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Jeanne cuenta su traumático parto

“Le haremos una expresión abdominal. Si usted se niega, traeremos al médico y será otra historia. » Jeanne testimonia la violencia obstétrica que dice haber sufrido durante el parto en un hospital público francés. Antes del nacimiento de su hija, había elaborado un plan de parto, un documento cada vez más utilizado por las mujeres embarazadas para formalizar sus deseos y límites para el gran día: tratamiento del dolor, posiciones de parto, presencia de un acompañante o incluso rechazo de ciertos procedimientos médicos.

Un plan de parto no respetado

En teoría, debería servir como medio de discusión con el equipo de salud para promover el consentimiento informado durante todo el seguimiento. En este contexto, había manifestado claramente su rechazo a la expresión abdominal, técnica que consiste en ejercer presión sobre el estómago de la madre para acelerar la expulsión del bebé. Un gesto hoy considerado prohibido en muchas recomendaciones profesionales por los riesgos que puede suponer para la madre y el niño.

Cuando está completamente dilatada, Jeanne permanece en la sala de partos durante casi seis horas. Describe un largo tiempo, sin una explicación precisa de lo que pasó después, con un dolor constante. Se rechaza la epidural, sería “demasiado tarde” para ponérsela. Luego se anuncia la decisión, breve y directa: se realizará una expresión abdominal. A pesar de su negativa inicial, Jeanne afirma que el acto lo lleva a cabo una asistente de guardería. “La matrona lo hizo hacerlo un hombre, por lo tanto con una fuerza física considerable”, susurra.

Secuelas inmediatas y duraderas

Las consecuencias de la expresión abdominal son instantáneas. El ambiente en la sala de partos cambia de repente. Su hija nació en apuros y tuvo que ser llevada a cuidados intensivos de emergencia. Jeanne no puede verla de inmediato. “La llevaron inmediatamente a cuidados intensivos y eso era algo que me perseguía. Tenía pesadillas”.

Después del parto, la carne también queda profundamente cicatrizada: desgarro completo del perineo, daño de los tejidos hasta el esfínter anal. Muy rápidamente, las complicaciones se acumulan. Describe en particular la neuralgia pudenda, una lesión de los nervios que irrigan la zona pélvica y que intervienen en numerosas funciones esenciales, como la micción, la digestión, pero también determinadas sensaciones relacionadas con el placer. Según su relato, el nervio resultó gravemente dañado y requirió varios años de recuperación.

A esto se suma un descenso de órganos y una disyunción de la sínfisis púbica, la articulación ubicada en la parte anterior de la pelvis. Tantas secuelas que, aún hoy, siguen muy presentes. “Sigue siendo un lugar muy doloroso. Ya no puedo andar en bicicleta”, confiesa.

También experimenté una forma de terror por el comportamiento de la partera que no respetó en absoluto mi consentimiento, quien practicó y provocó que me ejercieran violencia física. »

A nivel psicológico, las consecuencias son igualmente graves. Describe noches de insomnio durante casi un año, invadidas por imágenes intrusivas y miedo persistente: “Durante casi un año no dormí más. Vi morir a mi hija. » Luego le diagnosticarán un síndrome de estrés postraumático que vincula directamente a este parto.

Violencia sistémica

Su testimonio se enmarca en un contexto más amplio de denuncia de la violencia ginecológica y obstétrica. Según la primera encuesta nacional sobre consentimiento en ginecología realizada por la asociación StopVOG entre más de 10.000 personas, el 24,5% de las encuestadas declara haber sufrido violencia obstétrica y el 28,7% violencia ginecológica durante su trayectoria asistencial.

El estudio también pone de relieve la cuestión del consentimiento: más de una de cada dos mujeres afirma haberse sometido a un examen y continuarlo a pesar del dolor o del deseo de ponerle fin. Y el 4,1% dice haber estado expuesto a un acto realizado a pesar de una negativa explícita.

Consentimiento para la terrible experiencia en la sala de partos

Veinticuatro años después de la ley Kouchner, que afirma el derecho al consentimiento libre e informado para cualquier procedimiento médico, estas cifras han reavivado los debates sobre las prácticas de maternidad. Sobre todo, cuestionan la posibilidad concreta de negarse a recibir atención en situaciones de emergencia, donde la relación entre pacientes y cuidadores sigue estando profundamente desequilibrada.

Jeanne dice que quería testificar por una sencilla razón: “Me parece importante entender que la violencia que podemos sufrir durante el parto tiene repercusiones para nuestros hijos, nuestras familias y todos los que nos rodean. »

Juan Pablo Broin

Es editor jefe con formación académica en periodismo, cursada en una universidad de Buenos Aires, Argentina. Su enfoque combina rigor informativo y criterio editorial, con especial atención a la verificación de fuentes y la claridad en la narrativa.

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