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Las cooperativas avanzan y rediseñan el financiamiento agrícola brasileño

Si durante décadas la credito rural Aunque se concentraba principalmente en recursos públicos, hoy las cooperativas de crédito ocupan un espacio cada vez mayor en el financiamiento rural. En diez años, la participación de estas instituciones prácticamente se duplicó: pasó del 13% al 25% de las operaciones de crédito rural en el paíssegún datos del Sicor (Sistema de Operaciones de Crédito Rural y Proagro), del Banco Central, consolidados hasta abril de 2026.

El crecimiento se produce en un momento de Presión sobre el presupuesto destinado a igualar intereses en el Plan Safra. Al mismo tiempo que los recursos subsidiados perdieron su participación relativa en el financiamiento agrícola, aumentó la necesidad de buscar dinero en el mercado privado para mantener el ritmo de las inversiones internas.

En este escenario, las cooperativas dejan de ser sólo una alternativa de financiación y pasan a ocupar una posición estratégica dentro del SNF (Sistema Nacional de Desarrollo).

Además de ampliar la concesión de crédito, entidades del sector defienden una mayor participación de estas instituciones en la política agraria y en el presupuesto asignado al Plan Safra.

Para el ex ministro de Agricultura y profesor emérito de la FGV (Fundação Getúlio Vargas), Roberto Rodrigues, este crecimiento es consecuencia de una característica que acompaña al cooperativismo desde sus inicios: permitir a los pequeños y medianos productores alcanzar una escala que difícilmente podrían alcanzar solos.

“El cooperativismo se ha convertido en un instrumento de inclusión socioeconómica, especialmente en la agricultura. El pequeño productor, por sí solo, nunca tendrá escala. No puede tener un almacén, un agrónomo, un abogado o un contador. Esto lo hace en la cooperativa con sus pares. El cooperativismo se ha convertido en el gran instrumento de inclusión, para incluir a quienes, de otra manera, estarían completamente aislados del mercado”, afirmó.

En opinión de Rodrigues, el cooperativismo ya no desempeña un papel secundario en la financiación rural.

“Hoy en día, las cooperativas operan con mucha fuerza, especialmente en el crédito rural. Ya representan más de una cuarta parte de este mercado”, afirmó.

Los números confirman esta transformación.

En 2015, las cooperativas representaron el 13% de las operaciones de crédito rural en el país. En 2025 pasaron a representar el 25% del total, según datos de Sicor.

La participación creció aún más rápido entre los medianos productores. Nodo Pronamp (Programa Nacional de Apoyo a Medianos Productores Rurales)las cooperativas pasaron del 21% de las operaciones contratadas en 2015 al 50% en 2025.

Donde se fue el banco, entró la cooperativa

La expansión de las cooperativas no se produjo sólo en el volumen de recursos prestados. También cambió el mapa de servicios financieros que se ofrecen en el interior del país.

Datos del SNCC (Panorama del Sistema Nacional de Crédito Cooperativo), difundido por el Banco Central, muestran que las cooperativas ya están presentes en el 58% de los municipios brasileños. En 469 ciudades, representan la única institución financiera con servicio presencial.

En los últimos tres años, el número de municipios atendidos exclusivamente por cooperativas aumentó de 331, en diciembre de 2022, a 628 a finales de 2025.

Fue precisamente esta presencia en el interior la que cambió la rutina del ganadero Walmir dos Santosde Barreiras (BA).

Durante años intentó financiar la propiedad a través de bancos tradicionales, pero dice que la burocracia dificultaba el acceso al crédito a los pequeños productores.

“El crédito antes era difícil porque los bancos no querían atender a quienes tenían un área pequeña como nosotros. En el Banco do Brasil había esa burocracia, necesitaban un garante. En el Banco do Nordeste se asociaron, uno era garante del otro. Yo pagaba y, si el otro no pagaba, el banco seguía sucio”, señaló.

La situación empezó a cambiar cuando decidió hacerse socio de la cooperativa.

“Cuando entré en Sicredi, las cosas mejoraron mucho para mí. El banco me conoció a través de los movimientos de la cuenta. Cumplí los requisitos y se abrieron las puertas del banco. La caja fuerte también”, destacó.

Con acceso al crédito, amplió sus inversiones y su rebaño.

“Hoy tengo más de noventa cabezas de ganado. Ya vendí mucho ganado gordo y el gerente incluso dijo que mi movimiento era demasiado grande para el Pronaf y que me pasaría al Pronamp”, destacó Walmir.

Además del financiamiento, afirma que participar del excedente de la cooperativa ayuda a mantener las inversiones.

“Las sobras llegan todos los años. Puede que no sea una cantidad enorme, pero ayuda. Cuanto más nos movemos, mayor es la participación”, afirmó.

Para él, el principal cambio fue lo que representaba el crédito para el crecimiento de la propiedad.

“Me siento valorado. Hoy tengo un tractor financiado, renuevo las máquinas y sigo invirtiendo. El banco me dio confianza y respondí pagando. Volveré a tomar crédito y pretendo seguir creciendo”, afirmó.

La historia de Walmir ayuda a explicar una de las principales características de las cooperativas de crédito: ampliar el acceso al financiamiento para productores de diferentes tamaños, especialmente en regiones donde la presencia del sistema financiero tradicional es menor.

En el Oeste de Bahía, una de las regiones agrícolas más dinámicas del país, este crecimiento acompañó la expansión de la producción de cereales.

Para el director regional de Sicredi, Giego Scholz, la proximidad a los productores es uno de los factores que explica este avance. Según él, esta proximidad se manifiesta también en forma de servicio.

