la ropa. “Algunos ofrecen servicio a domicilio, otros de lavandería para alquileres de Airbnb, arreglos o alquiler de ropa”, explica el fundador de la empresa Hublo. Ante todo, a sus ojos, hay una renovación de clientes. Entre sus clientes, ve a jóvenes que se alejan de la moda rápida y se centran en la longevidad de sus prendas. “Tienen piezas preciosas y nos piden porque no saben cómo limpiarlas. También nos piden mucho que esponjamos una chaqueta de plumas después del lavado o que limpiemos bolsos y accesorios de lujo. »

Lejos de París y de su clientela adinerada, Céline, que “nació y creció” en la tintorería familiar, también ha ampliado su gama de servicios dirigiéndose cada vez más a los profesionales o vendiendo productos de lavandería o de limpieza. “Esto simplemente nos permite mantener un poco de actividad porque la situación todavía es sombría”, afirma, preocupada por la desaparición de sus conocimientos. Y la conexión con sus clientes.

Juan Pablo Broin

Es editor jefe con formación académica en periodismo, cursada en una universidad de Buenos Aires, Argentina. Su enfoque combina rigor informativo y criterio editorial, con especial atención a la verificación de fuentes y la claridad en la narrativa.

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