Francia rinde homenaje solemne al padre Hamel diez años después de su asesinato

Un fuerte mensaje de fraternidad para contrarrestar el odio. Una década después de la tragedia, Francia rindió el domingo un conmovedor homenaje al padre Jacques Hamel durante una ceremonia organizada en Saint-Étienne-du-Rouvray, en presencia del ex presidente François Hollande y del primer ministro Sébastien Lecornu.
Fue el 26 de julio de 2016 cuando el religioso fue asesinado fríamente mientras celebraba una misa en la iglesia de esta localidad de Sena Marítimo. La muerte en un atentado de este clérigo, conocido por su compromiso con el diálogo entre religiones, marcó profundamente al país.
Un drama grabado en la memoria
Los dos jóvenes atacantes, que afirmaron ser del grupo Estado Islámico (EI), también hirieron gravemente a otra persona, en momentos en que Francia era azotada por una ola de ataques terroristas. Adel Kermiche y Abdel-Malik Petitjean, ambos de 19 años, fueron asesinados a tiros por la policía.
“No olvidamos al Padre Jacques Hamel […]”Frente al terrorismo islamista, Francia permanece unida”, añadió.
Su primer ministro, Sébastien Lecornu, presente en Saint-Etienne-du-Rouvray, insistió en este mismo mensaje. “La fraternidad significa saber nombrar el mal, mirarlo a la cara y combatirlo, sin caer jamás en la venganza o en la división”, afirmó en un discurso leído por el prefecto de Normandía y Sena Marítimo, Jean-Benoît Albertini, el primer ministro que sufre pérdida de voz. Este valor “no desarma al Estado” sino que “lo fortalece”, afirmó.
Una masa bajo alta seguridad
Estaban presentes François Hollande, presidente en el momento del ataque, así como el ex Ministro del Interior Bernard Cazeneuve y el alcalde de Le Havre Edouard Philippe. En la iglesia donde fue asesinado el padre Hamel, alrededor de la cual se había desplegado un gran sistema de seguridad, tuvo lugar una misa presidida por el presidente de la Conferencia Episcopal de Francia, el cardenal Jean-Marc Aveline.
Jacques Hamel nunca se había jubilado. Nacido en Darnétal, cerca de Rouen, en 1930, ordenado sacerdote en 1958, siguió siendo sacerdote auxiliar en esta ciudad obrera de poco menos de 30.000 habitantes. Sébastien Lecornu rindió homenaje a un “hombre recto” que soñaba con un mundo “más humano, más fraterno”. Estima que Saint-Étienne-du-Rouvray, después de la tragedia, siguió estas enseñanzas negándose a “vengarse”.
Unidad y causa en la beatificación
Según muchos relatos, el ataque no logró dividir a las comunidades cristiana y musulmana. Como prueba, la inesperada amistad nacida entre la hermana del sacerdote, Roseline Hamel, y la madre de uno de los dos terroristas, Nassera Kermiche, relatada en un libro escrito juntos, Sisters of Pain.
En Saint-Étienne-du-Rouvray, “hay una mezcla social, es una ciudad bonita y la gente es agradable”, explica Christelle Jego, propietaria de la cafetería-brasería “chez Mams”. “El padre Hamel y la mezquita estaban muy unidos, ya existía un vínculo entre los residentes” y el ataque “no cambió nada”, señala. Actualmente se está examinando en el Vaticano un expediente para su beatificación, presentado en 2019.