“Hoy atendemos a todos los perfiles. Tenemos un gerente para atender a productores del Programa Nacional de Fortalecimiento de la Agricultura Familiar (Pronaf), otro del Programa Nacional de Apoyo a los Medianos Productores Rurales (Pronamp) y también equipos enfocados a grandes productores”, destacó.

En su valoración, el modelo cooperativo va más allá de otorgar crédito y ayudar al desarrollo regional en lugares donde los bancos no pueden llegar.

“El cooperativismo ha sido una herramienta sumamente importante para el desarrollo de las localidades. Contribuimos ofreciendo productos y servicios que ayudan a generar ingresos y mejorar la calidad de vida de los socios”, señaló.

*Del crédito tradicional al mercado de capitales*

El avance del cooperativismo no se dio sólo en la oferta de crédito subsidiado. A medida que los recursos públicos perdieron su participación en el financiamiento de los agronegocios, las cooperativas también comenzaron a buscar dinero en el mercado financiero para ampliar su capacidad de préstamo a los productores.

Uno de los principales ejemplos es el crecimiento en la emisión de Cartas de Crédito Agronegocios (LCA). Según datos del Banco Central (BC), el stock de estos bonos emitidos por el sistema cooperativo aumentó de R$ 8,5 mil millones en 2020 a R$ 77,3 mil millones en 2024, un crecimiento de más del 800% en cuatro años.

Además de las ACV, las cooperativas ampliaron sus operaciones con Certificados de Producto Rural (CPR), transferencias del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES), líneas en moneda extranjera y otros tipos de financiación.

Esta diversificación va acompañada de un cambio en el propio perfil del productor rural.

En el Oeste de Bahía, el agricultor Rafael D’Agostini, que cultiva alrededor de 2.200 hectáreas de soja en una propiedad de aproximadamente 3.800 hectáreas, afirma que hoy el financiamiento de la producción combina diferentes fuentes de recursos.

Según él, además del crédito rural tradicional, la finca utiliza instrumentos privados para viabilizar las inversiones.

“Hay operaciones vía CPR, líneas de crédito y hasta recursos internacionales. Hoy el productor puede combinar diferentes alternativas para financiar la producción. La cooperativa tiene en cuenta las inversiones que estamos haciendo. Tenemos proyectos de ampliación, construcción de silos, instalación de pivotes, y vemos una mayor sensibilidad para entender esa planificación”, destacó.

Otro factor destacado por el productor es el retorno financiero que brinda el modelo cooperativo.

“Además del crédito, hay participación en excedentes y capital social. Puede que no sea una cantidad muy grande, pero llega todos los años y ayuda a seguir invirtiendo”, dijo.

Crecimiento estructural

El fortalecimiento de las cooperativas también aparece en los indicadores consolidados del sector.

Un estudio de la ABDE (Asociación Brasileña de Desarrollo), basado en BureauCoop, muestra que los cuatro grandes sistemas cooperativos asociados – Sicredi, Sicoob, Cresol y Ailos – han multiplicado el tamaño de sus operaciones en la última década.

Los activos totales pasaron de R$ 109,3 mil millones en el cuarto trimestre de 2015 a R$ 857,1 mil millones en el cuarto trimestre de 2025.

En el mismo período, la cartera de crédito creció de R$ 64,1 mil millones para R$ 528,9 mil millones.

Los depósitos aumentaron de R$ 61,3 mil millones a R$ 556 mil millones.

Los puntos de atención aumentaron de 739 a 9.531 unidades repartidas en todo el país.

En evaluación de ABDE, este crecimiento amplió la capacidad de las cooperativas para financiar actividades productivas, promover la inclusión financiera y fortalecer las economías regionales, especialmente en municipios donde hay poca presencia del sistema bancario tradicional.

El reto ahora es crecer junto al Plan Safra

En vísperas del anuncio del Plan Cosecha 2026/27, previsto para este martes (30), representantes del cooperativismo sostienen que este avance debería reflejarse también en la política agrícola.

El sector exige mayor espacio en la distribución de recursos equiparados y una participación cada vez mayor en la ejecución del programa, en momentos en que el financiamiento privado está ganando importancia para sostener el crecimiento del agronegocio brasileño.

En la práctica, la expansión de las cooperativas muestra que el financiamiento rural está experimentando una transformación estructural.

El crédito subsidiado sigue siendo uno de los pilares del Plan Safra, pero el papel protagónico de las cooperativas, el mercado de capitales y los instrumentos privados indica que el futuro de la financiación rural dependerá cada vez más de la combinación de recursos públicos y privados.

Un cambio que va más allá del crédito

Para Roberto Rodrigues, el crecimiento de las cooperativas no representa sólo un cambio en la forma de financiar la producción.

Según él, se trata de una transformación en la organización del propio agronegocio brasileño.

“El cooperativismo permitió a productores que de otro modo estarían aislados comenzar a competir en igualdad de condiciones. Pueden comprar mejor, vender mejor, acceder a asistencia técnica y crédito. Es un instrumento de desarrollo”, afirmó.

En evaluación del ex ministro, el fortalecimiento de las cooperativas también sigue una tendencia global, que “crece porque genera eficiencia económica, sin perder el compromiso con la comunidad donde opera”

Maira Alfaro

Maira Alfaro se desempeña como editora con formación en periodismo adquirida en la Universidad Nacional de Rosario, Argentina. Destaca por su mirada precisa, sensibilidad narrativa y capacidad para abordar la actualidad con equilibrio, contexto y atención a los detalles relevantes.

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