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Comprenda qué es Refis do Agro y por qué el proyecto se convirtió en objeto de disputa

La propuesta de Renegociación de deudas de productores rurales. se convirtió en una de las principales disputas entre el gobierno y el grupo ruralista en este primer semestre.

La propuesta nació con el objetivo de crear un mecanismo para ayudar a los productores afectados por las sucesivas pérdidas provocadas por eventos climáticos extremos, especialmente en el sur del país, donde inundaciones y sequías han afectado la producción agrícola en los últimos años. Sin embargo, a medida que avanzaban las negociaciones en el Congreso, el texto ganó mayor alcance y comenzó a incluir diferentes tipos de deuda, nuevas fuentes de recursos y condiciones más favorables para la renegociación.

Es precisamente esta ampliación la que convirtió el proyecto en uno de los principales puntos de fricción entre el equipo económico, parlamentarios vinculados al agronegocio y, más recientemente, representantes del sistema financiero.

¿Qué prevé el proyecto?

PL (Proyecto de Ley) 5.122/2023 autoriza la creación de líneas especiales para renegociación de deuda de productores rurales afectados por pérdidas climáticas y dificultades económicas, utilizando recursos públicos para financiar operaciones.

El texto prevé una serie de fuentes de recursos, entre ellas el FS (Fondo Social) del presal, el FNO, FNE y FCO (Fondos Constitucionales de Financiamiento del Norte, Nordeste y Centro-Oeste), fondos excedentes supervisados ​​por el Ministerio de Hacienda y la posibilidad de emisión de bonos por parte del Tesoro Nacional para operaciones de extensión de deuda.

En el informe aprobado por la CAE (Comisión de Asuntos Económicos) del Senado, el proyecto incluye ahora no sólo las tradicionales operaciones de crédito rural, sino también otros pasivos vinculados a la actividad agrícola, entre ellos las CPR (Notas de Producto Rural), deudas con cooperativas, proveedores de insumos y productores de cereales.

Las operaciones cubiertas son aquellas contratadas hasta el 31 de diciembre de 2025, siendo también elegibles las cuotas de inversión vencidas o vencidas hasta diciembre de 2028.

Las tasas de interés varían según el tamaño del productor: 3,5% anual para los beneficiarios del Pronaf (Programa Nacional de Fortalecimiento de la Agricultura Familiar), 5,5% para los productores incluidos en el Pronamp (Programa Nacional de Apoyo a los Medianos Productores Rurales) y 7,5% para los demás. El plazo de pago es de diez años, con un período de gracia de tres años. El tope por beneficiario es de R$ 10 millones y llega a R$ 50 millones para cooperativas y asociaciones.

¿Por qué el proyecto llegó a un punto muerto?

El principal punto muerto no es la necesidad de ayudar a los productores afectados por pérdidas relacionadas con el clima. El conflicto gira en torno a quién se beneficiará, qué deudas se podrán renegociar y, principalmente, de dónde provendrán los recursos.

En las últimas semanas, el gobierno y los senadores han intentado construir una solución negociada. Incluso el equipo económico presentó una propuesta alternativa a través de una MP (Medida Provisional).

El texto preveía una renegociación más restringida, centrada en operaciones de crédito rural convencionales, con límites más bajos para los productores, requisitos de ingreso para la renegociación y tasas de interés superiores a las aprobadas por la CAE. La propuesta tampoco incluía CPR ni deudas con cooperativas y proveedores de insumos y prohibía el uso del Fondo Social.

La propuesta no avanzó. Senadores vinculados al agronegocio decidieron mantener el informe aprobado por la CAE, que preservaba la columna vertebral de la propuesta y ampliaba significativamente el universo de deudas sujetas a renegociación.

Además del gobierno, el proyecto comenzó a enfrentar cuestionamientos del sector financiero. En una nota técnica enviada al Senado y obtenida por CNN, Febraban (Federación Brasileña de Bancos) y FIN (Confederación Nacional de Instituciones Financieras) afirman que “la amplitud del texto aprobado exige atención en términos de su impacto en el funcionamiento del crédito rural, la previsibilidad de las políticas de financiamiento del sector, la asignación de recursos públicos, la seguridad jurídica de los contratos y los incentivos económicos generados por la medida”.

Las entidades señalan además que el proyecto reúne “pasivos de diferente naturaleza, origen, plazo y perfil de riesgo” en un mismo régimen de renegociación, ampliando el universo potencial de deudas que podrían clasificarse.

¿Dónde está el mayor punto de divergencia?

El uso del Fondo Social del Presal sigue siendo uno de los principales puntos de conflicto.

