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El calor desigual impulsa el monitoreo del clima en las favelas de Río

El verano terminó en marzo, pero las altas temperaturas reforzaron la percepción de que es necesario monitorear el impacto desigual del calor en las favelas de Río de Janeiro.

El Observatorio del Calor, instalado de manera pionera en el Complexo do Alemão, en la zona norte, realizó 710 mediciones de temperatura entre septiembre de 2025 y enero de 2026.

El pico térmico en el territorio, de 43,92 grados Celsius (ºC), se registró en Morro do Adeus el 26 de diciembre. Ese mismo día, la temperatura máxima oficial en la ciudad, medida por el Sistema de Alerta de Río, fue de 34ºC.

Ante la evidencia de esta disparidad, el ayuntamiento anunció la ampliación del proyecto a dos favelas más: Manguinhos y Salgueiro.

El primero, en una zona plana, está cerca de una de las principales vías rápidas de la ciudad, la Avenida Brasil. El segundo, al margen del Parque Nacional de Tijuca.

Vista del barrio de Tijuca desde lo alto del Morro do Salgueiro. Foto: Tânia Rêgo/Agência Brasil

islas de calor

El observatorio es un proyecto de la Municipalidad de Río que mide las islas de calor y la calidad del aire en las favelas, con la intención de proponer mejoras. La falta de árboles, la densidad de viviendas, las calles estrechas y la mala ventilación son factores que intensifican las altas temperaturas en estas localidades.

“El Observatorio nos permitirá comprender mejor estos impactos de forma localizada”, explicó la secretaria municipal de Medio Ambiente y Clima, Tainá de Paula.

La mano de obra que tomará las mediciones de temperatura será contratada dentro de la comunidad. Los datos se recopilarán tres veces al día, en diferentes puntos, una vez que el proyecto comience en la práctica.

Los registros serán analizados por expertos y deberán dar lugar a intervenciones ambientales y urbanas.

La ampliación contará con el apoyo de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ) y la Universidad Estadual de Río de Janeiro (Uerj). En la segunda fase del proyecto, los investigadores recogerán declaraciones de los habitantes sobre los efectos del calor en su vida cotidiana, explicó Giselle Arteiro, profesora de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UFRJ.

“Entendemos la importancia de escuchar a las personas que experimentan calor en su vida diaria”, explicó la docente. “Una de las premisas del proyecto es la conciencia ambiental, en un contexto de justicia climática”, destacó.

Las calles estrechas dejan poco espacio para la vegetación en Morro do Salgueiro. Foto: Tânia Rêgo/Agência Brasil

Intervenciones urbanas

Manguinhos es una comunidad densamente poblada, con pocos espacios verdes, y que viene registrando, año tras año, bajos niveles de calidad del aire, lo que puede estar relacionado con la proximidad de autopistas. La favela alguna vez tuvo el jardín urbano más grande de América Latina, en un tramo de 1 kilómetro, que ya no funciona.

Revertir estos problemas requiere cambios de comportamiento en la gestión de residuos, por ejemplo, pero también intervenciones urbanas. En términos generales, el investigador anticipó que las recomendaciones deberían incluir la plantación de árboles, la creación de áreas de sombra y más permeables al agua y espacios libres para la circulación del aire.

Según el ayuntamiento, los datos del observatorio mostrarán qué lugares son más calurosos y por qué.

“Con esto podremos planificar desde crear microcorredores verdes y plantar árboles en puntos estratégicos, hasta aprovechar mejor áreas que actualmente están vacías y podrían convertirse en espacios más frescos para vivir”, afirmó Tainá.

Soluciones comunitarias

En Morro Salgueiro, comunidad al pie de la Selva de Tijuca, la intención es, además de medir el clima, exportar soluciones de movilización comunitaria, explicó el presidente del Instituto Sal-Laje, el periodista Emerson Menezes.

“Tenemos la particularidad de estar en una zona de amortiguamiento del parque nacional, por lo que tenemos áreas boscosas, tenemos patios traseros productivos, huertas, y nuestra percepción del calor es ciertamente diferente a la de una favela más urbana y menos boscosa”, dijo Emerson.

Emerson Menezes, presidente del Instituto Sal-Laje. Foto: Tânia Rêgo/Agência Brasil

Otros problemas comunes a los habitantes de las favelas continúan, consideró, citando la falta de acceso al aire acondicionado. “No tenemos aparatos de refrigeración como los que tienen los habitantes del asfalto, y eso en verano es un problema”, ha apuntado.

Emerson también forma parte del Coletivo de Erveiras e Erveiros do Salgueiro, que mantiene un huerto en la colina y apoya a los residentes con plántulas para sus patios verdes.

“Muchas personas aquí crían pollos, cerdos, plantan pequeños huertos y árboles frutales”, dijo. “Nuestra comunidad realmente valora las plantas”.

Sal-Laje, el proyecto social de Emerson, ofrece clases de tutoría para niños y adolescentes y apoyará el nuevo observatorio del ayuntamiento. En Manguinhos, los técnicos serán del Coletivo Manguinhos Cria.

Jorge Santoro

Jorge Santoro lidera el equipo editorial con formación en comunicación obtenida en la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina. Se caracteriza por un criterio propio, atención al detalle y una mirada crítica que aporta profundidad y coherencia a cada contenido publicado.

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