Prurito, edema, conjuntivitis… Las orugas procesionarias del roble o del pino no son tus amigas

Entre febrero y finales del verano, cientos de miles de pequeñas criaturas peludas invaden bosques, parques y jardines de toda Francia. Si estas criaturas no tienen ni las ganas ni la posibilidad de devorarnos vivos, sí tienen el poder de causarnos muchos problemas de salud, o incluso matarnos. Estos insectos son orugas procesionarias. Y tanto si les gustan los pinos como los robles, hay que tenerles cuidado como a la peste.
Una columna de orugas procesionarias a lo largo de un muro bajo en una plaza parisina.– Xavier Francolón/SIPA
Generalmente siempre nos han dicho que no toquemos las orugas porque pican. Pero si este dicho no es necesariamente cierto, al menos tiene el mérito de protegernos contra los inconvenientes que causan las orugas procesionarias. “No podemos decir que estos insectos piquen, pero tienen pelos urticantes cuya gravedad depende de cada persona”, explica la entomóloga Léna Polin.
Del picor al shock anafiláctico
El contacto con una oruga procesionaria será más problemático para niños, ancianos o personas que padecen determinadas patologías. La toxina presente en el cabello provoca “síntomas inflamatorios”, como “picazón intensa e incluso edema”, advierte la Agencia Regional de Salud (ARS) de Auvernia-Ródano-Alpes. En caso de contacto con los ojos, puede ser mucho más grave, desde una desagradable conjuntivitis hasta un “daño corneal”. La ingestión de pelos urticantes provoca “hipersalivación, vómitos y dolor abdominal”. El ARS enfatiza que existen reacciones extremas a la toxina, como “shocks anafilácticos” que pueden poner en peligro la vida.
Sólo hay dos especies de orugas procesionarias monitoreadas por el riesgo que representan para la salud humana y animal. “Hay quienes se encuentran principalmente en pinos y cedros y quienes prefieren los robles”, continúa el entomólogo. Los primeros se desarrollan principalmente entre febrero y abril y los segundos entre mayo y julio. Su nombre “procesionarias” proviene de que se desplazan en procesión sobre el árbol para alimentarse o hacer su nido en las ramas. Cuando llegue el momento de la pupa, etapa durante la cual las orugas se transforman en mariposas, las procesionarias del pino bajarán del árbol para enterrarse mientras las del roble se refugiarán en su nido, explica el Observatorio de la Oruga Procesionaria (Fredon).
Una presencia probada en toda Francia
“Una vez transformados en mariposas, estos insectos ya no pican”, asegura Léna Polin. Es cuando están en estado larvario cuando hay que tener cuidado. “Si no las molestamos no hay ningún riesgo real, pero el viento también puede llevarse los pelos urticantes y esto es más problemático si el nido está cerca de casas o cerca de una residencia de ancianos por ejemplo”, reconoce el especialista. Para protegerse, lo mejor es “no manipular las orugas ni sus nidos”, insiste Fredon, y “evitar frecuentar zonas infestadas, especialmente durante los períodos de riesgo”. La presencia de estos insectos también se puede informar al Observatorio de la Oruga Procesionaria. “Es esta organización la que decidirá si interviene en función del riesgo y del medio ambiente”, explica Léna Polin.
Nuestro dossier temático sobre insectos.
En cualquier caso, si históricamente estos insectos se encuentran más a gusto en el sur de Francia, “hoy los encontramos en todas partes”, subraya el entomólogo. “Incluso cada vez más en la zona norte del país, sin duda en parte debido al calentamiento global”, asegura el especialista en insectos. Ella no considera esta especie “plaga”, al menos no de manera general. “Las orugas procesionarias tienen depredadores, como pájaros, avispas, murciélagos e incluso erizos. Son útiles para su cadena alimentaria”, insiste Léna Polin. Pero es la proliferación de estas orugas la que puede ser perjudicial para la salud humana y animal. Una proliferación debida principalmente a la disminución de la población, o incluso a la desaparición, de las especies que suelen convertirlo en su refrigerio.

