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“Una bomba para la salud”… ¿Cómo podemos reducir la contaminación por cadmio, este veneno omnipresente en nuestros platos?

Es un metal pesado como el mercurio o el plomo. Una sustancia peligrosa reconocida como carcinógena, mutágena y tóxica que puede provocar daños renales o óseos, trastornos del desarrollo neurológico o incluso cánceres de páncreas, intestino y vejiga. En resumen: el cadmio es un verdadero veneno. Un contaminante invisible e insípido que es difícil de evitar porque está muy presente en nuestra vida diaria.

Se encuentra en el suelo, el aire, el agua y los alimentos que comemos. Si el cadmio está presente de forma natural en nuestro medio ambiente, su concentración se ve favorecida por actividades humanas como la agricultura o la industria. Desde hace varios años, científicos y profesionales de la salud vienen advirtiendo sobre sus peligros. Porque la contaminación es masiva en Francia: el 47% de los adultos y casi uno de cada cinco niños superan el umbral crítico de concentración. Esto es de tres a cuatro veces más que nuestros vecinos europeos.

Los alimentos como principal fuente de exposición.

Una “bomba sanitaria” cuyos riesgos nos cuesta comprender. “Si se mantienen los niveles de exposición actuales y no se toman medidas, es probable que se produzcan efectos nocivos a largo plazo para una parte cada vez mayor de la población, por lo que es urgente actuar”, advierte Géraldine Carne, coordinadora de conocimientos de la Agencia Nacional de Seguridad Sanitaria. En un estudio anterior, la ANSES destacó que los alimentos eran, con diferencia, la principal fuente de exposición al cadmio, aunque los fumadores también están expuestos a través de la inhalación del humo del tabaco.

La ANSES recomienda, en particular, comer más legumbres en lugar de arroz o pasta porque están “mucho menos contaminadas con cadmio que los cereales”.– SEAN GALLUP / Getty Images vía AFP

Se encuentran trazas de este contaminante en los cereales para el desayuno, el pan, la bollería, las galletas dulces y saladas, el arroz, la pasta, las patatas y otras verduras e incluso en el chocolate. En definitiva, en casi toda nuestra alimentación, si exageramos. Todo ello a causa de la presencia masiva de cadmio en suelos agrícolas debido al uso de materiales fertilizantes, como los fertilizantes minerales fosfatados o los efluentes ganaderos.

La agricultura depende de los fertilizantes fosfatados

En su nuevo estudio publicado este miércoles, la ANSES busca esta vez llegar a la raíz del problema identificando formas de reducir la contaminación del suelo. Y de ahí los ingredientes de nuestros platos. Se trata ya de “la aplicación lo antes posible de valores límite de cadmio para los materiales fertilizantes”, advierte la ANSES. En sus recomendaciones de 2019, la agencia ya recomendaba reducir los flujos de cadmio en las parcelas agrícolas a dos gramos por hectárea al año, o 20 miligramos por kilo.

Pero siete años después, el umbral aplicado en Francia sigue siendo de 90 miligramos por kilo y de 60 miligramos según la norma europea. Lo que demuestra la dependencia de nuestra agricultura de los fertilizantes minerales fosfatados, principalmente importados de Marruecos. “Esto también afecta a la agricultura biológica, que está autorizada a utilizarlo”, subraya Géraldine Carne. Entre las alternativas, la agencia sanitaria recomienda que los agricultores “utilicen fuentes de suministro de roca fosfórica o productos derivados que contengan menos cadmio” o que utilicen “técnicas de decadmación cuando esto no sea posible”. »

Nuestro archivo de alimentos

La ANSES, que pide “una evolución de las prácticas agrícolas”, también pide que se revise el etiquetado de los fertilizantes, pidiendo que se mencione su contenido en cadmio. Hasta aquí las “acciones colectivas” que deben llevar a cabo las partes interesadas del mundo agrícola para limpiar sus suelos fuertemente contaminados.

Legumbres en lugar de pasta

Pero el consumidor también tiene su papel que desempeñar si quiere estar menos expuesto a este veneno. ¿Y cómo? En particular, reduciendo el consumo de galletas saladas y dulces, “que se encuentran entre los productos más contaminados y de bajo valor nutricional”, indica Matthieu Schuler, subdirector general del centro científico de especialización de la Anses. Para sustituir la pasta y el arroz, también se recomienda introducir en las comidas más legumbres que estén “mucho menos contaminadas que los cereales”, continúa.

Y si no puedes resistirte a un cuadrado de chocolate o una fuente de marisco, otros alimentos con altos niveles de cadmio, tampoco te estreses porque no vas a ingerir toneladas de cadmio todos los días. Y los fumadores, con o sin cadmio, ya se están envenenando. Así que la única solución es detenerlo o al menos reducirlo.

Juan Pablo Broin

Es editor jefe con formación académica en periodismo, cursada en una universidad de Buenos Aires, Argentina. Su enfoque combina rigor informativo y criterio editorial, con especial atención a la verificación de fuentes y la claridad en la narrativa.

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