Las mujeres gestionan el 19% de las propiedades rurales, pero sólo controlan el 8,5% de la superficie

La participación femenina en la agroindustria brasileña está creciendo constantemente, pero aún enfrenta barreras estructurales que limitan su desarrollo. estudio “Mujeres en las Cadenas de Valor de los Agronegocios Brasileños”, liderado por la Fundación IDH, en el ámbito del Fondo AGRI3.
El diagnóstico indica que el brecha salarialel acceso restringido a la tierra y el baja representación en puestos de liderazgo y los espacios de discusión aún obstaculizan el avance femenino en el área.
Actualmente, las mujeres manejan aproximadamente 30 millones de hectáreasel equivalente de 8,5% de la superficie rural brasileña. Aunque representan la gestión de 19% de las propiedades rurales del país — 947 mil establecimientos —, la mayoría de estos inmuebles (77,8%) tiene hasta 20 hectáreas, mostrando una concentración en áreas pequeñas, muchas veces ligadas a la agricultura familiar o heredadas.
La desigualdad también se refleja en los ingresos. Justo El 17,4% de las mujeres del sector perciben más de tres salarios mínimosmientras que entre los hombres este porcentaje alcanza 29,8%. El escenario contrasta con los niveles de educación: aunque tienen, en promedio, calificaciones más altas, las mujeres continúan concentrándose en roles menos valorados y con salarios más bajos.
Otro desafío es la baja representación institucional. Justo El 8,6% de los cooperativistas son mujeresreduciendo su participación en los espacios de toma de decisiones y formulación de políticas del sector. Además, 31% de los productores dice no tener acceso a asistencia técnicaun factor que compromete la productividad, la innovación y el acceso a las tecnologías.
Mujeres en las cadenas productivas
El informe analiza el papel de las mujeres en seis cadenas productivas estratégicas: soja, caña de azúcar, cítricos, cacao, café y ganadería, principales rubros del agronegocio del país.
Aunque la presencia femenina ha crecido en todos los sectores, la ganadería destaca como el principal motor de este cambio: entre 2006 y 2017, el número de las mujeres que dirigen explotaciones ganaderas aumentaron un 55%totalizando 450,7 mil directivos. En estas propiedades desempeñan funciones técnicas cruciales, con un 60% trabajando en estrategias reproductivas y un 56% en manejo de salud animal. Las ganaderas liderando toda la operación alcanzaron el 33% de las propiedades.
El desempeño en otros sectores presenta diferentes realidades de ocupación y liderazgo:
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Cacao: Gestionan el 22% de las propiedades (con mayor incidencia en Bahía que en Pará), pero controlan sólo el 13% del área total. La fuerza laboral está compuesta en un 27% por mujeres, teniendo la gran mayoría (93%) vínculos familiares con el productor.
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Cítricos: El liderazgo femenino alcanza el 18% de las explotaciones, mientras que la participación en la fuerza laboral es del 23%, especialmente concentrada en los periodos de cosecha.
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Soja: Representa el 17% de la fuerza laboral en la producción primaria, cifra que se eleva al 34,5% cuando se incluyen los agroservicios. Sin embargo, el acceso a la gestión todavía enfrenta severas barreras culturales, incluida la presión interna para abandonar posiciones de liderazgo.
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Café: La gestión femenina afecta solo al 13,2% de los establecimientos, pero genera un efecto multiplicador: en las fincas lideradas por mujeres, la fuerza laboral está más equilibrada, con un 43% de presencia femenina, frente a solo el 24% en las propiedades administradas por hombres.
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Caña de azúcar: Registra las tasas más bajas de la encuesta, con apenas 8,8% de participación en la fuerza laboral y 5,4% en puestos de liderazgo.
La gestión femenina impulsa la innovación y la sostenibilidad
Además de los indicadores de participación, el estudio destaca diferencias en la forma de gestión. Las propiedades lideradas por mujeres tienden a adoptar prácticas más enfocadas a la responsabilidad social, el bienestar del equipo y la conservación del suelo, favoreciendo modelos productivos más sostenibles y resilientes.
Según el informe, la presencia femenina contribuye a fortalecer la innovación, aumentar la eficiencia operativa y ampliar la capacidad de adaptación de las cadenas productivas ante los desafíos económicos y climáticos.
Las barreras aún limitan el progreso
El diagnóstico identifica seis desafíos estructurales para la inclusión femenina en la agroindustria. Entre ellos se encuentran la sucesión familiar, aún marcada por normas culturales que privilegian a los herederos varones; la dificultad para acceder a la propiedad de la tierra, lo que restringe el crédito; desigualdad salarial; sobrecarga de actividades domésticas; baja participación en organizaciones representativas y ocurrencia de acoso y discriminación.
En el caso de la soja, por ejemplo, la proporción de hombres que ganan más de tres salarios mínimos es casi el doble que la observada entre las mujeres. En la caña de azúcar ocupan sólo 5,4% de los puestos de liderazgo.
“Cerrar las brechas de género en la agroindustria brasileña es a la vez un imperativo moral y una palanca para la resiliencia económica y ambiental”, afirma Luiz Almeida, responsable de la encuesta en la Fundación IDH.
Recomendaciones
El estudio concluye que aumentar la participación femenina en la agroindustria es una estrategia capaz de aumentar la productividad, estimular la innovación y fortalecer la competitividad del sector.
Entre las principales recomendaciones están ampliar el acceso al crédito a través de mecanismos que no dependan exclusivamente de la propiedad de la tierra; fomentar políticas de compra inclusivas, priorizando propiedades propiedad de mujeres; desarrollar programas de formación técnica y de liderazgo adaptados a la realidad de los productores rurales; fortalecer redes de mentoría e intercambio entre mujeres del sector; implementar políticas de transparencia salarial y auditorías para reducir las desigualdades salariales; crear canales seguros para denunciar el acoso moral y sexual; e invertir en infraestructura de apoyo, como guarderías y escuelas de tiempo completo, reduciendo la carga relacionada con el cuidado familiar y ampliando las condiciones para que las mujeres permanezcan en el mercado laboral rural.



