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Sticks, protección “50+ niño”, productos ecológicos… Cinco preguntas para elegir la protección adecuada

Los días de sol han vuelto (por fin) y, con ellos, las tardes de parque, playa o jardín. Momentos a pleno sol en los que la protección solar es imprescindible. Todavía tenemos que navegar por esta oferta cada vez más abundante. ¿Quién no se ha hecho nunca 1.000 preguntas sobre los estantes “solares” bien surtidos de las farmacias o los supermercados? Para ayudarle a ver las cosas con mayor claridad, aquí encontrará las respuestas a cinco preguntas sobre el protector solar.

¿Son realmente efectivas las barras solares?

“Sí”, decide sin dudar Christine Lafforgue, bióloga y química especializada en las interacciones entre los cosméticos y la piel. Y es incluso mejor que eso: “Es probablemente la presentación más compatible con la protección solar, porque las barras dejan una película bastante espesa sobre toda la piel”, explica el experto. También tienen la ventaja de ser muy grasosos, que es lo que les gusta a las moléculas presentes en los protectores solares, y por tanto permiten obtener “muy buenos índices de protección”.

Fáciles de aplicar, las barras también son muy prácticas para tratar todas las pequeñas zonas sensibles que tendemos a olvidar, como la parte superior de las orejas o el cuello. Y si no estás seguro de qué forma de protección solar adoptar –leche, bálsamo, bruma, gel, etc.–, lo principal es elegir “la que más te convenga y que querrás aplicar”, recuerda el especialista.

¿Hay alguna diferencia entre una crema para niños 50+ y una para adultos 50+?

Si el índice es el mismo, puede haber pequeñas diferencias en los productos para niños, en particular “en cuanto al perfume o al conservante, que pueden no ser del todo iguales. Pero todo se queda ahí”, describe el biólogo. Por tanto, no existe ninguna contraindicación para aplicar una crema para adultos a su hijo.

Sin embargo, hay que tener en cuenta un elemento importante: los niños pequeños no deben exponerse al sol. “A los niños menores de 3 años podemos, por ejemplo, ponerles un producto de protección solar en las piernas cuando están en el cochecito. Pero no los dejamos salir así al sol antes de cierta edad”, recuerda Christine Lafforgue. En un documento sobre los riesgos solares, el Ministerio de Sanidad recuerda en particular que la piel y los ojos son frágiles y más sensibles a los rayos UV hasta la pubertad.

¿Los productos orgánicos y naturales protegen eficazmente?

Existen dos tipos de protectores solares: los minerales, que son naturales, y los sintéticos, también llamados orgánicos. Los naturales, dióxido de titanio y óxido de zinc, “ofrecen menos cobertura UV que si se añaden filtros químicos, cuya protección es más amplia”, compara el biólogo. Las cremas 100% biológicas, cuyos filtros son necesariamente minerales, ofrecen por tanto “una protección importante, pero permanecen menos adheridas a la piel”.

Además, los productos ecológicos deben ser objeto de especial atención en términos de conservación. “Ciertos antioxidantes están prohibidos, por lo que su vida útil es un poco más corta”, explica el especialista. Por tanto, es mejor comprar formatos pequeños, para evitar que el producto permanezca demasiado tiempo en el tubo. Un consejo que se aplica a todos los productos de protección solar al final de las vacaciones o del periodo de exposición: “Definitivamente no los guardamos de un año para otro. »

¿Hay algún componente a evitar?

Hoy en día, hay una molécula que está “un poco en apuros”: el octocrileno, presente en muchos productos solares. Este filtro, que se desgasta con el tiempo al absorber y devolver la radiación solar, produce benzofenona-3, “altamente sensibilizante y alergénica”, advierte Christine Lafforgue. “Está bien para las personas mayores que tienen la piel dura, pero es mejor evitarlo en el caso de los niños”, dice.

La vigilancia debe complementarse con un elemento crucial: “Salvo las vacaciones, donde es un poco excepcional, no utilizamos protección solar todos los días, especialmente en los niños”, sobre todo debido a la presencia de determinados productos alergénicos o sensibilizantes. Pero también, y sobre todo, porque “no hay que exponerse al sol todos los días”, recuerda el experto.

¿Podemos confiar en los pequeños pictogramas de “protección de los océanos”?

Estas indicaciones presentes en los tubos de los productos solares “no tienen ninguna certificación oficial ni reglamentaria”, explica Floriane Boullot, profesora-investigadora en ecotoxicología de Unilasalle Rennes. Sin embargo, “cuando una marca pone esta etiqueta, a menudo invierte con bastante rigor en la elección de los ingredientes”.

Quizás prefiera, por ejemplo, los filtros minerales, que son menos dañinos que los filtros orgánicos. Pero “los productos solares, sean los que sean, todos tienen un impacto”, añade el investigador. Ciertos componentes de nuestros protectores solares contribuyen al blanqueamiento de los corales, a la modificación del aspecto más o menos turbia del agua y también pueden caer al fondo del agua, perturbando todas ellas a las especies marinas.

Si se quiere limitar el impacto de la crema solar en el océano, “hay que evitar en la medida de lo posible los filtros orgánicos”, aconseja Floriane Boullot. La presencia de parabenos, conservantes, también debería ser una advertencia. Puede observar si el filtro UV tiene forma de nanopartículas, que pueden alterar los corales u otras especies. Y “si se utiliza crema, hay que esperar al menos veinte minutos antes de bañarse, para estar seguros de que el producto ha penetrado y no se dispersa en el agua”, concluye el investigador.

Juan Pablo Broin

Es editor jefe con formación académica en periodismo, cursada en una universidad de Buenos Aires, Argentina. Su enfoque combina rigor informativo y criterio editorial, con especial atención a la verificación de fuentes y la claridad en la narrativa.

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