Portugal, afectado por siete tormentas en dos meses, recauda 22.000 millones de euros para reconstruir y prevenir

Portugal está aprendiendo lecciones del mal tiempo que lo afectó este año. Tres meses después de la serie de tormentas devastadoras, su gobierno presentó el martes un plan de inversión de 22.600 millones de euros destinado a reconstruir las infraestructuras dañadas y preparar mejor al país ibérico para afrontar nuevas inclemencias del tiempo.
Con cerca de un centenar de medidas que se implementarán hasta 2034, este programa representa “una inversión en seguridad colectiva”, declaró el primer ministro Luís Montenegro. “El importe global del plan asciende a 22.600 millones de euros, repartidos entre inversiones públicas y privadas. Su financiación es principalmente nacional, pero también incorpora una parte de fondos europeos”, afirmó.
Un programa de tres partes
La primera de las tres partes de este programa se refiere a la reconstrucción de las regiones afectadas, donde las tormentas y las inundaciones han causado daños estimados en 5,3 mil millones de euros.
El segundo prevé una dotación de 15.000 millones de euros para proteger mejor al país contra los efectos de las catástrofes naturales, incluida una reforma del sistema de emergencia médica, el refuerzo de las redes de distribución de agua y energía y la construcción de cuatro nuevas presas.
El tercer componente, que asciende a 2.300 millones de euros, se centra en medidas destinadas a mejorar la respuesta a este tipo de mal tiempo, con la creación de un “fondo para catástrofes naturales y sísmicas destinado a un sistema de seguro obligatorio para hogares y empresas”, explicó el jefe del Gobierno de centroderecha.
Siete tormentas en dos meses
Entre el 22 de enero y el 15 de febrero, Portugal se vio azotado por siete tormentas sucesivas, acompañadas de vientos que alcanzaron los 130 km/h, lluvias intensas, inundaciones y deslizamientos de tierra.
Este mal tiempo destruyó muchas viviendas y causó daños importantes, en particular a las estructuras de suministro de agua y energía, así como a servicios públicos como hospitales y escuelas.
Dejaron al menos siete muertos, según datos de Protección Civil, mientras algunos medios locales siguen informando de un saldo mayor, hasta casi una veintena de víctimas directas e indirectas.



