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‘Él lo sabía todo’: las raíces rosarinas de Lionel Messi

A los 12 años, Lionel Messi puso fin a la carrera de su primer entrenador Enrique Domínguez. En 1999, el entrenador decidió renunciar al club de chicos Malvinas Argentinas de Rosario porque “ya había entrenado al mejor jugador del mundo”.

Si buscas “Estado de Israel 525, Rosario, Argentina” en Google Maps, suena la respuesta: “Lugar de nacimiento de Leo Messi”.

En Argentina hay homenajes por todas partes al astro, que a sus 38 años busca batir nuevos récords participando en su sexto Mundial.

El lugar de nacimiento de Messi es una calle sin pavimentar en un barrio obrero ubicado en el sur de Rosario, una ciudad portuaria a orillas del río Paraná, la enorme vía fluvial segunda después del Amazonas en América del Sur.

Allí vivía la familia Messi cuando el 24 de junio de 1987 nació el tercero de cuatro hermanos. Hoy, es el abanderado de Argentina y lidera a la nación mientras defiende su título en la Copa Mundial 2026, que se llevará a cabo entre el 11 de junio y el 19 de julio en Estados Unidos, Canadá y México.

La primera casa de Messi, hoy una vivienda deshabitada, es una especie de santuario pagano. En la reja metálica de la entrada cuelga una bandera colombiana que resalta el atractivo internacional del ídolo argentino. “Leo, tu grandeza trasciende fronteras, gracias por tanto fútbol y magia. Atentamente, un colombiano agradecido”, se lee.

A unos metros y un par de casas es donde nació Walter Barrera, amigo de la infancia de Leo. Se conocen desde la cuna.

Barrera, de 39 años, dice que siempre ha estado claro que el destino de Messi era el fútbol.

“Desde que era niño sabíamos que iba a jugar en algún lugar, era un animal. Lo veías jugar cuando era niño y decías ‘paráaa‘ (“espera”)”, relata Walter.

‘Traviesa pero saludable’

El amigo de aventuras de la infancia de Leo recuerda cómo probaron diferentes deportes en la calle: rugby, béisbol, fútbol-tenis. Y también cómo, en ocasiones, llegaban a enfurecer a la guarnición militar local en su afán por llegar a la escuela.

“Cortamos el alambre de púas del Batallón 121 para cruzar por su terreno como atajo a la escuela, [and were] perseguidos por un soldado de guardia”, recuerda Walter entre risas. “Éramos bastante traviesos, pero de forma saludable”.

Andrea Sosa es hoy maestra jubilada pero en 1997 enseñó matemáticas a quinto y sexto grado en la escuela General Las Heras, a pocas cuadras de la casa de los Messi.

Recuerda que a Lionel “le gustaba salir corriendo a los descansos para jugar con cualquier pelota, una pelota armada con papel, calcetines, tapones de refresco”.

“La Pulga”, la Pulga, como lo llamaban de niño, por su pequeño físico, siempre se destacó por su velocidad y habilidad.

Quienes le vieron jugar con ocho años juran que era el mismo que cuando el mundo lo descubrió después en el Barcelona.

En la memoria de Domínguez, su primer entrenador, “lo que hace Leo hoy en un partido de Primera o en un Mundial es lo mismo que hacía cuando tenía 12 años”.

‘Él lo sabía todo’

Tras iniciarse en el club Abanderado Grandoli, Messi probó suerte en Malvinas Argentinas, la categoría sub-12 ligada al gigante local Newell’s Old Boys, del que es hincha.

“Empezamos en 1999 con Leo… para mí fue un regalo del cielo”, recuerda Domínguez, de 72 años.

“Una vez me preguntaron: ‘¿Qué reconoces de lo que le enseñaste cuando ves jugar a Leo?’ Nada, porque no pude enseñarle nada, ¡él lo sabía todo!”.

Cuando dejó de entrenarlo ese mismo año, Domínguez cuenta que comunicó su renuncia al coordinador del club: “Cuando dije que era el mejor jugador del mundo me quedé corto; para mí es el mejor jugador de la historia”.

A finales del siglo pasado, las finanzas de la familia Messi no estaban en la mejor forma.

Adrián Coria fue el entrenador de Leo cuando el jugador ascendió a Newell’s. Posteriormente volvería a reencontrarse con el astro en Barcelona y con la selección argentina, trabajando como asistente de Gerardo ‘Tata’ Martino.

Coria recuerda que Jorge Messi, padre del jugador, hizo un gran esfuerzo para que Leo estuviera siempre en los entrenamientos.

Tenían “un Renault 12 [car]”, que estaba hecho pedazos” y en ocasiones decía que no sabía si volvería al día siguiente “porque no tenía dinero para la gasolina”, recuerda Coria.

Jorge había perdido su trabajo y con él su cobertura médica, cuando se detectó en su hijo un problema de crecimiento que requería un costoso tratamiento.

“En ese momento Leo iba 40 centímetros y 15 kilos por detrás del resto de sus compañeros. ¿Sabes lo que es eso para un jugador? Terrible”, recuerda Coria.

Pero él ya “sabía lo que quería en la vida, quería ser futbolista, quería ser el mejor”.

Con la promesa de que le ayudarían a resolver sus problemas de crecimiento y financiar su tratamiento, Messi dejó Newell’s y se mudó a España, uniéndose al gigante catalán Barcelona en 2000, con sólo 13 años.

Lo demás es historia.

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por Luciano Couso,

Jorge Santoro

Jorge Santoro lidera el equipo editorial con formación en comunicación obtenida en la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina. Se caracteriza por un criterio propio, atención al detalle y una mirada crítica que aporta profundidad y coherencia a cada contenido publicado.

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