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Tras dos años de debates, la adopción final está a la vista en el Parlamento

¿Es este el comienzo de una solución a un fenómeno de consumo contaminante? Este lunes, el Parlamento debería adoptar definitivamente un proyecto de ley destinado a frenar el auge de la moda rápida, encarnada por el gigante asiático Shein. Esta votación se produce dos años y medio después de la presentación de la ley, que entretanto se ha endurecido en torno a la “moda ultrarrápida”. Salgan, por tanto, las marcas europeas que también producen a gran escala.

Si bien el sector textil representa casi el 10% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, se acusa a las plataformas de inundar el mercado con productos de gama baja a precios de saldo, generando montañas de residuos y una contaminación significativa.

“Tres plataformas llevan esta ola. Sus nombres, aún desconocidos hace tres años, […] están ahora en boca de todos los franceses: son Temu, Shein y AliExpress”, declaró el ministro de Comercio, Serge Papin, durante la adopción del texto en la Asamblea Nacional la semana pasada.

Las empresas europeas y francesas se salvan

El lunes le toca al Senado votar este texto de compromiso, negociado entre las dos cámaras. Ahora apunta a la “moda ultra-exprés”, definida por dos criterios acumulativos: la amplitud de la gama, es decir, los volúmenes de prendas comercializadas, y el incentivo a la reparación (un coeficiente entre el precio del producto y lo que costaría su reparación). Los umbrales relativos al número de prendas de referencia, así como este coeficiente, se definirán mediante decreto.

El objetivo declarado del Gobierno es apuntar a las grandes plataformas asiáticas (como Shein y Temu), pero evitando a las empresas europeas y francesas (como Zara o Kiabi).

La izquierda denunció enérgicamente esta limitación del alcance de la Asamblea y se abstuvo casi por completo durante la votación. “Bajo el peso de los lobbys, la ambición inicial del texto se redujo considerablemente”, lamentó Charles Fournier (grupo ecologista). Sin embargo, “Zara, H&M, Primark, Uniqlo no se han convertido en modelos de moda sostenible”, afirmó. La coalición de asociaciones Stop Fast Fashion, que reúne en particular a Emaús, Max Havelaar y Amigos de la Tierra, denunció también “una versión muy reducida” del texto.

“El primer paso”

“Necesitábamos un texto que funcionara muy rápidamente y fuera operativo”, explicó la diputada Anne-Cécile Violland (Horizons), en el origen del texto, en respuesta a estas críticas. “Me siento cómoda diciendo, en primer lugar, que golpeamos muy fuerte a Shein, y ese es el primer paso”, añadió.

En concreto, el texto establece por un lado una sanción económica por producto, que irá aumentando con el tiempo. Una enmienda gubernamental adoptada en la Asamblea reforzó estas sanciones, que podrían llegar hasta 20 euros por pieza en 2030. Aún con un límite del 50% del precio del producto sin impuestos. Parte de estas sanciones se destinará a infraestructuras de recogida y reciclaje.

Por otro lado, el texto prevé que las empresas de moda ultrarrápida muestren en su sitio mensajes que alienten, en particular, “la sobriedad, la reutilización y la reparación”. Sobre todo, prohíbe la publicidad de estas marcas, también a través de personas influyentes.

¿Será posible prohibir la publicidad de estas marcas?

Sin embargo, existe un gran inconveniente: persiste la incertidumbre sobre la posibilidad de que esta prohibición de publicidad entre en vigor. De hecho, después de su primera aprobación en la Asamblea y el Senado, la Comisión Europea expresó reservas sobre la conformidad de determinadas medidas con el derecho europeo, en particular en materia de publicidad.

El gobierno francés respondió que se basaba en los principios derogatorios que permitían, por ejemplo, la ley Evin regular la publicidad del alcohol y del tabaco, explicó Anne-Cécile Violland. “Creemos que no estamos contraviniendo” la ley europea, insistió. Pero la Comisión podría en realidad “no estar de acuerdo” con estos argumentos, en cuyo caso “no podremos hacer cumplir” la medida, admitió.

Juan Pablo Broin

Es editor jefe con formación académica en periodismo, cursada en una universidad de Buenos Aires, Argentina. Su enfoque combina rigor informativo y criterio editorial, con especial atención a la verificación de fuentes y la claridad en la narrativa.

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