La representación indígena va más allá de los candidatos electos, dice cineasta

En su último documental: Mi tierra extranjera –, el cineasta João Moreira Salles regresa, una vez más, utilizando su cámara para observar las elecciones en Brasil. Ahora, sin embargo, esta cámara ya no es la misma que la de su anterior documental político – Entreatos. Además de dejar de ser un mero espectador, sólo observar lo que sucede frente a ella, la cámara ya no está sola.
para filmar Mi tierra extranjerauna de las atracciones del festival Bonito Cinesur, que se extiende hasta el sábado (8/1), Salles invitó a Louise Botkay y al Colectivo Lakapoy a acompañar al líder indígena Almir Suruí y su hija, durante las elecciones de 2022. Y el resultado, según el propio director, fue “fascinante”.
Su idea inicial era hacer una película centrada en Txai, pero la candidatura de su padre a un cargo de diputado federal cambió la perspectiva.
“Mi tierra extranjera cuenta muchas historias y un tema importante en la película es la representación indígena en el Congreso. Desde entonces ha habido avances y sé que el número de candidatos ha aumentado mucho”, dijo Louise Botkay, en una entrevista concedida antes de la proyección de la película en el festival.
Esta representación, sin embargo, es aún pequeña, reconocen los directivos. De los 50 indígenas que se postularon en 2022, por ejemplo, solo cinco fueron elegidos para un cargo de diputado federal.
Pero uno de los aspectos que el documental pretende resaltar, refuerza Salles, es que esta representación no se produce sólo a raíz de una elección.
“Hay una nueva generación de activistas indígenas que tienen una fuerza muy fuerte. Uno de los personajes de la película, Txai, lo representa muy bien. Hay un movimiento de toda una generación de indígenas que ya no quieren estar representados, que quieren ser representantes”.
Colaboración
Para mostrar esta dualidad y también la complicidad entre padre e hija, el rodaje de Mi tierra extranjera estaba todo dividido.
El Colectivo Lakapoy –compuesto principalmente por cineastas indígenas– y Louise Botkay filmaron a Almir durante su campaña electoral.
Salles apuntó su cámara al joven txai, liderando protestas o preparándose para hablar en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26), celebrada en 2021.
Luego, en el proceso de edición, estas imágenes de padre e hija se cruzaron, intercalaron e incluso rompieron la linealidad común en los documentales políticos.
“Para mí fue extraordinario entender dónde está la colaboración. [com os cineastas indígenas]. La verdadera colaboración se manifestó en el momento de la asamblea. La película es lo que es gracias a una discusión sobre lo que debe ser y cómo debe estructurarse”, destacó.
Y en esas discusiones sobre cómo debía terminarse la película, según el cineasta, siempre prevaleció la perspectiva indígena. “Ella es más poderosa políticamente”.
Al presentar la primera versión, los indígenas cuestionaron que el documental terminara con una victoria cuando, en realidad, la experiencia indígena que conocen en Brasil está más asociada a la derrota.
“Entonces, la película se recompuso a partir de una comprensión diferente de cómo pasa el tiempo. Nuestro tiempo tiende a ser lineal, es una flecha del tiempo. El tiempo indígena es de otra naturaleza, es un poco circular”, explicó Salles.
Con ello, la película acabó rompiendo con la forma tradicional de hacer cine, prefiriendo un modelo en forma de espiral, con muchos avances, repeticiones y retrocesos.
“No se me pasó por la cabeza que, en una película sobre una campaña electoral y sobre un proceso eminentemente analógico, sería posible hacer algo diferente que no estuviera a la altura de los tiempos. [linear]. Esto me acercó a la cosmovisión indígena”.
*El reportero viajó por invitación de Bonito CineSur