El fondo fue creado para recibir ingresos vinculados a la exploración petrolera y tiene destinos específicos previstos por la ley. Desde el inicio de las negociaciones, el equipo económico se ha resistido a utilizar estos recursos para financiar una amplia renegociación de las deudas rurales, alegando un impacto fiscal relevante.

Para los parlamentarios agrícolas, sin embargo, el Fondo Social es una de las pocas fuentes capaces de dar escala al programa.

Todavía hay una segunda capa de divergencia. El gobierno y el sector financiero evalúan que renegociación muy completa podrán incluir productores que estén al corriente de sus obligaciones.

En la evaluación de Febraban y FIN, la inclusión de operaciones ejecutadas contratadas hasta finales de 2025 amplía el alcance del programa más allá de situaciones de dificultad financiera efectivamente comprobadas. Las entidades también alertan de posibles impactos en la oferta futura de crédito rural.

Otro punto planteado por los bancos es la suspensión de cobros judiciales, ejecuciones e inscripciones en registros negativos durante la vigencia del programa. En la evaluación de las entidades, la medida exige cuidado para evitar incentivos al incumplimiento.

Por otro lado, los partidarios del proyecto afirman que los problemas que enfrentan los productores son el resultado de una secuencia de eventos climáticos extremos y dificultades económicas que requieren una solución más amplia.

Para Pedro Ludovico, socio de Bento Muniz Lobo Ludovico Advocacia, la aprobación de la propuesta por parte de CAE representa “un hito relevante para el desarrollo continuo del agronegocio brasileño”.

Según él, el texto crea parámetros legales para la renegociación de la deuda y reduce la dependencia de las negociaciones individuales entre productores y acreedores.

“La regularización de los contratos provisionados o contabilizados a pérdida por las instituciones acreedoras limpia el balance del sistema financiero rural, desbloquea el acceso a nuevas operaciones y reintegra al mercado de crédito a los productores que estaban, en la práctica, excluidos”, afirmó.

Ludovico también evalúa que la exigencia de informes periódicos sobre los resultados del programa puede contribuir al seguimiento de los impactos fiscales de la medida.

Pedro Salles, socio de Salles Nogueira Advogados y miembro de la Comisión de Derecho de Agronegocios del IBRADEMP (Instituto Brasileño de Derecho Empresarial), afirma que la propuesta llega en un momento de fuerte presión sobre la actividad agrícola.

“Los productores rurales tienen, además de todos los desafíos económicos, otra espina clavada: los eventos climáticos que impactan directamente la producción y/o la productividad”, afirmó.

Para él, la aprobación del texto por parte del CAE señala que el Congreso busca ofrecer una respuesta al aumento de la deuda en el campo. “En ese escenario, el Senado Federal aprueba normas que ayudan a los productores, demostrando que Brasil realmente se preocupa por el agronegocio”, afirmó.

¿El proyecto beneficia sólo a los productores de Rio Grande do Sul?

No.

Aunque la discusión tomó fuerza después de la inundaciones que azotaron Rio Grande do Sul En 2024, el informe aprobado por el Senado establece criterios que pueden llegar a productores de diferentes regiones del país.

Los requisitos incluyen prueba de pérdidas de cultivos, ingresos reducidos, antecedentes de fenómenos climáticos extremos y dificultades financieras relacionadas con la actividad agrícola.

El texto también prevé normas específicas para los productores ubicados en la zona de actuación de la Sudene (Superintendencia de Desarrollo del Nordeste), con un período de análisis retroactivo a 2012.

¿Qué pasa ahora?

Tras la aprobación por parte de la CAE a finales de mayo, el proyecto espera análisis por parte del pleno del Senado.

Se espera que la votación tenga lugar el 10 de junio, aunque las negociaciones entre el Gobierno, el Congreso y los representantes del sector financiero continuarán hasta entonces.

Mientras tanto, el equipo económico continúa evaluando alternativas para reducir el impacto fiscal de la propuesta. Posibles ajustes al texto, nuevos entendimientos sobre las fuentes de recursos e incluso futuros vetos presidenciales siguen entre las posibilidades en discusión.

El resultado de la disputa debería definir no sólo el tamaño de la ayuda a los productores endeudados, sino también los límites al uso de recursos públicos en los programas de renegociación de la deuda y los impactos en el mercado de crédito rural en los próximos años.

Maira Alfaro

Maira Alfaro se desempeña como editora con formación en periodismo adquirida en la Universidad Nacional de Rosario, Argentina. Destaca por su mirada precisa, sensibilidad narrativa y capacidad para abordar la actualidad con equilibrio, contexto y atención a los detalles relevantes.

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