Con “El Mejor Inmigrante” se anuncia el peor reality show, te lo contamos

Pesadilla televisiva. Con El mejor inmigrantelos reality shows cruzan esta vez el umbral de lo insoportable. ¿El tono de la serie? En el plató de un espectáculo, los candidatos, todos de origen extranjero, superarán pruebas, afrontarán retos y lucharán para obtener el santo grial: ¡un permiso de residencia! Los perdedores serán inmediatamente deportados al país donde nacieron.
Un permiso de residencia por ganar
Ni lo soñaste, y sin embargo… ¡lo lograron! Con El mejor inmigrantelos reality shows acaban de cruzar un punto sin retorno. A partir del 3 de julio, los espectadores presenciarán en vivo la lucha de Muna, Jamal, Tarik, Nassim y los demás candidatos en este nuevo programa. Su objetivo: evitar ser deportados al país donde nacieron y… obtener un permiso de residencia oficial muy oficial para poder permanecer en el territorio. Pero tendrán que luchar hasta la victoria…
Flashback: 24 de marzo, en el festival. Serie manía Desde Lille, una serie distópica belga recibe una gran ovación. En su primer episodio, el VPV, el partido flamenco de extrema derecha, ganó las elecciones y sin más dilación declaró la independencia de Flandes. Desde su primer discurso, el nuevo Presidente Peeters anuncia también que toda persona que no haya nacido en el territorio será expulsada sin demora a su país de origen.
“Esta historia no está basada en hechos reales”
Esta serie, cuyos dos primeros episodios presentados en Lille sorprendieron a los participantes de Séries Mania, El mejor inmigrante.
En “El mejor inmigrante”, Jamal y Muna intentan evitar la deportación.– Caviar TV
Y El mejor inmigrante (el mejor inmigrante) transmitido por Francia. TV del 3 de julio no es otro que el nombre del reality show que gira en torno a la historia imaginada por el showrunners Christiana Poppe y Raoul Groothuizen. Aquí todo es ficción. Pero una ficción en la que cada episodio comienza con un mensaje de advertencia: “Esta historia no se basa en hechos reales, sino en una realidad que se acerca demasiado a ellos”. Alusión que hacen sus creadores al ascenso de la extrema derecha en distintos países del mundo.
Telerrealidad extrema
Así, esta serie en cinco episodios de 45 minutos revela lo indecible. En primer lugar, un país totalitario en el que un partido de extrema derecha, que ha alcanzado su punto máximo en las urnas con el 51% de los votos, implementará su desastrosa política. Si las redadas orquestadas desde el primer episodio de la serie recuerdan las horas más oscuras de la historia, es imposible no tener en cuenta los recientes abusos del ICE de Trump (Servicio de Inmigración y Aduanas) con inmigrantes irregulares en Estados Unidos.
El mejor inmigrante incluso “peor”, ya que en la serie no se trata simplemente de una situación irregular sino de “anarquía” del suelo. Así, compartiremos en particular las aventuras de Muna, una joven profesora (la actriz Jennifer Heylen), y su compañero Jamal, profesor de gimnasia (Farouk Jomâa Naoui Ben Ali en la pantalla), cuyo único motivo de expulsión de Flandes es su país de nacimiento: ella, Sudán; él, Libia. Sin embargo, ambos estaban perfectamente integrados y siempre lo han estado.
Los códigos de los reality shows en exceso
Pero El mejor inmigrante muy rápidamente centra su narración en el reality show que da título a la serie y del que desvía excesivamente los más mínimos códigos. Está este presentador inflado de racismo común en sus comentarios, cuyas respuestas rezuman ignominia y presunción. Como cuando anuncia ante las cámaras que “los participantes tendrán que demostrar que son más flamencos que una carbonada” (una especialidad culinaria). O cuando proclama: “Vamos a ver qué significa ser un buen flamenco”. Incluso, cuando cuestiona en directo a un candidato que ha cambiado de look para el programa: “¿Te afeitaste la barba de terrorista?”.
Nathan, presentador del reality show “The Best Immigrant”.– Caviar TV
También está en la dirección esta productora cuyo grado de inhumanidad evoluciona con el de sus (excelentes) públicos, dispuesta a todo para completar el espectáculo. O incluso esta voz en off que ataca a un candidato perdedor, que evacuó a Manu Militari del plató después de haber suspendido una prueba: “¡Se lo estaba tomando con calma a costa del Estado, pero se acabó la siesta, va a regresar a Ghana”!
Y detrás de los candidatos están los hombres y mujeres. Además de Muna y Jamal, El mejor inmigrante presenta personas de distintos orígenes que, en su mayoría, están asentadas, reconocidas, aportan a la vida económica de su país donde, para algunos, formaron su familia. También entre estas personas sin problemas se encuentran refugiados políticos que huyeron de su país de origen para intentar escapar de lo peor. Pero quizás lo peor también esté aquí, en el corazón de estos juegos de circo político-televisivo que inspiran el más profundo disgusto.
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Misión cumplida, por tanto, para El mejor inmigrante cuya historia puede recordar la película El precio del peligro de Yves Boisset (firmado en 1983, descubrimos un concurso despiadado en el que un candidato es perseguido por sicarios) y, más recientemente también, las series El juego del calamar o Black Mirror. Porque esta distopía presiona el botón Advertencia. Llevando su historia sin matices hacia las cimas de la crueldad pero también de la caricatura más ácida, la serie apunta obviamente al oportunismo cínico de los reality shows.
Pero, al escribir lo más cerca posible de un contexto político que resuena internacionalmente, El mejor inmigrantevilipendia ante todo la banalización de la mirada. A través de él, es la progresiva deshumanización del extranjero lo que se pone en el índice, lo que, disimuladamente, hace que poco a poco se cierren los ojos. No lo ocultemos, con su racismo erigido como valor, El mejor inmigrante hace más que desafiar: esta crónica del odio hacia los demás comunes y corrientes en forma de panfleto humanista es sumamente inquietante. Su objetivo está logrado.

