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Francia y Alemania muestran sus profundas diferencias sobre la trayectoria a seguir

La división es clara. El jueves, en Luxemburgo, los europeos mostraron profundas divergencias en la trayectoria de reducción de las emisiones de CO2 en la industria del automóvil. Por un lado, Francia defiende una línea clara, centrada en los totalmente eléctricos. Por otro lado, Alemania está presionando para que se produzcan más relajaciones. Resultado: un debate tenso entre los Estados miembros, mientras el calendario climático sigue apretado y la industria del automóvil busca visibilidad.

Impulsada por Berlín, la Comisión Europea propuso en diciembre adaptar el rumbo. Prevé abandonar la prohibición de venta de coches térmicos nuevos a partir de 2035. En cambio, los fabricantes deberían reducir sus emisiones de CO2 en un 90% respecto a 2021 y compensar el 10% restante. Un camino considerado más flexible, pero sobre el que no se llega a un consenso a estas alturas.

Berlín exige más márgenes

Alemania no se detiene ahí. Durante la reunión de ministros de Medio Ambiente, Berlín pidió más desarrollos, especialmente a favor de los híbridos enchufables. Helen Winter, diplomática de la representación alemana ante la UE, también pidió que “los vehículos que funcionan exclusivamente con combustibles renovables” puedan “contabilizarse como vehículos de cero emisiones”. Una posición que también defiende Italia, que apuesta por los biocombustibles.

Berlín también impugnó varias palancas consideradas por Bruselas. El plan de electrificar las flotas corporativas no convence. El mismo escepticismo sobre los “supercréditos” destinados a apoyar la producción de coches eléctricos pequeños y económicos en la UE antes de 2035. Alemania teme efectos distorsionadores para su industria y pide más flexibilidad.

París alza la voz por la electricidad

Frente a estas exigencias, Francia se atiene al texto de diciembre y endurece el discurso. La ministra de Transición Ecológica, Monique Barbut, advierte: “Nos opondremos a cualquier medida que conduzca a romper la señal de las inversiones en electricidad”. Para París, cualquier dilución de objetivos corre el riesgo de frenar las inversiones y confundir el mensaje enviado a los fabricantes.

El ministro también apuntó a las alternativas defendidas por Berlín. “Quiero ser muy claro: los combustibles alternativos no son equivalentes a los eléctricos. […] Estos combustibles no son cero emisiones y serán muy caros”, insistió. Sobre los híbridos enchufables, insiste: “En cuanto a los vehículos híbridos enchufables, sus emisiones reales son tres veces y media superiores a las registradas hoy”.

Negociación apretada a la vista

Francia no se opone a todo. Apoya los “supercréditos” propuestos por Bruselas para fomentar la fabricación de pequeños coches eléctricos en Europa. Pero la brecha con Alemania sigue siendo amplia. Las posiciones parecen difíciles de conciliar en este momento, mientras que las discusiones deben continuar en los próximos meses.

El Comisario Europeo del Clima, Wopke Hoekstra, nos pide que mantengamos el rumbo. Destaca las ventas “espectaculares” de coches eléctricos desde el aumento de los precios del combustible vinculado a la guerra en Oriente Medio. Para él, la señal es clara: la transición ha comenzado.

Juan Pablo Broin

Es editor jefe con formación académica en periodismo, cursada en una universidad de Buenos Aires, Argentina. Su enfoque combina rigor informativo y criterio editorial, con especial atención a la verificación de fuentes y la claridad en la narrativa.

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